✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un estudio detectó una comunidad activa de microorganismos con fuerte afinidad marina alrededor de Blood Falls, en la Antártida.
- El equipo examinó 167 muestras; las diatomeas marinas superaron 60% de la comunidad y se acercaron a 80% en algunos análisis.
- Los resultados favorecen la hipótesis de que la salmuera proviene de agua de mar que quedó aislada durante una etapa más cálida, pero no fechan su aislamiento ni prueban que la comunidad original permanezca intacta.
Un equipo de investigadores encontró una comunidad activa de microorganismos con afinidad marina alrededor de Blood Falls, el flujo rojo que sale del glaciar Taylor, a más de 32 kilómetros del océano en los Valles Secos de McMurdo, Antártida. El estudio, publicado el 3 de agosto de 2026 en Nature Geoscience, refuerza la hipótesis de que la salmuera procede de agua de mar que quedó aislada durante una etapa más cálida, pero no fecha su aislamiento ni demuestra que la comunidad actual sea la original.

El hierro explica el rojo, no el origen del agua
Blood Falls vierte lentamente una salmuera rica en hierro hacia el lago Bonney. Mientras permanece aislada bajo el hielo, el hierro está disuelto y no pinta el agua de rojo.
Cuando la salmuera alcanza la superficie y entra en contacto con el oxígeno, el hierro se oxida. El color aparece por un proceso más cercano a la formación de herrumbre.
Durante años, la química apuntó a un origen marino. Una explicación propone que el océano inundó el valle Taylor durante una etapa cálida. Cuando bajó el nivel del mar y avanzó el glaciar, parte de esa agua habría quedado atrapada.
El nuevo trabajo añade evidencia biológica. La composición de los microorganismos hallados cerca de la salida se parece mucho más a la de ambientes oceánicos que a la de los arroyos y lagos de agua dulce cercanos.
Angela Zoumplis, autora principal e investigadora de Yale y del J. Craig Venter Institute, resumió la señal encontrada en el lugar: “Vimos una señal marina sorprendentemente fuerte”.
Para Zoumplis, el patrón indica que el lugar podría conservar rastros de una conexión antigua entre los Valles Secos y el mar.
167 muestras apuntan a una señal localizada
El equipo reunió 167 muestras del extremo del glaciar Taylor, de otros ambientes de los Valles Secos, de material depositado por el viento y de sitios marinos de referencia en el estrecho de McMurdo. Analizó agua, hielo, aire, lodo y sedimentos mediante secuenciación molecular y metatranscriptómica.
La comparación separó la comunidad de Blood Falls de los microorganismos terrestres o de agua dulce que dominaban otros puntos de la región. Los resultados principales fueron:
- Las diatomeas asociadas con ambientes marinos representaron más de 60% de la comunidad de diatomeas en las muestras cercanas a Blood Falls.
- En algunos análisis, esa proporción se acercó a 80%.
- Los eucariotas compartidos con muestras oceánicas cercanas alcanzaron 9.34% en el extremo del glaciar, frente a 1.15% en otros sitios de los Valles Secos.
- La comunidad incluyó diatomeas, dinoflagelados, ciliados y otros eucariotas microscópicos, organismos cuyas células poseen núcleo.
- Las firmas marinas fueron escasas en el material recogido del viento. Por eso, el transporte atmosférico moderno no explica por sí solo su concentración junto a la descarga roja.
El viento no queda descartado como vía secundaria. Si los microorganismos hubieran llegado únicamente desde la costa en épocas recientes, los investigadores esperarían encontrarlos más dispersos por el valle y con mayor parecido genético a las comunidades modernas del estrecho de McMurdo. El patrón observado fue localizado y distinto.
El ARN distingue actividad de simples rastros
Encontrar ADN habría confirmado que ciertos organismos estuvieron ahí, pero no necesariamente que siguieran vivos. Por eso, el equipo estudió ARN ambiental mediante metatranscriptómica.
La metatranscriptómica es una técnica que permite examinar qué genes están siendo expresados a partir del ARN ambiental.
Los datos revelaron actividad en eucariotas fotótrofos, capaces de aprovechar la luz como fuente de energía. El equipo observó expresión genética relacionada con fotosíntesis, reparación celular, respuesta al estrés y supervivencia en condiciones salinas.
Los datos también mostraron que la comunidad respondía a ciclos de congelación y deshielo, exposición al hierro y periodos prolongados de inactividad.
La salmuera podría funcionar como refugio porque la sal reduce el punto de congelación del agua. El sistema contiene hierro, sílice y otros materiales, y en ocasiones se mezcla con agua de deshielo.
Algunos organismos identificados forman células de reposo, quistes o esporas, recursos que les permitirían esperar condiciones menos hostiles.
La señal marina no fecha el aislamiento
El estudio no encontró una copia intacta de un océano antiguo bajo el hielo. Detectó una comunidad activa en el hielo, el lodo y los sedimentos del extremo del glaciar, zonas que reciben la descarga de Blood Falls.
El hallazgo tampoco demuestra que todos esos organismos vivan dentro del reservorio salino subglacial. Las especies eucariotas estudiadas no se consideran habitantes directos del depósito bajo el glaciar; la evidencia proviene de la comunidad localizada alrededor de la salida y de los ambientes que reciben la descarga.
Las estimaciones previas sobre el aislamiento no coinciden. Una sitúa el encierro de la salmuera hace al menos 1.5 millones de años; otra coloca la posible separación del océano alrededor de 2 millones de años. El nuevo estudio no entrega una fecha definitiva.
La comunidad actual no tiene por qué ser idéntica a la que entró con el antiguo mar. Los autores plantean una historia con varias capas: organismos de origen marino introducidos durante inundaciones pasadas, posible redistribución dentro del valle, una contribución moderna limitada y una selección severa impuesta por el frío, la sal y el hierro.
Andrew Allen, autor sénior del estudio y profesor de Scripps Institution of Oceanography y JCVI, explicó que los microorganismos podrían ayudar a acotar la fecha de la inundación y del posterior aislamiento. Para convertir esa posibilidad en una fecha, harán falta nuevos análisis de las diferencias genéticas de los microorganismos y de la historia geológica del valle.
La química ya sugería que Blood Falls guardaba agua de mar antigua. Ahora, una comunidad activa con afinidad marina aporta una línea de evidencia biológica independiente. El siguiente paso es determinar si las diferencias moleculares, combinadas con la historia geológica del valle, pueden convertirse en un reloj confiable para ubicar cuándo el océano, el hielo y la tierra dejaron de estar conectados en esa zona de la Antártida.
