✨︎ Resumen (TL;DR):
- El Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA concluyó la primera campaña de pruebas de la antena flexible que llevarán los tres helicópteros de SkyFall a Marte.
- El prototipo resistió 200 aterrizajes marcianos simulados sin degradación medible de la señal, más del doble de lo que exige una misión primaria exitosa.
- La pieza pesa unos 150 gramos, se dobla al aterrizar y debe recuperar su forma al despegar para buscar hielo bajo el suelo.
El Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA terminó la primera campaña de pruebas de la antena flexible que llevarán los tres helicópteros de SkyFall a Marte. El prototipo soportó 200 aterrizajes marcianos simulados sin perder rendimiento, más del doble de lo que exigiría una misión primaria exitosa. La pieza pesa unos 150 gramos y alimentará un radar de penetración terrestre para detectar hielo enterrado entre 0.5 y 3 metros de profundidad.
La NASA informó el resultado el 6 de agosto de 2026; las pruebas se realizaron en julio, en el sur de California. La antena cuelga bajo el fuselaje y debe doblarse al aterrizar para librar la superficie, antes de recuperar su forma cuando el helicóptero vuelva a despegar.
El hielo poco profundo sería el recurso del que dependerían los primeros astronautas para obtener agua, oxígeno y combustible sin transportar esos insumos desde la Tierra.

El radar necesita una antena grande en un hueco mínimo
Los orbitadores llevan décadas cartografiando Marte y saben dónde se encuentran depósitos gruesos de hielo a decenas de metros bajo tierra. Sin embargo, no pueden ver la capa superior, los primeros metros de regolito, justo donde una pala tendría que trabajar.
Adrian Tang, científico principal del instrumento de radar de SkyFall en el JPL, lo explicó así: “La única forma de detectar hielo somero a distancia es volar cerca del suelo”. Al volar bajo y despacio, agregó, un helicóptero puede capturar imágenes de radar que resuelvan la estratificación fina donde el suelo seco da paso al hielo.
El radar de SkyFall opera en un rango ultraancho de 500 a 2,500 megahercios (MHz), con longitudes de onda de entre 60 y 12 centímetros. Una antena convencional para esa parte del espectro mediría 48.3 centímetros, aproximadamente 48 centímetros, y necesitaría una vista despejada del suelo. El espacio entre la panza del helicóptero y la superficie marciana es de apenas 15.2 centímetros, solo 6 pulgadas.
La antena Vivaldi es una antena de banda ancha que transmite y recibe en un rango continuo y amplio de radiofrecuencias. Su perfil plano y ligero permite recortarla sobre telas metalizadas flexibles.
El equipo eligió un diseño con casi medio siglo de historia. El original data de 1978 y su inventor, Peter Gibson, lo bautizó Vivaldi porque sus curvas le recordaron a un violín.
Ni siquiera la Vivaldi estándar cabía en el helicóptero. El radar pudo miniaturizarse porque está pensado para sondeo somero y el regolito marciano seco bloquea las ondas de radio mucho menos que el suelo terrestre. Aun así, la antena terminó más larga que el tren de aterrizaje.
“Durante el aterrizaje, la Vivaldi tiene que doblarse para quitarse de en medio”, dijo Christine Gebara, líder mecánica del radar de penetración terrestre en el JPL.
Gebara explicó que la antena terminó siendo una vez y media más larga que las patas del helicóptero. Si la aeronave cae sobre una roca, la Vivaldi se dobla todavía más; al despegar, tiene que recuperar su forma para seguir tomando datos. SkyFall hará decenas de vuelos, así que el ciclo se repetirá una y otra vez.
Tela, Vectran y muelles para sobrevivir al aterrizaje
Los ingenieros enfundaron la antena en poliéster y después la cubrieron con capas de Vectran, el mismo tejido de las bolsas de aire que amortiguaron la llegada de Spirit y Opportunity a Marte en 2004.
Para mantener su forma en el aire, añadieron muelles de cinta de fibra de vidrio y una estructura de montaje de magnesio. Todo el conjunto pesa unos 150 gramos, lo mismo que dos arcos de violín.
200 aterrizajes y seis revisiones de radiofrecuencia
En el Environmental Test Laboratory del JPL, los ingenieros doblaron la antena para reproducir una de las posturas que podría adoptar después de un vuelo en Marte. Luego la sometieron a los cambios térmicos del ciclo día-noche marciano, que pueden alcanzar una diferencia de 94 grados Celsius.
