✨︎ Resumen (TL;DR):
- China prepara Chang’e-7 para despegar desde Wenchang con un orbitador, un módulo de alunizaje, un rover y un vehículo saltarín que buscará hielo de agua.
- Estados Unidos planea posar el módulo Griffin de Astrobotic a finales de 2026, pero el equipo para perforar y analizar hielo no llegará antes de 2027.
- China apunta a llevar taikonautas en 2030 y la NASA en 2028; el plan estadounidense depende de una transferencia de propelentes criogénicos que nunca se ha realizado.
China prepara Chang’e-7 para una misión robótica al polo sur de la Luna en agosto de 2026, aunque no ha confirmado la fecha de lanzamiento; Estados Unidos planea posar el módulo Griffin, construido por Astrobotic, en el mismo destino a finales de 2026. Ambas misiones buscan hielo de agua en cráteres que llevan miles de millones de años sin recibir luz solar directa, un recurso que puede convertirse en combustible, aire respirable y agua potable. Chang’e-7 llevará instrumentos para perforarlo y analizarlo en el sitio, mientras que el equipo estadounidense con esa capacidad no llegará antes de 2027.
El hielo es el objetivo real
Chang’e-7 ya se encuentra en el centro espacial de Wenchang, en la isla de Hainan. Las referencias del programa apuntan a agosto de 2026, incluso a este mismo mes, pero China no ha confirmado una fecha oficial. El lanzamiento está previsto a bordo de un Long March 5. En abril, la nave viajó de Pekín a Hainan en un Antonov An-124.
El diseño reúne un orbitador, un módulo de alunizaje, un rover y un vehículo saltarín. La misión buscará hielo de agua en el entorno del cráter Shackleton y llevará cargas científicas de Egipto, Baréin, Italia, Rusia, Suiza, Tailandia y el Observatorio Lunar Internacional, con sede en Hawái.
La siguiente misión, Chang’e-8, está fijada para antes de 2029. Ya no se limitará a observar: probará cómo utilizar los recursos del terreno.
Estados Unidos lleva otro ritmo. Su plan contempla posar el módulo Griffin, construido por Astrobotic, en el polo sur lunar a finales de 2026. Sin embargo, el equipo estadounidense capaz de perforar y analizar el hielo en el sitio no llegará antes de 2027.
Los cráteres del polo sur llevan miles de millones de años sin ver el Sol. Para los dos programas, el hielo que se conserva allí puede convertirse en combustible, aire respirable y agua potable, la diferencia entre una visita puntual y una base habitada.
El premio no es la bandera, es quedarse
12 astronautas de la NASA caminaron sobre la Luna y regresaron con unos 385 kilogramos de roca y suelo. Después de 1972, nadie más ha vuelto a hacerlo. Repetir un alunizaje tripulado es, en términos técnicos, una tarea resuelta hace medio siglo; construir un lugar donde la gente pueda vivir plantea otro problema.
Clayton Swope, subdirector del Proyecto de Seguridad Aeroespacial del Center for Strategic and International Studies, plantea un horizonte mucho más largo: generaciones que nazcan y mueran fuera de la Tierra, en algo más parecido a una ciudad que a una expedición polar. Ninguno de los dos gobiernos promete una instalación así para esta década, pero ese es el horizonte que orienta sus cohetes.
El hielo es el primer eslabón de ese plan. Tang Yuhua, subdiseñadora jefe de Chang’e-7, explicó a medios estatales chinos en 2025 que localizarlo abarataría el sostenimiento de una base al reducir el transporte de agua desde la Tierra.
Guo Hongfeng, investigador de los Observatorios Astronómicos Nacionales de la Academia China de Ciencias, ha señalado al helio-3 como el recurso lunar más valioso, por delante del titanio, el silicio y el aluminio, debido a su posible uso en fusión nuclear y computación cuántica.
Pekín unificó sus programas lunares
Las fechas de alunizaje cuentan solo una parte de la historia. El 9 de abril de 2026, la oficina del programa espacial tripulado chino, CMSE, anunció que profundizaría la integración de sus misiones lunares tripuladas y robóticas. La CNSA gestionaba hasta entonces las misiones robóticas.
