Basura espacial: el negocio aún no retira chatarra

Basura espacial: el negocio aún no retira chatarra

Astroscale pactó 13,200 millones de yenes para retirar un cohete, pero nadie ha desorbitado chatarra grande.

Por Humberto Toledo el 8 de agosto del 2026 a las 10:08 pm PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Astroscale Japan firmó con JAXA la Fase II del programa CRD2 por unos 13,200 millones de yenes, impuestos incluidos, para retirar una etapa de cohete de 3 toneladas.
  • La ESA registra unos 46,160 objetos y más de 17,000 toneladas en órbita, con datos actualizados al 31 de julio de 2026.
  • El dinero ya se mueve en vigilancia orbital y extensión de vida; ADRAS-J2 y ClearSpace-1 todavía no han capturado una pieza grande.

Astroscale firmó con la agencia espacial japonesa JAXA un contrato de unos 13,200 millones de yenes, impuestos incluidos, para retirar una sola etapa de cohete abandonada. La misión ADRAS-J2 sigue en desarrollo y no despegará antes del ejercicio fiscal 2027; ClearSpace-1 tampoco ha volado. El dato que vuelve relevante el acuerdo es directo: ninguna misión ha capturado y desorbitado todavía una pieza grande de basura espacial que ya estuviera en órbita.

El reportaje de CNBC firmado por Elsa Ohlen y publicado el 8 de agosto de 2026 retoma una nota de FomoEra del 5 de agosto sobre los objetos que ya están cayendo. El contrato más grande del sector paga por una sola pieza, mientras la ESA cuenta decenas de miles de objetos.

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Un contrato millonario para una sola pieza

Astroscale Japan firmó con JAXA la Fase II del programa CRD2, una demostración japonesa de retiro de chatarra a gran escala. La empresa publica en la ficha de la misión un monto de unos 13,200 millones de yenes con impuestos.

El objetivo es la etapa superior de un cohete H-2A que lleva desde 2009 dando vueltas en órbita. Mide unos 11 metros de largo, tiene 4 metros de ancho y pesa 3 toneladas. ADRAS-J2 la sujetará por el adaptador de carga útil con un brazo robótico y la empujará hacia abajo. Su lanzamiento no está previsto antes del ejercicio fiscal 2027.

El ensayo previo salió bien. ADRAS-J fue el primer satélite comercial que se acercó a un objeto real de basura: pasó 293 días en órbita, llegó a 15 metros de la etapa, la rodeó y validó su sistema autónomo de evasión de colisiones.

El 25 de marzo de 2026, ADRAS-J inició una maniobra de desorbitado controlado y bajó a una altura desde la que reingresará por sí solo en menos de cinco años. En la empresa llaman a este tipo de trabajo asistencia en carretera, pero espacial.

Al cerrar la misión, Nobu Okada, fundador y CEO de Astroscale, afirmó: “Astroscale ha logrado una ventaja competitiva importante en el mercado de servicios en órbita”.

El resultado tiene un límite claro: ADRAS-J observó y fotografió el objeto, pero no retiró nada. La misión demostró el acercamiento y la evasión de colisiones; la captura sigue pendiente.

Europa sigue esperando la primera captura

Del lado europeo, ClearSpace es un consorcio suizo surgido de la Escuela Politécnica Federal de Lausana. La ESA lo eligió en 2019 para retirar un adaptador Vespa de un cohete Vega de 2013, pero la misión sigue sin volar.

Fortune reportó en diciembre de 2024 que ClearSpace tuvo que cambiar de objetivo porque el original recibió el impacto de chatarra que no se podía rastrear. El problema que la misión debía resolver terminó retrasándola.

Ninguna misión ha capturado y desorbitado todavía una pieza grande de basura que ya estuviera en el espacio.

Las dos que intentarán hacerlo, ADRAS-J2 de Astroscale y ClearSpace-1 de la ESA, siguen en desarrollo.

La regulación, no el altruismo, sostiene el argumento

Andrew Faiola, vicepresidente comercial de Astroscale, lo resumió ante CNBC: “El espacio es un bien común y lo estamos ensuciando”.

Faiola compara una colisión orbital con una granada que explota contra un auto. El impacto deja una nube de fragmentos, muchos demasiado pequeños para rastrearlos desde tierra, con trayectorias que nadie puede anticipar.

Su argumento comercial no depende del altruismo, sino de la regulación. Faiola lo equipara con el desmantelamiento de las centrales nucleares al final de su vida útil: nadie discute que esa tarea debe hacerse.

Las cifras no cuadran porque los catálogos cuentan distinto

CNBC citó a OrbitRadar con casi 30,000 objetos seguidos, de los cuales unos 18,500 serían satélites activos. La Oficina de Desechos Espaciales de la ESA, con datos actualizados al 31 de julio de 2026, publica otras cifras: unos 46,160 objetos catalogados y seguidos de forma regular, más de 17,000 toneladas de masa en órbita, unos 18,840 satélites todavía en órbita y alrededor de 16,000 en funcionamiento.

