✨︎ Resumen (TL;DR):
- Juno obtuvo datos compatibles con una capa conductiva de hielo de 29 ± 10 kilómetros en la región observada de Europa.
- Un estudio publicado en Nature Astronomy el 23 de julio de 2026 concluye que el agua que asciende por las grietas se enfría, forma hielo frazil y puede bloquear los conductos en pocas horas.
- Europa Clipper y JUICE tendrán que determinar si los depósitos de agua cercanos a la superficie están conectados con el océano profundo.
Europa, la luna de Júpiter ligeramente más pequeña que la Luna terrestre, podría esconder un océano con el doble de agua que el océano global de la Tierra. Los datos de Juno y un estudio publicado en Nature Astronomy el 23 de julio de 2026 indican que el hielo dificulta el intercambio con la superficie: la capa conductiva observada es compatible con 29 ± 10 kilómetros y el agua que sube por las grietas puede congelarse antes de completar el trayecto. Por eso, Europa Clipper y JUICE tendrán que determinar si cualquier depósito cercano a la superficie está conectado con el océano profundo.

Un océano enorme detrás de una corteza helada
La NASA sostiene que existe evidencia sólida de un océano salado bajo el hielo de Europa. El agua podría conservarse en estado líquido gracias al calentamiento de marea: la gravedad de Júpiter estira y comprime repetidamente la luna, generando calor en su interior.
Europa se mantiene entre los principales objetivos de la astrobiología por la posibilidad de ese océano. Para que las reacciones químicas pudieran sostener un ambiente habitable, el oxígeno, los nutrientes y otros compuestos tendrían que atravesar la corteza helada.
Lujendra Ojha, Ankit Barik y Jacob Buffo analizaron esa conexión en un estudio de Rutgers que Nature Astronomy publicó el 23 de julio de 2026. Sus simulaciones concluyeron que el intercambio directo entre el océano profundo y las capas someras probablemente es mínimo.
Juno puso una cifra a la barrera de hielo
La nave Juno sobrevoló Europa el 29 de septiembre de 2022, a unos 360 kilómetros de distancia. Su radiómetro de microondas observó temperaturas a distintas profundidades y recopiló datos de aproximadamente la mitad de la superficie visible durante el encuentro.
El análisis de esos datos es compatible con una capa conductiva de hielo de 29 ± 10 kilómetros en la región observada. El cálculo supone que la capa está compuesta por hielo de agua pura y que no existe una capa interna convectiva.
La cifra no representa el grosor exacto de toda la luna. Corresponde a la región analizada y todavía tiene un margen de incertidumbre amplio. Si debajo de la capa conductiva existe otra zona más cálida y en movimiento, el espesor total podría ser mayor.
La presencia de sales podría reducir la estimación en unos cinco kilómetros, una diferencia que permanece dentro del margen de error.
El trabajo también encontró irregularidades en el hielo cercano a la superficie, entre ellas posibles grietas, poros o vacíos. Los dispersores tendrían:
- tamaños característicos de pocos centímetros;
- una posible extensión de hasta cientos de metros bajo la superficie;
- una cantidad baja que, junto con su tamaño y profundidad, haría improbable que funcionaran como un conducto importante para llevar oxígeno y nutrientes hasta el océano.
La medición de Juno no elimina la posibilidad de intercambio entre el exterior y el interior de Europa. Sí reduce la plausibilidad de que las fracturas superficiales actúen como una conexión amplia y permanente.
El agua se enfría antes de completar el ascenso
El estudio de Rutgers examinó la hipótesis de que el agua del océano suba por fracturas verticales, conocidas como diques, y se acumule en depósitos mucho más cercanos a la superficie. Esos depósitos serían más fáciles de estudiar que un océano enterrado bajo kilómetros de hielo.
El inconveniente aparece al calcular qué le ocurre al agua durante el trayecto. Los modelos indican que subiría de forma turbulenta, chocando y mezclándose contra las paredes frías de la fractura. Ese movimiento aceleraría la pérdida de calor hacia el hielo que la rodea.
“La ruta desde el océano profundo hasta el hielo somero probablemente es mucho más difícil de lo que se había supuesto”, explicó Lujendra Ojha, de la Universidad Rutgers.
Las simulaciones describen esta secuencia:
- El flujo turbulento enfría rápidamente el agua mientras asciende.
- El líquido puede quedar por debajo de su temperatura normal de congelación sin solidificarse de inmediato.
- El hielo frazil es un conjunto de diminutos cristales que aparece en ese estado.
- Los cristales se acumulan en las paredes y terminan obstruyendo la grieta.
Las fracturas estrechas podrían cerrarse por completo en cuestión de horas. Las más anchas transportarían más agua bajo condiciones ideales, pero tendrían que ser demasiado largas o existir en cantidades poco realistas para explicar algunas estructuras visibles de Europa.
Encontrar agua cerca de la superficie no bastará
Si Europa Clipper encuentra depósitos someros, estos podrían haberse formado por el derretimiento local del hielo y no por agua que subió desde el océano. Una futura misión podría detectar agua líquida bajo la superficie sin estar observando una muestra del gran océano de Europa.
Ambos reservorios podrían tener composiciones químicas distintas. Un depósito aislado no necesariamente conservaría la misma información sobre sales, nutrientes o fuentes de energía que existe en el océano profundo.
El estudio no demuestra que no haya agua cerca de la superficie ni descarta que Europa pueda tener condiciones habitables. Sus conclusiones proceden de simulaciones y dependen de variables como el ancho de las fracturas, la velocidad del flujo y la temperatura del hielo.
La pregunta ya no es únicamente si existe agua líquida. También hay que establecer de dónde salió y si está conectada con el océano profundo. Esa conexión será más informativa que la simple presencia de un depósito líquido.
Europa Clipper y JUICE buscarán la conexión
La NASA lanzó Europa Clipper el 14 de octubre de 2024. La nave llegará a Júpiter en abril de 2030 y realizará 49 sobrevuelos cercanos de Europa. Su radar podrá buscar depósitos bajo la superficie y ayudar a estudiar su forma y estructura.
La misión JUICE, de la Agencia Espacial Europea, despegó en abril de 2023 y tiene prevista su llegada al sistema de Júpiter en julio de 2031. Ambas naves aportarán datos sobre el hielo, la composición superficial y las posibles reservas de agua bajo la corteza.
Los datos de Juno y las simulaciones apuntan en la misma dirección: Europa puede tener un océano enorme, pero el hielo no ofrece una conexión abierta hacia él. Para saber qué ocurre en sus profundidades, Europa Clipper y JUICE tendrán que demostrar primero que cualquier agua cercana a la superficie comparte origen con ese océano. Un depósito líquido, por sí solo, no resolverá esa pregunta.