Su justificación oficial fue explícita: “para aprovechar plenamente las ventajas del nuevo sistema de movilización nacional”.
El 23 de mayo, en rueda de prensa, un portavoz explicó que la fusión abarca 3 dimensiones: misiones, recursos y equipos. El conjunto pasó a llamarse Programa de Exploración Lunar.
Kristin Burke documentó el proceso para China Brief de la Jamestown Foundation. Después del cuarto pleno del Partido Comunista, celebrado en noviembre de 2025, el sector aeroespacial recibió la categoría de industria pilar, reservada a sectores que sostienen la economía nacional y con horizontes de planeación más largos y trato preferente. Además, la CNSA creó un Departamento de Espacio Comercial y, en junio de 2026, un centro de monitoreo y alerta temprana de asteroides.
La reorganización concentra misiones, recursos y equipos en una misma estructura. También ofrece una pista sobre la coordinación de largo plazo que China necesita para encadenar sus misiones lunares.
Ni la fecha exacta de lanzamiento de Chang’e-7 ni el presupuesto del programa lunar chino son públicos. Las referencias apuntan a agosto de 2026, pero no existe confirmación oficial y los especialistas que siguen el programa de cerca no tienen acceso a sus cifras de gasto.
Jim Bridenstine, exadministrador de la NASA, resumió la falta de transparencia del programa chino. Después añadió: “Pero lo que sí sabemos es que, cuando se fijan objetivos, los cumplen.”
Zhang Jingbo, portavoz de la agencia espacial tripulada china, dijo en mayo que China no escatimará esfuerzos para lograr su primer alunizaje en 2030. La ejecución precisa de las misiones Chang’e ha llevado a varios especialistas consultados por CNN a considerar que Pekín llegará a tiempo.
La NASA depende de una maniobra inédita
La hoja de ruta de la NASA plantea un alunizaje tripulado en 2028, una fecha que ya se ha movido varias veces. Artemis II llevó a 4 tripulantes alrededor de la Luna en abril de 2026, pero la agencia todavía no tiene un vehículo capaz de posarlos en la superficie.
Los medios estatales chinos describen una arquitectura de dos cohetes. Uno llevaría la cápsula Mengzhou con la tripulación y otro el módulo de alunizaje Lanyue. Ambos se acoplarían en órbita. Se acoplan, nada más.
El plan estadounidense necesita que Starship o Blue Moon repongan propelentes en órbita terrestre antes del descenso. El trasvase de propelentes criogénicos es la transferencia de toneladas de propelente entre dos naves acopladas en el vacío para reabastecer una de ellas antes del descenso.
Esa maniobra nunca se ha realizado en la historia del vuelo espacial. Los módulos de SpaceX y Blue Origin todavía no han demostrado esa operación.
La primera prueba seria está prevista para el año próximo con Artemis III. SpaceX y Blue Origin deberían enviar cada una un prototipo a órbita baja para ensayar el acoplamiento con la cápsula Orion.
China ya probó en febrero de 2026 el cohete Long March 10 con la nave Mengzhou. En agosto de 2025, también mostró en tierra los sistemas de navegación, propulsión y detección del Lanyue.
Patrick Besha, exasesor estratégico de la NASA y especialista en el programa chino, considera que el camino técnico de Pekín hacia 2030 es más directo y que los obstáculos pendientes tienen solución.
Casey Dreier, director de política espacial de The Planetary Society, ve una contradicción presupuestaria: Estados Unidos nunca financió a la NASA como si esto fuera una carrera y ahora corre el riesgo de encuadrar la situación como una derrota.
En febrero, durante una conferencia en Virginia, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, lo planteó así: “Si nos quedamos atrás, quizá nunca podamos alcanzarlos.”
La ley todavía no resuelve la extracción lunar
El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 sigue siendo el documento central del derecho espacial. Prohíbe que un país se apropie de la Luna por reclamo de soberanía, uso u ocupación.
