El dodo no era tonto: su telencéfalo era normal

El dodo no era tonto: su telencéfalo era normal

Tres cráneos muestran que el dodo tenía un telencéfalo normal y posibles hábitos crepusculares.

Por Humberto Toledo el 7 de agosto del 2026 a las 4:12 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un equipo de 11 investigadores escaneó los 2 únicos cráneos completos de dodo y un tercer ejemplar, y comparó sus moldes cerebrales con 57 ejemplares de 36 especies vivas de palomas y tórtolas.
  • El telencéfalo tenía el tamaño esperado para un ave de ese porte. Los lóbulos ópticos ocupaban 0.88% del cerebro y su proporción era más de 3.5 veces menor que la de su pariente vivo más cercano.
  • La posible actividad al amanecer y al anochecer sigue siendo especulativa. Los datos de olfato tampoco permiten afirmar que el dodo tuviera un sentido del olfato agudo.

Un equipo de 11 investigadores escaneó los 2 únicos cráneos completos de dodo que existen y un tercer ejemplar menos completo para reconstruir en 3D el espacio que ocupó su cerebro. El estudio se publicó el 5 de agosto de 2026 en Zoological Journal of the Linnean Society. El resultado no respalda la idea de una capacidad cognitiva reducida, aunque los lóbulos ópticos sí presentan un patrón asociado con aves de poca luz.

El equipo lo encabezaron Sara Citron y Andrew Iwaniuk, de la Universidad de Lethbridge, en Canadá. Participaron investigadores del Smithsonian, el Natural History Museum de Londres, los Museos Nacionales de Escocia, la Universidad de Copenhague, ELTE de Budapest y la Universidad Flinders, en Australia.

La comparación reunió 57 ejemplares de 36 especies vivas de palomas y tórtolas, además de 3 cráneos de dodo y 4 del solitario de Rodrigues, el pariente extinto más próximo. Ese conjunto permite separar el efecto del tamaño corporal de las diferencias propias del dodo.

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El telencéfalo no respalda la fama de ‘tonto’

La tomografía computarizada es una técnica de imagen que permitió reconstruir en 3D el espacio que ocupó el cerebro dentro de cada cráneo.

El telencéfalo es una región cerebral que en las aves se relaciona con la innovación conductual y la resolución de problemas. Los autores calcularon su volumen y lo compararon con la línea que forman las palomas vivas. Ni el dodo ni el solitario de Rodrigues se apartan de esa relación.

En los términos del artículo, la idea de que el dodo tuviera una capacidad cognitiva disminuida frente a otras palomas carece de respaldo empírico. Andrew Iwaniuk dijo en el comunicado de Flinders University que no hay evidencia de que el dodo fuera menos inteligente que sus parientes y recordó que las palomas son bastante listas.

El cráneo del dodo tiene una bóveda abombada y una forma poco común. Aun así, la región cerebral vinculada con la cognición salió del tamaño que corresponde a un ave de ese porte. El volumen del cerebro, por sí solo, tampoco coincide siempre con lo que un animal puede hacer en otros linajes.

Los lóbulos ópticos apuntan a la penumbra

El contraste aparece en los lóbulos ópticos. En el dodo ocupan 0.88% del cerebro. Su proporción es más de 3.5 veces menor que la de la paloma de Nicobar, su pariente vivo más cercano. En el solitario de Rodrigues, el valor llega a 2.47%.

Los autores transformaron la superficie en un volumen del techo óptico y lo colocaron junto a los datos publicados de otras aves. El solitario quedó entre las especies diurnas; el dodo, cerca de los búhos. En las palomas actuales, el techo óptico promedia 9.55% del volumen cerebral. En los búhos representa 2.25% y en los kiwis, entre 0.38% y 0.6%.

Los ojos van en dirección contraria. Las órbitas del dodo son unos 9% más grandes que las de la paloma de Nicobar, medidas contra la longitud de la base del cráneo. El diámetro interior del anillo esclerótico del ejemplar de Oxford mide 14.39 mm. Ese registro permite estimar un ojo de unos 23 mm de eje y una agudeza visual de 27 ciclos por grado, la misma que se ha reportado para el arrendajo euroasiático y la graja.

La hipótesis crepuscular aún no está probada

Un ojo grande combinado con lóbulos ópticos pequeños aparece en aves que se mueven en penumbra. Vera Weisbecker, profesora de Biología Evolutiva en Flinders y coautora del estudio, explicó que los lóbulos ópticos pequeños suelen indicar que la luz llega al cerebro por menos nervios. El patrón aparece en el perico nocturno australiano y el kakapo de Nueva Zelanda, dos aves que dependen poco de la vista.

El solitario de Rodrigues funciona como control. Era más grande que el dodo, pero sus ojos y sus lóbulos ópticos se parecen a los de una paloma normal. El gigantismo, por tanto, no explica la anomalía del dodo. La paloma de Nicobar es la única paloma viva con actividad crepuscular documentada de forma regular.

