El Pacífico puede frenar la corriente que regula el clima

El Pacífico puede frenar la corriente que regula el clima

El deshielo en el Pacífico puede frenar la AMOC, la corriente que regula el clima y las lluvias globales.

Por Humberto Toledo el 15 de julio del 2026 a las 2:57 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un estudio de la Universidad de California en Davis revela que el deshielo del Pacífico noreste inició el freno de la AMOC hace 19,000 años.
  • La corriente AMOC transporta cerca del 70% del calor oceánico del planeta, equivalente a unas 50 veces el consumo energético de la humanidad.
  • El freno de este motor climático reduciría hasta un 40% las lluvias en regiones de Centroamérica y la selva del Amazonas.

El agua de deshielo del Pacífico noreste tiene la capacidad de debilitar la circulación de corrientes del Atlántico, a pesar de la distancia geográfica que separa a ambos océanos. Científicos de la Universidad de California en Davis descubrieron que las descargas masivas de icebergs en el Pacífico alteran el equilibrio térmico global de forma más rápida que los glaciares de Groenlandia.

La AMOC es un sistema de corrientes marinas que transporta agua cálida y salada desde el trópico hacia el Atlántico Norte y regresa agua fría al sur. Este gigantesco motor marino distribuye el 70% del calor oceánico del planeta, lo que equivale a un petavatio de energía en movimiento.

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El sospechoso inesperado en el océano Pacífico

Durante décadas, la comunidad científica asumió que el freno de la AMOC se originaba exclusivamente por el deshielo en el Atlántico Norte. Sin embargo, el paleoclimatólogo Chijun Sun y su equipo detectaron que las fechas de las crisis climáticas del pasado no coinciden con esa teoría. Las descargas de hielo del Atlántico ocurrieron cuando la corriente ya se había debilitado.

“Las descargas del Atlántico Norte no pudieron haber impulsado el debilitamiento inicial”, afirma Sun en su artículo publicado en Nature Communications. El verdadero disparador histórico ocurrió en el Pacífico noreste a través de los llamados eventos Siku, desprendimientos masivos de icebergs que precedieron a los colapsos del Atlántico.

Para comprobar esta ruta, los investigadores utilizaron la supercomputadora Cheyenne de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos. La máquina simuló las condiciones climáticas de hace 19,000 años, cuando Norteamérica estaba cubierta por hielo de hasta 4,900 metros de espesor y el nivel del mar era 119 metros más bajo que el actual.

La simulación demostró que el agua dulce del Pacífico viaja por el océano hasta el Atlántico Norte. Al llegar, disminuye la salinidad del agua, evita que esta se hunda y detiene el ciclo de la corriente. Este freno genera un efecto dominó que atrapa el calor bajo la superficie y acelera el deshielo de otras zonas templadas.

“Lo novedoso y sorprendente aquí es que el agua de deshielo del Pacífico Norte pudo impulsar de forma independiente el debilitamiento de la AMOC, lo que ofrece un nuevo paradigma para el disparador de los estadiales Heinrich”, explicó Chijun Sun.

Amenaza directa para el Amazonas y Centroamérica

Un debilitamiento de la AMOC impacta directamente los patrones de lluvia en América Latina. Investigaciones previas publicadas en Nature indican que el enfriamiento del Atlántico altera el paso de tormentas tropicales hacia el Caribe.

El impacto en el trópico incluye sequías severas con reducciones de hasta 40% de lluvia anual en el Amazonas y Centroamérica. Esta falta de agua amenaza la estabilidad de la selva amazónica, la cual resguarda el equivalente a dos años de emisiones globales de carbono.

Aunque el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) estimó en 2021 que un colapso total de la AMOC antes de 2100 es poco probable, el consenso científico confirma que su debilitamiento ya comenzó.

“En los últimos cinco años, más o menos, lamentablemente tuve que cambiar mi visión sobre la probabilidad de que esto ocurra”, señaló Stefan Rahmstorf, del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático.

Por su parte, Andrew Watson, de la Universidad de Exeter, matiza que el sistema oceánico tiene formas complejas de reorganizarse. “Normalmente, la gran incertidumbre es qué va a hacer la gente: qué tan rápido vamos a recortar emisiones. Aquí hay incertidumbre real sobre cómo se va a comportar el propio océano”, apuntó.

El estudio de Sun no anuncia un colapso definitivo, pero alarga la lista de lugares que los científicos deben vigilar. Los glaciares de Alaska y Canadá, que hoy se derriten a ritmos históricos, ahora forman parte de la lista de zonas críticas bajo monitoreo para predecir las lluvias de las que depende el continente americano.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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