✨︎ Resumen (TL;DR):
- Gabriel Harry, investigador independiente, publicó siete propuestas de megaingeniería para mantener habitable la Tierra cuando aumente el brillo solar.
- El conjunto incluye una sombrilla de 350,000 kilómetros de radio, reactores de fusión dentro de Júpiter y 8.2 toneladas anuales de antihidrógeno.
- El cálculo llega a 9.1 × 10¹⁵ años de habitabilidad, aunque el estudio se limita a un ejercicio conceptual y de recursos.
Gabriel Harry, investigador independiente, publicó en julio de 2026 un trabajo que propone siete obras de megaingeniería para mantener habitable la Tierra cuando el aumento del brillo solar deje su órbita fuera de la zona habitable, dentro de unos 1,000 millones de años. El conjunto incluye bloquear al Sol con una sombrilla, generar luz mediante fusión en Júpiter, mover la órbita terrestre y reponer el calor de la tectónica. Harry lo presenta como un ejercicio conceptual y de recursos, no como un plan de ingeniería.
La megaingeniería es una categoría de obras a escala planetaria que, en este trabajo, busca conservar la habitabilidad de la Tierra durante escalas de tiempo enormes.

El plazo no es la gigante roja
La cifra de 5,000 millones de años corresponde al momento en que el Sol agotará el hidrógeno de su núcleo, terminará su secuencia principal y entrará en la fase de gigante roja. No marca el final de la habitabilidad terrestre.
El Sol tiene hoy 4,580 millones de años y aumenta su brillo desde que comenzó. Ese calentamiento gradual dejará la órbita terrestre fuera de la zona habitable dentro de unos 1,000 millones de años. El planeta ya consumió al menos 82% de su tiempo habitable natural.
La simulación estelar que Harry ejecutó con el código MESA ofrece un margen algo mayor, 1,700 millones de años hasta la salida de la zona habitable. El orden de magnitud no cambia. Estos dos relojes están separados por unos cuatro mil millones de años.
El trabajo apareció en el volumen 79, número 7, de julio de 2026 del Journal of the British Interplanetary Society, en las páginas 230 a 243. La revista lo recibió el 30 de diciembre de 2025 y lo aprobó el 6 de enero de 2026.
El texto completo también está en arXiv bajo una licencia abierta. Harry lo clasificó por cuenta propia en la categoría de física divulgativa y firmó sin afiliación institucional.
Siete amenazas, siete obras de megaingeniería
Harry organiza el problema en siete amenazas de largo plazo:
- El aumento de la luminosidad solar.
- La expansión de la gigante roja, que podría tragarse el planeta.
- El fin de la tectónica de placas, previsto para dentro de unos 1,450 millones de años.
- La pérdida de agua hacia el espacio, que hoy ocurre a razón de 0.3 kilos por segundo.
- Los cambios en la inclinación del eje y en la rotación terrestre.
- Los impactos de objetos, con más de 37,000 cuerpos cercanos catalogados.
- Las amenazas externas al sistema solar, como supernovas y encuentros estelares.
Una sombrilla de 350,000 kilómetros de radio
Para contener el aumento de la luz solar, Harry retoma una técnica propuesta en 2023 por István Szapudi. La técnica ata la sombrilla a un contrapeso situado justo más allá del punto de Lagrange L1, una configuración que evita el límite de densidad que volvería inviable una estructura convencional.
El diseño colocaría la pantalla a 500,000 kilómetros de la Tierra, apenas fuera de la órbita lunar. Tendría 350,000 kilómetros de radio y cubriría 70 grados del cielo. Su grosor sería de 0.1 milímetros, igual al del parasol del telescopio James Webb.
El cable de sujeción exigiría 6 × 10¹⁸ kilos de carbino. Esa cantidad equivale al 3% del cinturón de asteroides rico en carbono o al 40% de Ceres.
El texto señala que manipular la luz solar desde la órbita ya no es un asunto puramente teórico a escala pequeña y que esa posibilidad ya generó las primeras discusiones regulatorias.
Júpiter como fuente de luz artificial
Tapar el Sol obligaría a reponer su luz. La irradiancia solar que recibe la Tierra equivale hoy a 173,000 teravatios.
La propuesta instala reactores de fusión a 6,000 kilómetros de profundidad en la atmósfera de Júpiter. Los 4 gigapascales de presión ambiental ayudarían a contener el plasma.
Los reactores consumirían 300 kilos por segundo de una mezcla de helio e hidrógeno y expulsarían una masa similar de nitrógeno. Júpiter se convertiría lentamente en un gigante de nitrógeno.
La energía viajaría por microondas hasta un generador en el L1 joviano. Ahí se convertiría en luz de espectro solar sin ultravioleta dañino, y un arreglo láser de 15 kilómetros de diámetro la enviaría hacia la Tierra.
