✨︎ Resumen (TL;DR):
- ETH Zúrich concluye que Ganis Chasma, Dali Chasma y Devana Chasma siguen activos o dejaron de moverse hace apenas unas decenas de millones de años.
- Los flancos de 100 kilómetros o más conservan esa anchura solo si el rift continúa activo o se detuvo recientemente; el modelo reproduce la topografía con una extensión de 3 a 10 centímetros por año.
- El estudio deja a VERITAS y EnVision tres objetivos concretos para comprobar con nuevos datos lo que Magallanes solo permite inferir.
Un equipo de ETH Zúrich concluyó que los rifts de Ganis Chasma, Dali Chasma y Devana Chasma, en Venus, siguen activos o dejaron de moverse hace apenas unas decenas de millones de años. Nature Geoscience publicó el estudio el 24 de julio de 2026; el equipo basa esa lectura en el ancho de los flancos que rodean cada valle y en simulaciones 3D de la relajación de la corteza venusiana.
Durante décadas, los grandes valles de fractura de Venus figuraron como fósiles geológicos, restos de una actividad que habría terminado hace más de 100 millones de años. El trabajo de Xi Yang, Taras Gerya y Anna Gülcher sitúa tres de ellos en una etapa mucho más reciente.
Un rift venusiano es un valle de fractura que aparece cuando la corteza se estira. En estos tres casos, la pista no es un temblor ni una erupción, sino la forma de las lomas que bordean cada valle.

El modelo dejó de estirar la corteza
Durante su maestría, Yang desarrolló el trabajo bajo la supervisión de Gerya y construyó las primeras simulaciones tridimensionales de alta resolución de un rift venusiano. Los modelos anteriores eran casi todos bidimensionales y simplificaban el comportamiento de la roca.
Los investigadores detuvieron la extensión en los rifts simulados y siguieron su evolución durante decenas de millones de años. Mientras un rift se abre, el material que empuja desde abajo eleva a ambos lados unas lomas anchas y altas, los flancos.
Cuando el movimiento cesa, esas lomas se hunden. En la Tierra, el viento, el agua y el hielo las desgastarían. En Venus, como no llueve ni corren ríos, la propia corteza se relaja y las aplana.
Los flancos guardan la edad del movimiento
El modelo ofrece un reloj geológico basado en la anchura de los flancos:
- Con una corteza de diabasa seca extendiéndose a 10 centímetros por año, la anchura mediana pasa de 120 kilómetros a menos de 90 tras alrededor de 1 millón de años, y a menos de 40 después de unos 15 millones de años.
- Con granulita máfica extendiéndose a 3 centímetros por año, la mediana cae de unos 130 kilómetros a 80 tras 3 millones de años y a 60 tras 26 millones de años.
Con esos tiempos, un flanco de 100 kilómetros o más solo se sostiene si el rift sigue activo o dejó de moverse hace muy poco. El ancho no demuestra que el suelo se esté desplazando hoy, pero sí impide tratar automáticamente estos valles como fósiles antiguos.
Magallanes señala tres candidatos
Para aplicar ese criterio, los investigadores midieron 32 perfiles transversales en cada uno de los tres valles reales, usando un modelo topográfico que incorpora datos de Magallanes.
Las zonas de rift venusianas suman unos 40,000 kilómetros de longitud y cubren cerca de 8% de la superficie del planeta. El equipo concentró el muestreo en los segmentos mejor definidos:
- Devana Chasma, en Beta Regio: flancos con una anchura mediana superior a 180 kilómetros.
- Ganis Chasma, en Atla Regio: unos 160 kilómetros y un desnivel de alrededor de 4 kilómetros en su ladera occidental.
- Dali Chasma, también en Atla Regio: unos 110 kilómetros y un desnivel cercano a 5 kilómetros.
Por ancho, los tres superan el umbral de 100 kilómetros que el modelo asocia con actividad actual o con una interrupción reciente.
Devana plantea la excepción
El modelo impone una condición estructural: para formar un valle de rift necesita una litosfera térmica de unos 150 kilómetros y una corteza resistente. Con una litosfera térmica de 100 kilómetros, ninguna de las simulaciones produjo un rift.
Devana Chasma no encaja por completo. Sus laderas son empinadas a ambos lados y su fondo es plano, una combinación que no coincide con ninguno de los modelos del equipo. Los propios autores lo marcan como un caso incómodo. Solo el ancho de su flanco lo incluye en la lista de rifts activos o apagados hace poco.
La tasa de extensión sigue sin medirse
El rango de 3 a 10 centímetros por año no corresponde a una medición hecha en Venus. Es la extensión que, dentro del modelo, reproduce mejor la topografía observada.
Las imágenes de Magallanes datan de principios de los años noventa, tienen más de tres décadas y no permiten detectar desplazamientos de esa escala. Por eso, el modelo ofrece una tasa compatible con la forma del terreno, pero no registra un movimiento actual.
En el comunicado de ETH Zúrich, Taras Gerya resumió el alcance del trabajo: “Los resultados nos ayudan a evaluar mejor la actividad tectónica en Venus”.
Las próximas misiones pueden comprobarlo
El valor práctico del estudio está en reducir una discusión de treinta años a una lista corta de sitios donde apuntar. Gerya y su colega Paul Tackley participan en EnVision, la misión de la ESA que desarrollará instrumentos para analizar la superficie venusiana. La misión tiene previsto su lanzamiento para principios de la década de 2030.
Del lado estadounidense, VERITAS y DAVINCI serán las primeras naves de la NASA en Venus desde los años noventa. NASA señala que VERITAS elaborará los primeros mapas de las regiones donde los procesos geológicos están cambiando la superficie del planeta.
Sue Smrekar dirige la misión desde el Laboratorio de Propulsión a Chorro. VERITAS también promete el primer mapa casi global de la composición de la roca y la primera determinación de si el núcleo es sólido o líquido.
La diferencia entre inferir y medir ya tiene un paralelo en Júpiter: Juno midió por primera vez el calor bajo la superficie de Ío.
Por ahora, Venus tiene un problema de datos, no de hipótesis. Magallanes permite inferir actividad reciente en Ganis, Dali y Devana, pero no confirmar si alguno se mueve hoy. Cuando VERITAS y EnVision entren en órbita, ambas misiones podrán contrastar esos tres sitios con mediciones directas y la discusión dejará de depender solo de simulaciones.
