“Las sustituciones por medio de software, ya sean de conductores, meseros o enfermeras… está progresando. Con el paso del tiempo, la tecnología reducirá la demanda por trabajos, particularmente en los sectores que operan mediante habilidades simples… en 20 años, la demanda por muchos conjuntos de habilidades será sustancialmente más baja. No creo que la gente tenga eso en su modelo mental.”
Gates tiene mucha razón, nuestro sistema de organización social parece no estar preparado para la paradoja al capitalismo que el desempleo tecnológico representa. El progreso de la automatización avanza a pasos agigantados mientras nuestra sociedad sigue dependiendo totalmente de un sistema de intercambio basado en labor humana y su prestación de bienes y servicios.

Y he aquí la contradicción de un sistema que necesita del perpetuo consumo de los participantes para mantenerse saludable, un sistema en cuyas corporaciones buscan reducir costos para brindar precios accesibles y en el que una de las maneras más fáciles y eficientes de cortar gastos, es automatizar la flotilla de trabajadores, pues las máquinas no necesitan descansos, horas de comida, no se les muere la abuela, pueden trabajar incansablemente y en algunos casos, lo hacen más eficientemente que los humanos. Pero el sistema también necesita una constante oleada de consumo, imposible de lograr sin trabajadores que realicen tareas de producción por dinero y que reinviertan en bienes y servicios.
Si se desplaza la labor humana los seres humanos no tienen poder adquisitivo, y si no tienen poder adquisitivo no pueden activar la economía consumiendo
Así que, las empresas necesitan ganar dinero para pagarle a sus empleados, que a su vez necesitan trabajar para ganar dinero y comprar bienes y servicios. La mejor manera que las compañías tienen para incrementar sus ganancias es incrementando producción y reduciendo costos, lo que las lleva a comprar máquinas y a despedir empleados, los cuales se quedan sin trabajo y por lo tanto sin dinero para adquirir bienes y servicios, situación que disminuye el margen de ganancias de las empresas, pues cada vez hay menos consumidores con el poder adquisitivo para adquirir sus bienes y servicios. Ad Absurdum….
El concepto del desempleo tecnológico no es nuevo, y hasta el famoso economista Maynard Keynes en su ensayo mayormente optimista titulado; Posibilidades económicas para nuestros nietos, expresó sus preocupaciones de lo que llamó una “nueva enfermedad”.
[rightquote]Al parecer no hay salida sencilla a esta contradicción que en un futuro no muy lejano será muy aparente[/rightquote]
Por supuesto, como menciona David Autor, un economista del Massachusetts Institute of Technology (MIT), el hecho de que un trabajo pueda ser automatizado no significa que lo será, pues el costo relativo también es importante. Mientras que Nissan tiene una producción de autos en Japón que depende fuertemente de robots, no lo hace así en India, en donde la firma depende más en mano de obra local barata.
La mayor parte de los economistas modernos descartan confiadamente las preocupaciones que plantea el desempleo tecnológico, pues están seguros que al incrementar la productividad, cualquier automatización que disminuya el uso de labor humana, aumentará las ganancias, lo que generará demanda por nuevos productos y servicios que a su vez crearán nuevos empleos para los trabajadores despedidos. Durante la mayor parte del tiempo, estos economistas estuvieron en lo correcto y los avances tecnológicos resultaron en nuevos empleos y en una mejor calidad de vida para una creciente cantidad de personas alrededor del mundo, aunque la predicción de Kaynes de que solo trabajaríamos 15 horas a la semana no se ha dado.

El planteamiento anterior parece no tomar en consideración que esos nuevos productos y servicios también necesitarían de mano de obra que, siguiendo su misma regla, serían otorgados directamente a máquinas que disminuyan los costos. Esta absurda serpiente comiéndose la cola parece satisfacer su necesidad de una respuesta con mejores fundamentos y no toma en cuenta que vivimos en un planeta de recursos finitos (pero ese es otro tema).

Otros economistas tratan de desechar el problema diciendo que la población se volverá cada vez más inteligente y que gracias a esto la gente obtendrá diferentes y mejores empleos. Dichos profesionales ponen como ejemplo el grado de analfabetismo que había hace siglos, comparado con el de ahora. Y en efecto, el grueso de los habitantes del planeta ha visto un incremento en su capacidad de aprendizaje y cultura en general, y hasta cierto nivel, los economistas tienen razón, pues la era digital ha traído consigo una oleada de nuevas profesiones, pero ¿habrá los suficientes empleos para satisfacer la demanda de una población de 7,000 millones de genios?, ¿Qué pasará con la parte de la humanidad que no tenga acceso a la información, a una educación promedio?