El tratado no define qué ocurre cuando alguien instala una central nuclear que necesita un perímetro de seguridad, o cuando una empresa extrae material lunar y lo vende. El problema que señala Swope es directo: un país no puede apropiarse de la Luna, pero el tratado tampoco explica cómo alguien podría poseer lo que extrae.
Los Acuerdos Artemis, firmados en 2020, reconocen el derecho de países y empresas a extraer recursos. También admiten “zonas de seguridad” que dejan fuera a terceros. 70 países los han firmado.
China no está entre ellos. Tampoco Rusia, Bielorrusia, Pakistán ni Egipto. Patrick Besha describe la postura de Pekín como un acercamiento al límite del tratado sin cruzarlo.
El desacuerdo también se refleja en la cooperación espacial. Estados Unidos prohibió en 2025 que ciudadanos chinos con visa trabajen en la NASA. La enmienda Wolf, vigente desde 2011, ya restringía cualquier cooperación bilateral de la agencia.
China planea su base lunar con Rusia. Moscú heredó más de 30 satélites lanzados con reactores durante la Guerra Fría, frente a 1 del lado estadounidense, el SNAP-10A de 1965.
Wu Weiren, diseñador jefe del programa lunar chino, dijo en 2025 que Rusia lleva ventaja incluso sobre Estados Unidos en energía nuclear espacial. El mismo Wu situó la primera estación básica de la Estación Internacional de Investigación Lunar hacia 2035 y una instalación ampliada hacia 2045. El objetivo declarado de un asentamiento permanente chino apunta a 2040.
Mientras tanto, varias empresas estadounidenses trabajan en planes para extraer y vender recursos lunares. El mercado reacciona a esas promesas, como se vio cuando SpaceX cayó a su mínimo histórico tras hablar de fábricas en la Luna.
México y América Latina ya eligieron marco
La carrera no se limita a China y Estados Unidos. Entre los firmantes de los Acuerdos Artemis están España, México, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Uruguay y Perú. Esos países ya asumieron el marco estadounidense sobre extracción de recursos y zonas de seguridad.
El cuarto taller de los Acuerdos se celebró en Lima los días 13 y 14 de mayo de 2026. Fue la primera vez que los países firmantes se reunieron en América Latina.
Egipto muestra que la división no es absoluta. No firmó los Acuerdos Artemis, pero lleva una carga científica a bordo de Chang’e-7. Los dos bloques compiten por reglas y socios, mientras varios países se mueven entre ambos según la misión.
Las preguntas que siguen abiertas
¿Cuándo despega Chang’e-7?
Las referencias del programa apuntan a agosto de 2026, en un Long March 5 desde Wenchang, Hainan. No hay una fecha oficial confirmada. La nave llegó al puerto espacial en abril y buscará posarse en el entorno del cráter Shackleton.
¿Quién llegará primero a la Luna con astronautas?
China apunta a 2030 y la NASA a 2028. La fecha estadounidense se ha movido varias veces y sus módulos de alunizaje todavía no han demostrado la maniobra de trasvase. Bridenstine cree que los próximos en pisar la Luna serán taikonautas; Isaacman sostiene que Estados Unidos llegará a tiempo.
¿Se pueden extraer recursos de la Luna?
El Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967 prohíbe que un país se apropie de la Luna, pero no aclara qué ocurre con los materiales extraídos. Los Acuerdos Artemis de 2020, firmados por 70 países, sí reconocen ese derecho. China y Rusia no los han firmado.
Chang’e-7 ya espera su ventana en Wenchang, mientras la fecha oficial sigue pendiente. Griffin apunta a finales de 2026 y el equipo estadounidense para perforar y analizar hielo queda para 2027. Del lado de la NASA, el trasvase criogénico todavía no se ha demostrado; del chino, el Long March 10 y los sistemas de Lanyue ya tienen pruebas previas. El primer alunizaje será una parte de la evaluación. La pregunta decisiva será quién puede convertir ese hielo en soporte para una presencia permanente y bajo qué reglas.
