Con frecuencia se cree que las peores amenazas a la vida en la Tierra provienen del espacio exterior. Cataclísmicos meteoritos, fulminantes llamaradas solares, fatídicos agujeros negros, pareciera que el universo conspira contra nosotros, pero no nos damos cuenta que hasta nuestro planeta hogar podría tener preparadas maliciosas sorpresas.
Un equipo conformado por investigadores del MIT, además de científicos de prestigiosas universidades en Colombia y México, encontró evidencia de que anterior a la masiva extinción de los dinosaurios, una serie de colosales erupciones volcánicas acabó con el 75% de las especies en el periodo triásico. Así que los gigantescos reptiles no tuvieron la primicia, antes de ellos toda clase de moluscos marinos y monstruosos anfibios perdieron la vida en cantidades descomunales.
El océano Atlántico fue resultado de este fenómeno, ante la separación del continente Americano y Africa
De acuerdo con los descubrimientos, el proceso que fragmentó a Pangea tuvo 600,000 años para disparar constantes dosis de carbono a la atmosfera, lo que acidificó los océanos y en consecuencia, aniquiló los corales. Mirándolo desde una perspectiva favorable, esta contaminación ambiental sirvió para que la genética de los sobrevivientes se adaptara al ambiente hostil, dando pie a criaturas más resistentes que siguieron subsistiendo ante millones de años de agresivas condiciones.
Irónicamente no es la madre naturaleza la que atenta contra la actual estabilidad del ecosistema, sino la humanidad y de no frenar la contaminación, podrían repetirse las condiciones en que se dio esa primera extinción.
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