Hoy, 20 de marzo, un grupo de taxistas se manifestaron en Milán, Italia, para protestar en contra de Uber, la app de viajes compartidos en automóvil. Los participantes demandaban a las autoridades prohibir el servicio que, según los taxistas de la ciudad, es ilegal.
La protesta fue en contra de todo tipo de aplicaciones que ofrezcan este servicio, pero en particular, contra Uber, que permite a sus usuarios localizar al chofer más cercano.
De acuerdo con Uber, las compañías de taxis locales han confrontado a los conductores de la ciudad que forman parte de este servicio e incluso han dañado sus vehículos.
El argumento de los sindicatos de taxistas es que la app permite a vehículos recibir órdenes de pasaje mientras están en movimiento, lo que viola una ley impuesta en 1992 que describe a los conductores contratados como un servicio que se ordena desde un garaje en donde tiene su base el servicio.
En julio, el Consejo municipal estipuló que los automóviles de Uber debían regresar a la central de la compañía antes de poder tomar una orden de pasaje, pero este requerimiento fue suspendido por una corte regional debido a que lo calificó de irracional dada la abundancia y la adopción de los teléfonos celulares.
Vincenzo Mazza, taxista de 62 años de edad, comenta: “Se roban nuestro trabajo, es absolutamente ilegal, y usan leyes americanas… lo que los pone sobre nuestras reglas locales. Nunca lo aceptaremos.”
Milán no es la única ciudad en donde los transportistas locales han rechazado el servicio de Uber, ya que en enero ocurrió una protesta violenta en París. En varias ciudades de Estados Unidos, entre ellas Chicago, la aplicación ha sido bloqueada por ley.
Este tipo de casos muestran la urgencia de una legislación para este tipo de servicios, en donde el gobierno, los transportistas y los desarrolladores de las aplicaciones lleguen a un acuerdo en la manera en que deben operar estas nuevas tecnologías.