La Brea revela un sapo extinto de la Edad de Hielo

La Brea revela un sapo extinto de la Edad de Hielo

La Brea revela un sapo extinto y el primer registro del sapo excavador mexicano en el suroeste de Estados Unidos.

Por Humberto Toledo el 5 de agosto del 2026 a las 10:29 pm PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • El Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles describió Spea labreae, el primer anfibio extinto identificado en los pozos de alquitrán de La Brea.
  • Es apenas el segundo anfibio extinto del Pleistoceno hallado en Norteamérica; el otro es una rana arborícola de Florida.
  • El mismo estudio documentó por primera vez al sapo excavador mexicano en el suroeste de Estados Unidos, a unos 2,500 kilómetros de sus poblaciones actuales.

El Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles anunció el 5 de agosto de 2026 la descripción de Spea labreae, el primer anfibio extinto identificado en los pozos de alquitrán de La Brea. La especie vivió en la cuenca de Los Ángeles durante la última Edad de Hielo. J. Alberto Cruz, investigador mexicano del INAH y del centro SECIHTI-CIPAQ, y Emily Lindsey, curadora y directora de excavación del yacimiento, firmaron el estudio, que también registra por primera vez al sapo excavador mexicano en el suroeste de Estados Unidos, a unos 2,500 kilómetros de donde vive hoy. Para el equipo, el registro apunta a una cuenca angelina bastante más húmeda que la actual.

Spea labreae es una especie extinta de sapo de espuelas que vivió en la cuenca de Los Ángeles durante la última Edad de Hielo. El Journal of Vertebrate Paleontology publicó el estudio. Es apenas el segundo anfibio extinto del Pleistoceno hallado en Norteamérica; el otro es una rana arborícola de Florida.

El hallazgo no nació de una excavación reciente. Cruz llegó a La Brea como investigador posdoctoral con una tarea poco vistosa: ordenar la colección de anfibios y reptiles del sitio. El museo no había evaluado ese conjunto a fondo en casi 30 años.

En la gaveta apareció un sacro-urostilo incompleto, la pieza que une la columna con la cadera. Medía apenas unos milímetros.

Su primera hipótesis fue una paleopatología, es decir, que el hueso perteneciera a un animal enfermo o lesionado durante su vida. Para ponerla a prueba, comparó el material con 80 ejemplares de las colecciones de herpetología del museo angelino y del Museum of Vertebrate Zoology de la Universidad de California en Berkeley.

El hueso resultó algo mayor que el de los sapos de espuelas actuales de California. Cruz lo resumió en el comunicado del museo: “Cuando lo vuelves a estudiar, puedes encontrar oro en estos ejemplares.”

El material provenía de excavaciones de los años cincuenta. Llevaba siete décadas, alrededor de 70 años, catalogado y guardado en una gaveta a tres metros de la sala donde el público mira los colmillos, esperando a que alguien lo mirara con la pregunta correcta.

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Los anfibios afinan el clima de La Brea

La Brea suele asociarse con mamuts, tigres dientes de sable y lobos huargos. Para reconstruir un ambiente antiguo, sin embargo, esos animales no siempre ofrecen una señal local.

El lobo huargo es el fósil más abundante del yacimiento, pero también aparece en Perú, el norte de Estados Unidos, Canadá y Bolivia. Emily Lindsey explicó que encontrarlo “no te dice mucho sobre cómo era el ambiente”.

Los anfibios ofrecen una señal distinta. Casi no se desplazan en toda su vida y toleran márgenes estrechos de temperatura y humedad. La presencia de un sapo fósil permite acotar mejor las condiciones que existían en el lugar donde vivió.

J. Alberto Cruz lo explicó ante LAist: “Los pájaros pueden volar. Si las condiciones son muy malas, se mueven.”

El problema es que estos animales casi nunca llegan al registro fósil. Sus esqueletos son demasiado frágiles y se deshacen antes de fosilizarse.

Los depósitos de asfalto son una de las pocas excepciones que pueden conservarlos. Rancho La Brea es el mayor conjunto de fósiles asfálticos del Pleistoceno tardío que existe. Por eso, un hueso de rana puede aportar una señal ambiental local que un cráneo de mamut no ofrece.

Cruz y Lindsey ya llevan esta búsqueda a Talara, en Piura, Perú. Allí rastrean anfibios, reptiles y otros microvertebrados sensibles al clima, con el mismo método que aplicaron en la costa sudamericana.

El sapo excavador mexicano llegó a Los Ángeles

El mismo estudio documenta por primera vez la presencia del género Rhinophrynus en el suroeste de Estados Unidos. A diferencia de Spea labreae, el animal que aporta este registro sigue vivo: es el sapo excavador mexicano, Rhinophrynus dorsalis.

En México, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) también lo identifica como sapo borracho, sapo cavador, sapo de madriguera, rana boquita o uo, nombre usado en maya yucateco.

La ficha de Conabio resume sus rasgos:

  • Es el único miembro vivo de la familia Rhinophrynidae.
  • Come casi exclusivamente hormigas y no tiene dientes.
  • Pasa la mayor parte del año bajo tierra.
  • Sale a reproducirse cuando comienzan las lluvias.

La NOM-059 de la Semarnat clasifica a Rhinophrynus dorsalis como especie sujeta a protección especial.

El museo sitúa las poblaciones más cercanas a Los Ángeles a unos 2,500 kilómetros, en el sur de México. Durante la Edad de Hielo, esa distancia era cero.

Para el equipo, ese registro indica que la cuenca angelina fue bastante más húmeda que la actual. Un anfibio de tierras bajas tropicales encontraba allí condiciones que hoy solo encuentra a unas 1,500 millas al sur.

El estudio confirma que el sapo excavador mexicano vivió en Los Ángeles durante la Edad de Hielo, pero no establece por qué desapareció de la región. Emily Lindsey planteó dos causas posibles, el cambio climático del final del Pleistoceno o la llegada de los seres humanos, sin inclinarse por ninguna.

El nombre común puede confundir. Los sapos de espuelas no son sapos verdaderos; el término se conserva por costumbre, igual que ocurre con el sapo excavador mexicano.

Una gaveta se convierte en herramienta climática

La utilidad del hallazgo va más allá del Pleistoceno. Los anfibios son hoy el grupo de vertebrados más amenazado por el cambio climático de origen humano. Reconstruir cómo respondieron a una alteración climática anterior ofrece una base empírica para anticipar su respuesta a la actual.

El equipo sitúa la extinción de Spea labreae y el retroceso regional del sapo excavador mexicano en el final de la última Edad de Hielo, hace unos 10,000 años.

Cruz sospecha que todavía quedan anfibios y reptiles extintos sin describir. Muchos restos no resistieron el paso del tiempo. El siguiente paso del equipo apunta a serpientes y tortugas, con la misma lógica de usar animales pequeños y sedentarios como termómetros del pasado.

El público tendrá que esperar para ver estos ejemplares en el montaje interior. El museo de La Brea Tar Pits está cerrado por una renovación de dos años, aunque las áreas al aire libre de Hancock Park y las excavaciones activas siguen abiertas al público.

El recinto reimaginado tiene previsto abrir en 2028. El museo adelantó que los sapos formarán parte del nuevo montaje junto con insectos, aves canoras y ratas de campo.

La presencia del sapo excavador mexicano en Los Ángeles está documentada, pero la causa de su desaparición regional no. El estudio no permite elegir entre el cambio climático del final del Pleistoceno y la llegada de los seres humanos.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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