El equipo la flexionó repetidamente para imitar decenas de aterrizajes. También interrumpió el proceso 6 veces para llevar el hardware a una cámara de pruebas electromagnéticas y comprobar que seguía emitiendo y recibiendo igual que el primer día.
En las pruebas de radiofrecuencia, la antena quedó invertida, con la base apuntando hacia arriba. Esa configuración exige más a la estructura de lo que jamás le exigirá la gravedad marciana, equivalente a un tercio de la terrestre.
La ficha de la fotografía publicada por la NASA identifica a la ingeniera de radar Maya Román conectando el cable coaxial dentro de esa cámara.
Al terminar la campaña, el conteo llegó a 200 aterrizajes marcianos simulados sin degradación medible de la señal.
Superar esta campaña no significa que la antena ya esté lista para volar. Adrian Tang señaló que aún queda trabajo antes de que alcance la calificación completa, y la NASA todavía no elige el sitio de aterrizaje de SkyFall. La agencia lo definirá después de una serie de talleres con la comunidad científica.
El radar mira la franja que los orbitadores no ven
El comunicado del JPL describe el instrumento como diseñado para sondeo somero por debajo de 5 metros. La ficha oficial de la misión es más específica: el radar busca detectar hielo entre 0.5 y 3 metros de profundidad y escanea los 3 metros superiores de la corteza marciana. Puede llegar más hondo solo en condiciones ideales.
Las cifras describen dos límites distintos. Los 5 metros corresponden al alcance de diseño del sondeo; la ventana de 0.5 a 3 metros es la zona donde la NASA espera identificar hielo con confianza.
El mismo radar también debe localizar huecos subterráneos, tubos de lava vacíos y capas débiles de regolito que volverían traicionero un aterrizaje, ya fuera robótico o tripulado. Esa ventana de profundidad define si un sitio sirve para aterrizar.
Cada helicóptero llevará cuatro instrumentos:
- un radar de penetración terrestre;
- cámaras de 13 megapíxeles que generarán mapas 3D del terreno con detalle centimétrico;
- cámaras de infrarrojo cercano para analizar la composición del regolito;
- sensores de temperatura, viento y radiación.
Un vuelo típico durará 2.5 minutos y cubrirá entre 1 y 2 kilómetros de superficie.
La antena todavía necesita cuatro pruebas
El equipo ya construye un modelo de ingeniería que aún debe superar una lista concreta:
- pruebas de vibración;
- despliegue dentro de un entorno marciano simulado;
- pruebas de señal;
- ensayos al aire libre en el Mars Yard del JPL, el terreno de simulación marciana del laboratorio.
SkyFall será más grande que Ingenuity
SkyFall es heredera directa de Ingenuity, el helicóptero que voló 72 veces en Marte durante casi tres años y demostró que el vuelo propulsado y controlado era posible en una atmósfera con 1% de la presión terrestre.
Ingenuity pesaba 1.8 kilogramos y dependía del rover Perseverance como estación de retransmisión. Cada helicóptero de SkyFall pesará 5 kilogramos, medirá 52 centímetros de alto y llevará rotores contrarrotatorios de 1.35 metros.
Los aparatos se comunicarán directamente con los orbitadores de Marte, sin intermediarios en el suelo. El JPL gestiona la misión; AeroVironment, empresa de Arlington, Virginia, codiseña y cofabrica los helicópteros. La empresa ya trabajó con el laboratorio en Ingenuity.
La llegada a Marte está prevista para 2030
La NASA prevé el lanzamiento para finales de 2028 a bordo de la nave Space Reactor-1 Freedom. El calendario oficial contempla un primer sobrevuelo de Marte en 2029 y el aterrizaje después de una segunda aproximación, en el otoño de 2030.
El vehículo será la primera nave interplanetaria propulsada por fisión nuclear y demostrará propulsión eléctrica nuclear durante el trayecto.
El sitio de aterrizaje aún no está definido y la antena tampoco ha completado la calificación de vuelo. Su campaña dejó un dato concreto: 200 aterrizajes marcianos simulados sin degradación medible de la señal. Por ahora, la pieza de unos 150 gramos es la única del conjunto con esa cifra a cuestas.
