Cine y Tv

¿Por qué Game of Thrones tiene tanto éxito?

Nunca he visto un capítulo y mi vida sigue

Como cada lunes desde hace un par de meses, abro Facebook, Twitter y YouTube sólo para encontrar más de lo mismo: Game of Thrones… Los que no hablan de esta serie es porque aún no han visto el capítulo de estreno y tratan con todas sus fuerzas de evitar esos espantosos spoilers o porque discuten el resultado del partido de futbol de la noche anterior…

Game of Thrones es la serie más importante del momento, la más exitosa de HBO en su historia y la más descargada ilegalmente en Internet —vaya honor—, ha ganado premios y semana con semana mantiene a millones de personas de todo el mundo al borde de su asiento. Pero no a mí, nunca he visto un solo capítulo completo de Game of Thrones.

No necesito ser fan de esta serie para saber de que trata, con solamente navegar 15 minutos por cualquier red social puedo estar enterado de la trama, los personajes, incluso los plot-twist y sobre todo, no necesito verla para comprender el tremendo éxito del que goza.

La fantasía medievalesca siempre ha tenido un lugar importante en nuestra cultura: libros, juegos de mesa, tradiciones, obras de teatro, música, etcétera. Pero su interpretación más audaz y redituable siempre encontró lugar en la pantalla grande. El cine ha sido, por excelencia, el medio a través del cual la sociedad moderna disfruta historias —adaptadas u originales— llenas de caballeros, princesas, dragones y reinos encantados. Todo eso cambió cuando el continente Westeros atacó.

En TV el género de fantasía medieval ha sido ampliamente explotado en animación
En TV el género de fantasía medieval ha sido ampliamente explotado en animación

Sabrina la bruja adolescente, Highlander el inmortal, True Blood, Grimm, Once Upon a Time, Charmed y hasta Lost, cientos de series han explorado conceptos de cuentos de hadas, pero los han adaptado a la época moderna, han cambiado o reinterpretado su forma de apelar a un público moderno. Incluso la segunda serie más importante del momento, The Walking Dead, nos ubica en un entorno realista, un mundo “posible” donde podemos identificarnos rápidamente.

Game of Thrones se distingue por ubicarnos, desde el inicio, en una tierra imaginaria, un lugar con zombies de hielo, dragones, pueblos bárbaros y hechiceros; elementos propios de franquicias que han funcionado de forma maravillosa en el cine, pero que no se habían tratado con tanta seriedad en la televisión. Sí, existe The Tudors y la más reciente Vikings, pero en ambos casos la magia y las criaturas fantásticas no tienen un papel como en la complicada maraña de elementos que es GoT; en ese sentido, los referentes más cercanos que tenemos son programas como Xena la princesa guerrera y Hércules.

Entonces ¿qué hizo a esta serie el fenómeno mediático en el que se convirtió?

Ehmm... No.
Ehmm... No.

En un mundo lleno de godinez, empleados, amas de casa, estudiantes y muchísimas personas frustradas con la vida real, no sorprende que una aventura épica y fantasiosa como ésta tenga tanto éxito, sobre todo porque, a diferencia de otras propuestas del mismo tono, el elemento realista son las tragedias.

Suena súper pesimista, pero es verdad, si alguien que nunca ha visto la serie —como yo— se asoma al fandom, uno de los primeros elementos que saltarán a la vista es la cantidad de muertes, matanzas, asesinatos y hasta violaciones que se llevan a cabo a lo largo de la historia, sin importar si la víctima es un personaje principal, un héroe o un antagonista.

George R. R. Martin dijo lo siguiente al respecto:

Un escritor, incluso si escribe fantasía, tiene la obligación de contar la verdad y la verdad es que todos los hombres deben morir. Especialmente si escribes sobre guerra, que es precisamente el tema central en Game of Thrones

Todos los días los noticieros reportan tragedias, matanzas, crímenes de odio y un montón de palabrería política. Noticias sobre acuerdos, traiciones, países que abandonan antiguas alianzas, guerras, regímenes crueles y autoritarios llegan todos los días de todas las esquinas del mundo y si cambias de canal encuentras exactamente lo mismo pero en un marco de fantasía, donde pueblos son liberados por una mujer al mando de un ejército de dragones, donde la muerte es engañada y donde ocasionalmente los buenos ganan… ¿Cómo no va a tener éxito algo así?

Conforme crecemos nos damos cuenta de que los cuentos de Disney no son realistas ¡vamos! Ni siquiera son lógicos, y no es por la existencia de sirenas, hadas madrinas o animales que hablan y cantan, es porque sus tragedias las llevan siempre a un lugar mejor, el malo pierde y no hay sutilezas: lo bueno es blanco y lo malo es negro.

Al fin y al cabo son historias para niños...
Al fin y al cabo son historias para niños...

La serie estrella de HBO nos lleva un paso más allá: los malos no son tan malos y los buenos pueden ser malos también, todo depende del momento y los intereses en juego. La gente ve Game of Thrones casi como una nueva biblia, donde las tragedias existen, la vida no es justa ni hay consuelo inmediato, pero ¡hey! Tenemos dragones y brujas que pueden revivirnos.

No veo la serie, no soy fan —aunque me encanta toda la cultura alrededor de este fandom— pero desde mi “ateísmo” me atrevo a decir que la gente es devota a la serie por 2 razones: escapar de una realidad incluso más violenta con la seguridad de que es una obra de ficción o con la esperanza de que los dragones sean reales y lleguen con el invierno.

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