El exagente de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés), Edward Snowden, apareció de manera sorpresiva este jueves durante una sesión de preguntas y respuestas con el presidente ruso, Vladimir Putin.
En lo que se percibe como una maniobra de relaciones públicas, Snowden preguntó al mandatario si Rusia almacenaba o analizaba la comunicación de miles de individuos y si incrementar la efectividad de sistemas internos de seguridad justificaría estas acciones. Putin respondió: “Sr. Snowden, usted es un exagente, un espía, yo solía trabajar para un servicio de inteligencia, vamos a hablar en el mismo lenguaje.”, y añadió que en su país no existe un programa de espionaje similar al que la NSA lleva a cabo en Estados Unidos: “Nuestros agentes están controlados por la ley. Se tiene que obtener permiso de la corte para someter a un individuo a vigilancia. No damos permiso masivo y nuestra ley hace imposible que ese tipo de permiso exista.”
Putin también comentó que tanto criminales como terroristas dependen de este tipo de interceptación de comunicación, y que esas acciones exigen la respuesta de un servicio de seguridad: “Tenemos que usar medios técnicos para responder a sus crímenes, incluyendo aquellos de naturaleza terrorista, si tenemos programas como esos. No tenemos control masivo. Espero que no hagamos eso.”
Estas declaraciones fueron tomadas con escepticismo por las naciones occidentales, pues recientemente salió a la luz un sistema de vigilancia ruso llamado Sorm, capaz de capturar comunicaciones telefónicas, tráfico de Internet y datos de suscriptores de servicios de telecomunicaciones como grabaciones y geolocalización. A esto se suma que, aunque Rusia no cuenta con agencias especializadas como la NSA, una enorme cantidad del malware y spyware presente actualmente en la red, es de origen ruso.