✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un equipo del Reino Unido, Estados Unidos y Australia convirtió el telescopio Lovell de Jodrell Bank en receptor de radar y detectó un fragmento en órbita geoestacionaria.
- El objeto, de unos 66 centímetros, salió del satélite Intelsat 33e y gira sobre sí mismo cada 15.6 segundos.
- La técnica combina radiotelescopios con radares existentes, multiplica la sensibilidad por más de diez y no requiere construir una antena nueva.
Un equipo integrado por investigadores del Reino Unido, Estados Unidos y Australia convirtió el radiotelescopio Lovell de Jodrell Bank en receptor de radar y midió un fragmento de basura espacial de unos 66 centímetros a 36,000 kilómetros de altura. El proyecto Long Baseline Multistatic Radar (LBMR), liderado por la Universidad de Birmingham y financiado por la Agencia Espacial del Reino Unido, busca vigilar una franja donde los radares terrestres no alcanzaban.

Una órbita fuera del alcance de los radares
La órbita geoestacionaria es la franja situada a unos 36,000 kilómetros sobre el ecuador donde un satélite gira al mismo ritmo que la Tierra y por eso parece quieto sobre el mismo punto. En esa zona operan satélites de comunicaciones, meteorología y navegación que sirven a medio planeta.
Los radares que vigilan la órbita baja funcionan bien hasta unos 2,000 kilómetros. Para observar la zona geoestacionaria hace falta un transmisor enorme y, sobre todo, un receptor capaz de escuchar un eco muy débil.
Los telescopios ópticos usados para vigilar esa región distinguen objetos de más de 10 centímetros, según datos de la ESA. Eso deja fuera a los fragmentos más pequeños. Un solo impacto puede bastar para inutilizar un satélite de cientos de millones de dólares.
Una red de antenas, no una antena nueva
Los radiotelescopios captan emisiones débiles de estrellas y galaxias. El equipo aprovechó esa sensibilidad para recibir los ecos del radar.
El radar biestático es un esquema de radar que coloca el transmisor y el receptor en lugares distintos. El radar convencional emite y escucha desde el mismo sitio; el LBMR separa ambas tareas.
El transmisor fue el radar Millstone Hill del MIT Lincoln Laboratory, cerca de Boston, Massachusetts. El receptor fue el radiotelescopio Lovell, en Cheshire, con una antena de 76 metros.
Como la antena no tiene que alternar entre emitir y escuchar, el ruido del sistema baja y la sensibilidad sube. El proyecto señala que añadir radiotelescopios a los radares existentes multiplica la sensibilidad por más de diez, sin construir una antena nueva.
Los socios del proyecto se repartieron el trabajo así:
- Universidad de Birmingham: lidera el LBMR y coordina la parte de radar.
- Universidad de Manchester: aporta el Lovell y las antenas de e-MERLIN, que dan la ganancia de sensibilidad.
- MIT Lincoln Laboratory: aporta el transmisor Millstone Hill.
- Goonhilly: suma una antena de comunicaciones satelitales de 30 metros.
- CSIRO: prestó el radiotelescopio Mopra y extendió la red al hemisferio sur.
El 22 de julio, la Universidad de Manchester anunció que la técnica ya funcionaba en vivo. El radar disparó desde Massachusetts, el eco volvió a Inglaterra y el sistema procesó las detecciones en tiempo real.
El equipo mostró esas detecciones en el centro ECSAT de la Agencia Espacial Europea, en Harwell, Oxfordshire, ante asistentes de gobierno, defensa e industria. La sincronización de equipos separados por el Atlántico fue uno de los principales retos.
Marco Martorella, líder del proyecto y catedrático de Sensado de RF y Espacio en la Universidad de Birmingham, lo explicó así: “En ese momento sonaba a idea loca, porque no teníamos sincronización. Teníamos equipos a un lado del océano y otros equipos al otro lado. Pero estábamos lo bastante locos como para continuar.”
Simon Garrington, director asociado de Jodrell Bank, resumió la demostración en ese video: “nunca antes se había hecho algo así.”
El objeto era un fragmento del Intelsat 33e
El blanco tenía un origen concreto. El Intelsat 33e, un satélite de comunicaciones de 6.6 toneladas lanzado en 2016, se rompió sin aviso el 19 de octubre de 2024. La compañía lo declaró pérdida total.
Los sensores comerciales alcanzaron a catalogar unas 500 piezas observables. La Oficina de Basura Espacial de la ESA estimó que el estallido pudo generar cerca de 16,000 fragmentos de más de un centímetro, casi todos invisibles para los instrumentos actuales.