El trabajo compara la escala del reto con lo que un eclipse de unas horas puede costarle a la red eléctrica europea, solo que aquí la sustitución de la luz tendría que mantenerse de forma permanente.
Cambiar la órbita sin usar asteroides
Para alejar la Tierra, el estudio descarta una propuesta de Korycansky, Laughlin y Adams publicada en 2001. Esa idea consistía en pasar un objeto del cinturón de Kuiper cerca del planeta un millón de veces, una vez cada 6,000 años.
Harry señala que el objeto ejercería diez veces la fuerza de marea de la Luna, provocaría inundaciones costeras y que un error de trayectoria bastaría para destruir la biosfera.
Su alternativa es un haz continuo de oxígeno extraído de las capas profundas de Júpiter. El flujo sería de 120,000 toneladas por segundo durante 100 millones de años, comparable con la mitad del caudal del Amazonas. Con él, la órbita terrestre pasaría de 1 a 1.2 unidades astronómicas.
Antimateria para sostener la tectónica
El trabajo sitúa el fin de la tectónica de placas dentro de unos 1,450 millones de años. Para reponer los 47 teravatios de calor interno que mueven las placas, Harry propone inyectar 8.2 toneladas anuales de antihidrógeno hacia el límite entre el núcleo y el manto.
Diez instalaciones producirían 2.2 kilos diarios cada una. Solo fabricar el antihidrógeno exigiría capturar 0.6% de la luz solar que llega a la superficie terrestre, con unos 3 millones de kilómetros cuadrados de paneles, una superficie comparable a la de India.
La cuenta energética de quedarse
Harry calcula 9.1 × 10¹⁵ años de habitabilidad. En español, esa cifra equivale a 9,100 billones de años. La distinción importa: el billion inglés equivale a mil millones, mientras que el billón en español equivale a un millón de millones. Traducirlo literalmente reduciría el resultado mil veces.
El argumento energético aparece en la comparación con la mudanza a otra estrella. Harry calcula que trasladar una civilización de 10,000 millones de personas costaría 10³¹ julios, con maniobras de aceleración y frenado que tendrían que concentrar el gasto en periodos de apenas 36 días.
El conjunto de salvaguardas requeriría 5.4 × 10³⁴ julios por cada 10,000 millones de años. Es una cifra total mayor, pero repartida a lo largo de milenios o de millones de años, no en una maniobra breve.
El sol artificial exigiría del orden de 10²⁴ julios al año de manera indefinida. Esa es la producción energética que una proyección citada en el paper atribuye a la humanidad para 2400. Hoy producimos 10²¹ julios al año, mil veces menos.
La sombrilla tendría un costo energético de 10¹⁸ julios anuales durante 4,000 millones de años. Harry también compara estas salvaguardas con vivir en hábitats espaciales.
Su cálculo usa un enjambre de cilindros de 461 kilómetros de radio, construidos con todo el carbono del cinturón de asteroides. Esa estructura ofrecería una tercera parte más de superficie habitable que la Tierra, aunque limitaría los techos a 1,600 metros por razones fisiológicas, frente a los 5,000 metros a los que la gente vive en el planeta.
El punto débil: una sombrilla que no puede fallar
Harry concentra el estudio en los aspectos conceptuales y de recursos. Da por supuesto que las soluciones podrían mantenerse durante escalas de tiempo enormes, pero no modela la operación técnica detallada, la degradación de los materiales ni las implicaciones sociales. También admite que podrían existir amenazas naturales adicionales que exigieran más salvaguardas.
La sombrilla es el elemento de mayor riesgo. Una falla estructural exterminaría la biosfera en cuestión de horas.
El plan de contingencia guardaría una pantalla temporal de grafeno recubierto de aluminio, con 1,000,000 toneladas y 200,000,000 de kilómetros cuadrados de superficie, plegada en la cara oculta de la Luna. Si la pantalla principal fallara, podría flotar sobre la Tierra durante un mes mientras se despliega el reemplazo definitivo.
Dos relojes para la Tierra
La luminosidad solar y la gigante roja activan relojes distintos. La primera dejaría la órbita terrestre fuera de la zona habitable en alrededor de 1,000 millones de años; la segunda llegaría dentro de unos 5,000 millones de años, cuando el Sol agote el hidrógeno de su núcleo. La separación entre ambos plazos ronda los cuatro mil millones de años.
Harry cierra el trabajo con una escala todavía mayor: describe una Tierra que durante 100 billones de años seguiría viendo estrellas en el cielo nocturno, hasta que se apagara la última.
“En la Tierra el Sol seguiría saliendo a la mañana siguiente”, escribe Gabriel Harry en las conclusiones de su trabajo, en traducción propia.
El trabajo no exige una decisión en este siglo. Su corrección de calendario es concreta: la cuenta regresiva de la habitabilidad terrestre comienza unos cuatro mil millones de años antes de que el Sol termine de quemar su combustible.
