✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un estudio revela que los cachalotes liberan burbujas de gas por el espiráculo para evitar subir a la superficie mientras duermen.
- Registraron el fenómeno en 42 cachalotes en Noruega, quienes entran a su siesta con solo 8 mililitros de gas por kilo de peso corporal.
- Este reposo inmóvil a menos de 30 metros de profundidad eleva el riesgo de colisiones con barcos en zonas como Canarias y el Mediterráneo.
Un equipo científico de la Universidad de St Andrews y la Universidad de Neuchâtel descubrió que los cachalotes liberan gas por su espiráculo mientras duermen en posición vertical para evitar subir a la superficie como corchos. Al soltar estas burbujas, regulan su flotabilidad y permanecen suspendidos en el agua sin realizar ningún esfuerzo físico.
El hallazgo, publicado en la revista Journal of Experimental Biology, resolvió un misterio de la física de estos gigantes marinos. Los cachalotes duermen de pie, apuntando con la cabeza hacia arriba. Debido a la gran densidad de aceite en su cabeza, su cuerpo tiende a flotar de forma natural.
Para comprobar cómo contrarrestan este empuje, los investigadores colocaron etiquetas de ventosa de alta tecnología en 42 cachalotes machos en las islas Lofoten, Noruega. Estos dispositivos grabaron sonido y movimiento en tres dimensiones, registrando las burbujas en 56 de los 61 periodos de descanso estudiados.
El espermaceti es un aceite de baja densidad localizado en la cabeza del cachalote que funciona como un sistema de flotación natural. Este material, junto con el aire de sus pulmones, provoca que el animal rote de manera automática hasta quedar en posición vertical.
Si el cachalote asciende aunque sea un poco, la presión del agua disminuye, lo que expande el aire de sus pulmones y acelera su subida. Para evitar flotar sin control hasta la superficie, los cetáceos liberan burbujas como un sistema de lastre dinámico.
Los cachalotes inician sus inmersiones de descanso con apenas 8 mililitros de gas por kilo de peso corporal, en contraste con los 26.4 mililitros de una inmersión de caza. En un ejemplar de 30 toneladas, esto equivale a unos 234 litros de aire en su sistema respiratorio.
Durante las siestas, que duraron de 6 a 31 minutos con un promedio de 19, los animales que descansaban cerca de la superficie liberaron gas de manera constante, mientras que los que subían de zonas profundas redujeron considerablemente estos escapes.
El equipo simuló el comportamiento de diez animales mediante un modelo matemático. Al forzar al modelo a mantener constante la cantidad de gas corporal, las ballenas virtuales ascendieron mucho más rápido que las reales, confirmando la efectividad de este escape de aire.

El enigma del cerebro y el control del gas
Los autores señalan que aún no es posible determinar si la liberación de burbujas es una acción consciente o un reflejo biológico autónomo. Varios cetáceos mantienen una mitad de su cerebro activa mientras duermen para vigilar el entorno, pero los cachalotes parecen completamente desconectados durante estas fases de descanso.
“¿Pueden los cachalotes percibir su profundidad y soltar burbujas cuando hace falta, completamente dormidos?“, cuestionó Patrick Miller, de la Unidad de Investigación de Mamíferos Marinos de la Universidad de St Andrews. El investigador espera medir la actividad cerebral de los animales en futuros estudios para resolver esta incógnita.
Otra hipótesis planteada por los científicos es que las burbujas también sirvan para expulsar excesos de dióxido de carbono o nitrógeno acumulados en los tejidos durante la apnea, un mecanismo clave en buceadores de inmersión extrema.
Un peligro real en mares de todo el mundo
El descubrimiento cobra relevancia para la conservación de la especie, clasificada como vulnerable en la Lista Roja de la UICN. La subpoblación del Mediterráneo cuenta con menos de 2,500 ejemplares y enfrenta riesgos extremos por colisiones con barcos comerciales.
Las colisiones representan también una de las amenazas más serias para los cachalotes en las islas Canarias y diversas costas de América Latina. Un animal gigante que permanece inmóvil y sin reaccionar a unos 27.5 metros de profundidad durante casi 20 minutos es sumamente difícil de detectar para las tripulaciones de embarcaciones de gran tamaño.
El financiamiento para este análisis provino de la Oficina de Investigación Naval de Estados Unidos, el Ministerio de Defensa británico y el Ministerio de Defensa francés, en un esfuerzo por entender mejor el comportamiento acústico y físico de la fauna marina profunda.