Uno de esos pedazos, del tamaño de una maleta de cabina, devolvió el eco que captó el Lovell. La observación se hizo en febrero de 2025 y el análisis se realizó después. Phoebe Ryder, estudiante de doctorado de la Universidad de Manchester, presentó los resultados en el congreso nacional de astronomía NAM2026, celebrado en Birmingham.
El radar no produjo una fotografía convencional. Cada cara del fragmento reflejó una cantidad distinta de energía mientras giraba, y esa variación se repitió cada 15.6 segundos. Al combinar matemáticamente esas vistas sucesivas, el equipo reconstruyó la forma del objeto.
La explicación del método lo resume así: “No es necesariamente una imagen… Esto se parece un poco a un escáner de tomografía computarizada.”
La prueba aún no equivale a un servicio
El resumen del trabajo presentado en NAM2026 todavía no pasa por revisión por pares. Además, la demostración probó la recepción con una sola antena.
Seguir un fragmento en tres dimensiones con varios radiotelescopios sigue siendo el siguiente paso, no un resultado ya obtenido. Las instituciones describen el trabajo como un avance hacia una capacidad operativa, no como un sistema ya en servicio.
La basura espacial también pasa por México
La distancia tiene una consecuencia concreta para México. El radar de vigilancia espacial S3TSR, instalado en la base aérea de Morón de la Frontera, es una de las aportaciones de España al consorcio europeo EU SST. Vigila órbitas bajas de 200 a 2,000 kilómetros.
Su centro de operaciones, el S3TOC, ofrece servicio anticolisión a más de 300 satélites de 30 usuarios europeos distintos. Ese sistema cubre una zona importante, pero su límite superior queda 18 veces por debajo de los 36,000 kilómetros de la órbita geoestacionaria.
El Morelos 3, del sistema MexSat, ocupa desde octubre de 2015 la posición 113 grados oeste y una altura de 36,000 kilómetros. El satélite ofrece comunicaciones móviles para agencias de seguridad nacional, alertas tempranas y apoyo en desastres.
Se encuentra en el mismo anillo por el que pasan los restos del Intelsat 33e. A esa altura no hay atmósfera que frene los objetos. Sin que alguien los retire, muchos fragmentos pueden seguir dando vueltas durante miles de años.
El financiamiento de e-MERLIN tiene fecha límite
El 22 de julio, la Universidad de Manchester presentó el Lovell y el arreglo e-MERLIN como infraestructura estratégica para proteger los satélites británicos. Simon Garrington lo dijo en el comunicado oficial: “El telescopio Lovell de 76 metros de Jodrell Bank es un receptor de radar excelente para este tipo de trabajo. Queremos aprovechar todo su potencial para contribuir al monitoreo de objetos en órbita, proteger los activos británicos en el espacio y hacer el espacio más seguro.”
El 27 de julio, cinco días después, UKRI y su consejo STFC anunciaron que no renovarán el financiamiento de e-MERLIN. El acuerdo vigente termina en marzo de 2028 y, salvo que aparezca dinero alternativo, las observaciones científicas cesarían el 1 de abril de ese año.
Medios británicos han situado ese apoyo en unos 2.8 millones de libras anuales, aunque UKRI no ha desglosado públicamente el monto. El organismo defiende la decisión como resultado de un proceso de priorización basado en evidencia.
La Universidad de Manchester confirmó la decisión y dijo que trabaja con sus socios para asegurar el futuro del Lovell y de e-MERLIN. El comunicado del 22 de julio señala que las antenas de e-MERLIN, sostenidas por el STFC, aportan flexibilidad, redundancia y la posibilidad futura de calcular órbitas en tiempo real. Esa parte del sistema se quedó sin fecha de renovación.
No se anunció el cierre de Jodrell Bank. La decisión afecta la renovación del financiamiento de e-MERLIN, mientras el acuerdo actual llega hasta marzo de 2028 y Manchester busca recursos alternativos para sostener el Lovell y la red.
El Lovell demostró que un radiotelescopio existente puede recibir el eco de un fragmento de unos 66 centímetros a 36,000 kilómetros, pero la capacidad aún debe superar la revisión por pares y probar el seguimiento en tres dimensiones con varios radiotelescopios. El fragmento del Intelsat 33e sigue girando cada 15.6 segundos en la misma órbita donde opera el Morelos 3. El financiamiento vigente de e-MERLIN llega hasta marzo de 2028.