El estudio no demuestra que el dodo fuera nocturno. Los autores califican de especulativa la hipótesis de que se moviera al amanecer y al anochecer, aunque Sara Citron declaró a la prensa que el equipo se siente bastante seguro de esa posibilidad. El resultado firme es más estrecho: el tamaño relativo del telencéfalo del dodo no difiere del de otras palomas.

Olfato y oído tienen límites claros

Los titulares que hablan de un olfato agudo van más lejos que los datos del artículo. El equipo solo pudo reconstruir los bulbos olfativos en 2 de los 3 cráneos. En el ejemplar de Londres ocupaban 3.44% del molde endocraneal; en el de Oxford, 1.36%, pese a que ambos tenían volúmenes cerebrales casi idénticos.

Al promediar los dos casos, la diferencia resultó estadísticamente significativa. Al analizarlos por separado, solo el ejemplar de Londres alcanzó ese resultado. Aubrey Keirnan, estudiante de doctorado en Flinders y coautora, reconoce que el equipo sospecha una dependencia fuerte del olfato, pero también que no existen datos comparativos suficientes para probarla.

Con el oído ocurre algo parecido. El conducto coclear óseo del dodo es 40% más largo que el de la paloma de Nicobar. La ecuación estándar produce una frecuencia óptima de audición de 0.7 kHz, muy por debajo del rango de 1 a 5 kHz en el que las aves suelen ser más sensibles.

Los propios autores advierten que los rangos que arroja el modelo resultan biológicamente inverosímiles. El emú, que tiene uno de los conductos más estrechos documentados, todavía abarca unos 4 kHz. La conclusión que resiste es modesta: el dodo y el solitario de Rodrigues probablemente emitían sonidos graves.

El nervio trigémino aporta una pista secundaria. Su rama oftálmica, que inerva el pico superior, aparece agrandada en el dodo, pero no en el solitario. Eso encaja con el pico superior desproporcionado del dodo. La rama que atiende el pico inferior no muestra cambios.

La fama de ‘tonto’ se construyó con relatos parciales

Los autores señalan que el mote de ‘estúpido’ nunca se aplicó al solitario de Rodrigues. Dos náufragos que quedaron varados en la isla, François Leguat entre 1691 y 1693 y Julien Tafforet entre 1725 y 1726, describieron a esa ave como intensamente agresiva con los miembros de su propia especie.

Del dodo, en cambio, casi todos los relatos que sobrevivieron los escribieron marineros que lo estaban cazando. La ausencia de miedo encaja con lo que se espera de una especie insular sin depredadores mamíferos. La selección de testimonios terminó convirtiendo la ingenuidad del ave en una supuesta prueba de estupidez.

Citron lo resumió así: “Llamarlos ‘estúpidos’ por ser ingenuos hace parecer que merecían extinguirse.”

El genoma puede resolver lo que el cráneo no

El equipo apunta a una siguiente prueba: revisar los genes de fototransducción permitiría saber si el sistema visual del dodo estaba preparado para poca luz. El repertorio de receptores olfativos, por su parte, ayudaría a resolver la discusión sobre el olfato.

Beth Shapiro, la paleogenetista que fue la primera en secuenciar el genoma completo del dodo, participa en el proyecto de desextinción de Colossal Biosciences. En septiembre de 2025, la empresa anunció el primer cultivo prolongado de células germinales primordiales de paloma y 120 millones de dólares adicionales de financiamiento.

Una mudanza puso el cráneo bajo el escáner

Los dos únicos cráneos completos de dodo que se conservan en el mundo están en el Natural History Museum Denmark, en Copenhague, y en el Oxford University Museum of Natural History. El tercer cráneo que entró al estudio, menos completo, pertenece al Natural History Museum de Londres. El equipo añadió 4 cráneos del solitario de Rodrigues para la comparación.

El cráneo de Copenhague llevaba siglos en una vitrina del Natural History Museum Denmark. El museo prepara un edificio nuevo con salas permanentes que abrirán en 2027. La mudanza permitió pasarlo por una tomografía de alta resolución sin tocarlo.

El dodo desapareció a finales del siglo XVII

Los marineros neerlandeses llegaron a Mauricio en 1598. La revista BBC Wildlife sitúa la extinción del dodo 64 años después. El artículo científico evita una fecha tan cerrada: habla de varias décadas de convivencia con los humanos y, en las estimaciones más optimistas, de casi un siglo. El solitario de Rodrigues desapareció alrededor de 1761.

El dodo lleva más de tres siglos funcionando como imagen de la extinción causada por humanos. El estudio no lo convierte en un genio ni cambia su destino. Sí separa lo probado de lo sugerente: su telencéfalo no era pequeño para su tamaño; la actividad crepuscular y una posible dependencia fuerte del olfato todavía esperan confirmación.

El museo de Copenhague abrirá sus salas permanentes en 2027 con el cráneo escaneado. La respuesta pendiente está en los genes de fototransducción y en los receptores olfativos, no en repetir que el dodo era tonto.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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