Una supernova sin estallido de rayos gamma

Una supernova sin estallido de rayos gamma

Einstein Probe captó SN 2026gzf, pero Chandra no halló el chorro relativista del estallido gamma.

Por Humberto Toledo el 13 de agosto del 2026 a las 8:19 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Einstein Probe registró el 21 de marzo de 2026 la primera luz de SN 2026gzf, a unos 500 millones de años luz.
  • Chandra observó la región durante 78.9 kilosegundos en dos fechas y no detectó un solo fotón; el VLA fijó un límite de 42 microjanskys por haz.
  • La estrella progenitora era una Wolf-Rayet nacida con unas 20 veces la masa del Sol y quedó registrada por DECam años antes de explotar.

El telescopio espacial chino Einstein Probe detectó el 21 de marzo de 2026, a las 12:30 UTC, el destello de rayos X blandos que marcó la primera luz de la supernova SN 2026gzf, en una galaxia situada a unos 500 millones de años luz. Dos equipos de la Universidad Carnegie Mellon y la Universidad de Maryland siguieron el evento durante meses y publicaron sus resultados el 5 de agosto en The Astrophysical Journal Letters. La explosión es una supernova Ic de líneas anchas, una clase que casi siempre viene acompañada de un estallido de rayos gamma. Esta vez, Chandra observó la región de la explosión dos veces sin registrar un solo fotón y el Very Large Array (VLA) tampoco encontró señal de radio.

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La primera luz reveló cómo se enfrió

El pulso, catalogado como EP260321a, corresponde a la primera luz que emite una estrella al explotar: la onda de choque del colapso atraviesa su superficie y libera esa señal.

La ruptura de choque es un fenómeno de una supernova por colapso de núcleo que ocurre cuando la onda de choque atraviesa la superficie estelar y emite la primera luz de la explosión. Debería ocurrir en toda supernova de este tipo, pero dura entre segundos y unas pocas horas y emite sobre todo en ultravioleta extremo y rayos X blandos.

El instrumento de campo amplio del Einstein Probe siguió la fuente durante los primeros 2,200 segundos. Su telescopio de seguimiento comenzó a observarla a los 1,065 segundos y el pico llegó a los 690 segundos después del disparo. La luminosidad de rayos X fue de 10⁴⁵ erg por segundo.

El espectro térmico comenzó en 132 electronvoltios y bajó a unos 108 electronvoltios durante los últimos 500 segundos de observación. El estudio paralelo de W. Yuan y su equipo sobre los rayos X aporta estas mediciones, que los dos trabajos publicados en agosto adoptan tal cual.

La ventana de observación era mínima. En dos décadas, los astrónomos solo habían identificado con certeza otro caso claro de esta señal en rayos X, SN 2008D, que el Observatorio Neil Gehrels Swift detectó por casualidad en 2008. El mismo observatorio tiene en marcha un intento de rescate en órbita.

La campaña siguió la explosión desde tierra

Según NOIRLab, los telescopios terrestres empezaron a vigilar la fuente en menos de 1 hora. La campaña que sostiene los dos estudios principales arrancó después: el telescopio Fraunhofer de 2.1 metros del Observatorio de Wendelstein, en Alemania, tomó sus primeras imágenes 9.8 horas después del destello.

El corrimiento al rojo medido, 0.0344, sitúa a la galaxia a 158 megaparsecs. Es una distancia comparable a la de GRB 060218 y GRB 171205A, dos de los estallidos de rayos gamma de baja luminosidad más cercanos que se conocen.

Las observaciones quedaron repartidas así:

  • 21 de marzo, Einstein Probe: registró el destello de rayos X blandos; el pico ocurrió a los 690 segundos.
  • 21 de marzo, Fraunhofer de Wendelstein: obtuvo las primeras imágenes de la campaña, 9.8 horas después del destello.
  • 24 y 25 de marzo, SALT y Hobby-Eberly: captaron los primeros espectros, tres días después del destello.
  • 25 de marzo y 3 de abril, DECam en Cerro Tololo: tomó imágenes profundas y permitió compararlas con el archivo.
  • 5 y 29 de abril, Chandra: realizó dos exposiciones que sumaron 78.9 kilosegundos, sin fotones en la región de la supernova.
  • 8 de abril al 14 de mayo, DESI en Kitt Peak: obtuvo tres espectros con fibras de reserva.
  • 19 de mayo, Very Large Array: observó en banda C a 6 GHz y no detectó radio, con un límite de 42 microjanskys por haz.

Chandra dejó vacío el lugar del chorro

SN 2026gzf quedó clasificada como una supernova Ic de líneas anchas, una clase de explosión de estrellas despojadas que suele lanzar chorros de material a velocidades cercanas a la de la luz y aparece ligada a los estallidos de rayos gamma. Su curva de luz, su evolución espectral y sus velocidades de expansión encajaron con ese grupo. Faltaba comprobar si el chorro estaba presente y todavía no había sido localizado.

Brendan O’Connor, investigador del Centro McWilliams de Carnegie Mellon y primer autor de uno de los dos artículos, pidió tiempo en el Observatorio de Rayos X Chandra. Quería buscar el resplandor residual que deja un chorro cuando choca contra el material que rodea a la estrella.

