✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un taller del MIT determinó las firmas físicas que delatarían un enjambre de servidores alienígenas alrededor de un agujero negro.
- El principal reto del enjambre no es la obtención de energía, sino la latencia de datos, que tardaría años en propagarse.
- Los investigadores sugieren buscar anomalías en datos existentes de telescopios en lugar de financiar nuevos proyectos astronómicos.
Un grupo de 25 investigadores en el MIT analizó cómo se vería una supercomputadora alienígena alimentada por un agujero negro supermasivo. El objetivo del taller Dyson Minds 2025 fue definir las firmas físicas y térmicas reales que este tipo de megaestructuras dejarían en el cosmos para poder rastrearlas con telescopios actuales.
El encuentro científico se llevó a cabo el 3 y 4 de junio de 2025 en el Center for Brains, Minds & Machines. El reporte final se publicó el 10 de abril de 2026 en la revista Publications of the Astronomical Society of the Pacific, liderado por Olivia Curtis del Penn State Extraterrestrial Intelligence Center junto a un equipo que incluye a la astrónoma Sara Seager y al exhistoriador jefe de la NASA, Steven J. Dick.
“Somos conscientes de que es una teoría muy fuera de lo común. Pero queríamos anclar todo en hechos físicos e intentar pensar de verdad qué observables físicos podríamos llegar a detectar”, explicó Curtis.
Dyson Mind es una megaestructura orbital hipotética que funciona como un centro de datos a escala galáctica alimentado de energía por un agujero negro. “Estas estructuras hipotéticas suenan muy de ciencia ficción, pero conforme empezamos a pensar en poner centros de datos en el espacio, empiezan a sonar cada vez menos a ciencia ficción”, detalló la investigadora.

El verdadero enemigo es la latencia de datos
El principal obstáculo tecnológico para una inteligencia de este tamaño no es la falta de energía, sino la velocidad para comunicarse consigo misma.
Para un agujero negro de 10 millones de masas solares rodeado por un enjambre de un pársec de radio, la luz tarda 3.3 años en cruzar del centro al borde. Además, una sola órbita tarda unos 30,000 años en completarse. A esta escala, sincronizar la red mediante ondas de radio es matemáticamente imposible.
Con un canal de radio optimista de un gigahercio se lograrían apenas unos cuantos gigabits por segundo. Transmitir un disco duro de 10 TB tomaría un día entero. Por eso, a estas distancias gigantescas, resulta más rápido enviar los discos de forma física usando naves o mensajeros orbitales.
“Resulta que a estas escalas de distancia, si quieres transmitir un zettabyte de información, es más rápido lanzar tu disco duro que intentar transmitir la información”, señaló Curtis. Este transporte físico generaría anomalías de tránsito observables en sistemas de órbitas muy inclinadas.
Energía extrema y datos ya guardados
Para evitar derretirse por la radiación, un satélite tendría que ubicarse a un pársec de distancia. Sin embargo, en agujeros negros más calmados, como nuestro Sagitario A, cuya actividad de absorción de materia está entre 10 y 100 millones de veces por debajo de su límite teórico, un enjambre de servidores podría acercarse de forma segura a unas 100 unidades astronómicas*.
Un estudio previo de 2021 liderado por Tiger Yu-Yang Hsiao, de la Universidad Nacional Tsing Hua de Taiwán, estimó que el disco de acreción de un agujero negro puede generar hasta 100,000 luminosidades solares, superando por mucho los requerimientos de una civilización Tipo II en la escala de Kardashov. La eficiencia de esta energía ronda el 5.7% en agujeros sin rotación, pero sube al 39.9% en los que tienen una rotación extrema.
En lugar de construir costosas herramientas nuevas, la propuesta del MIT consiste en revisar los archivos de telescopios como WISE, el James Webb (mediante su instrumento MIRI para detectar calor sobrante de 5 a 28 micras) y el Event Horizon Telescope.
“Quizá hay algunos destellos, o algunas perturbaciones raras en sus datos, que los algoritmos actuales están suavizando porque intentan sacar una imagen bonita del agujero negro, no mirar cómo son en realidad los valores atípicos”, concluyó Curtis.
El valor de modelar con precisión estos entornos astronómicos sirve para afinar la detección de anomalías naturales en el universo, independientemente de que se encuentre tecnología alienígena no tecnología alienígena o no.