No hay un error en una cifra y una verdad en la otra. El catálogo público estadounidense es más estrecho que el europeo. Además, que un satélite siga arriba no significa que siga prestando servicio.

El inventario de la ESA ordena la escala del problema:

  • Unos 7,320 lanzamientos desde 1957, sin contar los fallidos, pusieron unos 27,490 satélites en órbita.
  • Se han registrado más de 660 eventos de fragmentación entre explosiones, colisiones y anomalías.
  • El modelo MASTER-8 estima 1.2 millones de fragmentos de 1 a 10 centímetros y 140 millones por debajo del centímetro. Nadie puede seguirlos uno a uno.

Las tablas de la ESA también explican por qué las misiones apuntan a cohetes viejos y no a fragmentos pequeños. Los cuerpos de cohete son solo 2,086 objetos del catálogo, pero suman 3,882.6 toneladas, casi una cuarta parte de toda la masa que hay arriba. Un tanque vacío concentra suficiente material para convertirse en una fuente de fragmentos si se rompe.

Tim Flohrer, jefe de la Oficina de Desechos Espaciales, advirtió a CNBC que, aunque mañana se detuvieran todos los lanzamientos, la basura seguiría aumentando. Los objetos se rompen más rápido de lo que la atmósfera los devuelve. El riesgo es que ciertas órbitas queden inutilizables.

La ESA no es un regulador: solo puede imponer reglas a sus propias misiones.

La atmósfera también mueve el calendario

SatNews apuntó el 2 de agosto que el ciclo solar 25 está expandiendo la termosfera y frenando a los satélites muertos antes de lo previsto. La sonda Van Allen Probe A de la NASA, de 600 kilos, cayó años antes de lo calculado.

El efecto tiene dos caras. Más chatarra baja antes, pero se vuelve menos predecible dónde termina.

Lo que ya se factura es vigilar y alargar la vida

En 2026, el negocio tiene tres patas y solo una consiste en retirar objetos:

  • Vigilancia y evitación de colisiones: contratos públicos recurrentes, con clientes que pagan cada año.
  • Extensión de vida y servicio en órbita: un vehículo se acopla a un satélite geoestacionario sano para darle más años de operación. En este terreno está el vehículo LEXI de Astroscale.
  • Retiro activo de un objeto grande: la parte que todavía no ha demostrado una captura y donde se concentra buena parte del discurso.

El primer renglón ya tiene un caso concreto en España. GMV opera el Centro Español de Vigilancia y Seguimiento Espacial, conocido como S3TOC, dentro del proyecto SST, financiado por la Agencia Espacial Española y gestionado por la ESA mediante un acuerdo con terceros.

En abril de 2025, la Agencia Espacial Española adjudicó a GMV la operación y el mantenimiento del centro por 4.2 millones de euros, según la adjudicación publicada en el Boletín Oficial del Estado y recogida por Actualidad Aeroespacial.

GMV lidera además, junto con HISDESAT e ImmediaIT, el grupo que define la próxima generación del centro. Alberto Águeda, su director de vigilancia espacial, plantea ese trabajo como preparación para una etapa de megaconstelaciones y objetos cada vez menos controlados.

El capital privado ya miraba hacia esa parte del negocio. La salida a bolsa de SpaceX puso el retiro de basura orbital en el radar de los fondos, junto con otras apuestas que, hace tres años, sonaban a ciencia ficción.

La regulación puede convertir esa expectativa en contratos. La FCC estadounidense y la ESA presionan a los operadores para pasar del plazo de 25 años para desorbitar a cinco años o a reentradas controladas, según SatNews.

Faiola apuesta a que esa presión regulatoria, y no la conciencia, cree el mercado. Flohrer matiza que el cumplimiento mejora, sobre todo entre operadores comerciales, pero no lo hace con la rapidez necesaria para frenar el crecimiento del problema.

El retiro aún no es un servicio abierto

Hoy no se puede contratar el retiro de un satélite muerto como un servicio comercial abierto. Las misiones existentes son acuerdos con agencias: Astroscale trabaja para JAXA en ADRAS-J2, prevista para el ejercicio fiscal 2027, y ClearSpace trabaja para la ESA con una misión que sigue sin volar.

Lo que sí se contrata ya es la vigilancia orbital y la extensión de vida de satélites. En España, GMV trabaja en seguimiento de objetos y prevención de colisiones, no en capturarlos.

Durante 20 años, la basura espacial se contó como un problema ambiental sin dueño. Ahora tiene facturas, clientes y un calendario: 13,200 millones de yenes por bajar un cohete de 3 toneladas, con la primera captura real apuntada al ejercicio fiscal 2027.

El contrato ya tiene precio, pero la maniobra aún debe suceder. Si ADRAS-J2 retira esa única pieza, el catálogo de la ESA pasará de unos 46,160 objetos a 46,159. El negocio de vigilancia ya existe; la captura de chatarra grande todavía está en desarrollo.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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