Chandra observó la supernova el 5 y el 29 de abril. En las dos exposiciones, que sumaron 78.9 kilosegundos, casi 22 horas de telescopio, no cayó un solo fotón dentro del círculo de 1.5 segundos de arco centrado en la supernova.

El 19 de mayo, el Very Large Array observó en banda C a 6 GHz. Tampoco detectó nada en radio y estableció un límite de 42 microjanskys por haz.

Para una explosión tan cercana, esos límites bastan para descartar casi cualquier resplandor conocido de un estallido de rayos gamma. Si el colapso llegó a lanzar un chorro, los autores lo acotan a un factor de Lorentz inicial menor que 30 y una energía cinética menor que 10⁴⁹ erg.

La lectura de los dos equipos es que pudo haber una salida débil, apenas relativista, que quedó ahogada dentro de la propia estrella o en el material que la envolvía. O’Connor lo resumió así: “SN 2026gzf no produjo un chorro relativista normal y potente”.

Una Wolf-Rayet murió después de perder sus capas

Jillian Rastinejad, becaria Einstein de la NASA en la Universidad de Maryland, reconstruyó qué rodeaba a la estrella cuando explotó. Wolf-Rayet es una clase de estrella que quema su hidrógeno muy rápido. El equipo concluye que esta nació con unas 20 veces la masa del Sol.

Antes de morir, la estrella perdió masa en episodios irregulares hasta expulsar todo su hidrógeno y su helio. El resultado fue un núcleo despojado de carbono y oxígeno.

Esa pérdida dejó capas de material a distintas distancias. Una envoltura compacta, cercana y de poca masa produjo la señal inicial de rayos X. Otra más extensa y asimétrica alimentó la señal óptica de la supernova.

El resultado es el primer mapa de ese entorno para una estrella que ya había perdido sus dos capas exteriores. Rastinejad lo explicó en el comunicado de NOIRLab: “Con esta información pudimos trazar un mapa de la estructura del material que rodeaba a la estrella”.

Con EP260321a, los equipos describen la ruptura de choque más tenue jamás asociada con una supernova de líneas anchas y sin flujos relativistas. El objeto queda a medio camino entre las supernovas ordinarias y las explosiones extremas que sí generan estallidos de rayos gamma de baja luminosidad. La conclusión de ambos estudios es que las estrellas masivas despojadas mueren de más formas de las que se creía.

DECam conservaba el retrato de la progenitora

En el sitio exacto de la explosión había una fuente azul compacta que DECam había fotografiado mucho antes. El equipo de O’Connor revisó todas las imágenes de archivo tomadas entre el 21 de junio de 2013 y el 7 de mayo de 2018, entre 12.8 y 7.9 años antes del estallido.

El conjunto incluía 25 tomas con el filtro g, 17 con r, 13 con i y 8 con z. La fuente aparece en todas. El punto estaba a 3.4 segundos de arco del centro de su galaxia, unos 2.5 kiloparsecs, cerca de 8,000 años luz.

La cámara DECam tiene 570 megapíxeles y está montada en un telescopio de 4 metros. Ese archivo permitió estudiar a la estrella progenitora antes de que explotara.

Antonella Palmese, profesora de física en Carnegie Mellon y coautora del artículo, señaló que el arranque del sondeo de Rubin podría hacer parecer obsoletas las cámaras de campo amplio montadas en telescopios de menor apertura. Este caso, dijo, muestra “lo potentes que pueden ser las sinergias entre DECam y Rubin”.

Rubin aporta una pista, con una advertencia

Los comunicados de NOIRLab y Carnegie Mellon señalaron que los datos de Rubin apuntaban a actividad del sistema poco antes de la explosión. El artículo de O’Connor fue más cauto: reconoce posibles detecciones previas al estallido, advierte de problemas con la resta de imágenes durante la puesta en marcha del observatorio y excluye del análisis toda la fotometría anterior al descubrimiento.

La actividad de la estrella durante la década previa la desarrolla un tercer estudio, firmado por T.-W. Chen y su equipo. La bibliografía del artículo de O’Connor también cita 4 trabajos publicados al mismo tiempo sobre el objeto: el de Rastinejad, el del equipo del Einstein Probe, el de A. Martin-Carrillo centrado en el chorro fallido y el de Chen sobre la actividad previa.

4 instrumentos que sostienen los dos estudios principales están en Chile: DECam en el telescopio Blanco de Cerro Tololo, la cámara LSST del Observatorio Rubin en Cerro Pachón, el espectrógrafo Goodman del SOAR y Gemini Sur.

El campo donde ocurrió la explosión sigue en la ruta de observación de Rubin, dentro del Deep Drilling Field de COSMOS, uno de los pocos puntos del cielo que el observatorio fotografía con cadencia alta. Los dos equipos esperan que ese registro documente durante los próximos años la evolución de SN 2026gzf, algo que hasta ahora casi nunca se ha podido hacer con una supernova de la que también se tiene el primer destello.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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