El planteamiento de Gates habla precisamente de este sector de la población que requiere de empleos que necesitan habilidades simples, esos, dice el fundador de Microsoft, son los que desaparecerán pues las computadoras y las máquinas son excepcionalmente buenas para desglosar rápidamente tareas, hasta cierto grado complejas, en pequeñas tareas simples, algo que por el momento se asigna a cierto sector de la población. Y en algo en que Gates tiene razón, es que en realidad esto no es algo para lo que nuestra sociedad esté preparada.
Un mundo en donde todos sus habitantes tengan un nivel educativo avanzado y el desempleo tecnológico saque del juego profesiones como conductores, obreros, ensambladores o repartidores no es algo que tengamos planeado, pues al menos una enorme mayoría de la población mundial se encuentra empleada en este tipo de actividades, a veces sin importar su nivel profesional.
Analizando este problema, por supuesto uno podría pensar en las veces que, en el pasado, la automatización no nos llevó a un colapso social, sino a una era de mayor abundancia, en donde se crearon productos de menor precio y mayor calidad, una era con una mejor calidad de vida en donde todos somos felices y los pajarillos se acercan a cantarnos en el oído mientras manejamos nuestro Tsuru camino a Wal-Mart. Pero la realidad es un poco diferente.
En las ocasiones en las que la automatización ha mejorado nuestras vidas, siempre ha habido una industria que reemplaza los empleos perdidos, como lo fue la manufactura para el sector agropecuario. Para poner un ejemplo, en 1860, 60% de la fuerza laboral de Estados Unidos trabajaba en la agricultura, hoy cerca de 1% de los trabajos en el país son producto de esta industria. Los mismos avances tecnológicos que causaron esta reducción, hicieron que muchos de estos trabajadores se movieran al sector de la manufactura y tras la revolución industrial, en 1950, 33% de todo el empleo en Norte América fue responsabilidad de diversos tipos de fábricas, hoy solo 8% de ellos permanecen activos. Así que, en resumen, en la era moderna, alrededor de 9% de los trabajos en EE. UU, son responsabilidad de estas industrias. ¿A dónde se fue el resto? La enorme mayoría al sector servicio, que emplea alrededor de 82% de la población de la Unión Americana. Y es precisamente por esto que la preocupación de Gates es legítima, ya que hasta el momento no existe otro tipo de labor que pueda acoger a los que pierdan su trabajo debido a la automatización de sus empleos, que cada vez es más precisa y eficiente.

Ejemplos de que el sector servicio está siendo delegado a soluciones automáticas hay muchos y muy evidentes, desde los cajeros automáticos hasta las máquinas expendedoras son casos en los que se ha reemplazado directamente a los trabajadores, pero también hay casos indirectos como Amazon, una tienda en donde se reemplazan una gran variedad de empleos debido al uso de Internet y de software especializado en distribución y organización de productos y en donde, por ejemplo, no se necesitan personas que reciban a los visitantes de sus establecimientos o personal que etiquete los precios de los productos.
En cuanto a empleos más complejos, pero también del sector servicio, podemos mencionar al restorán alemán ‘s Baggers que entrega la comida por medio de rieles y elimina por completo la necesidad de meseros. En el tema de la construcción y albañilería podemos destacar nuevas tecnologías de impresión 3D que permiten construir una casa de 230 m² en solo 20 horas. Y ya que hablamos de este tipo de manufactura aditiva, esta no solo es un método conveniente de construcción, sino que puede traer consigo una tercera revolución industrial que elimine en gran medida la necesidad de entregas y manufactura en masa de productos simples, pues uno bien podría imprimir una cuchara o un vaso de plástico a su gusto, o crear un porta llaves sin la necesidad de tener que salir a la tienda o pedir sus productos por Internet. Esta es una tecnología que apenas inicia, pero si la ley de Moore nos ha enseñado algo, es que el progreso de no solo las computadoras, sino de la humanidad en general crece exponencialmente, así que en unos cuantos años, las impresoras 3D bien podrían ser un exitoso producto comercial que haga obsoletos muchos servicios y empleos.

Un ejemplo más reciente de la automatización de trabajos que hace años los economistas llamaban irremplazables es la de chofer, pues se pensaba que la conducción de autos en condiciones de tránsito pesado por medio de robots era imposible, pero Google, con sus autos inteligentes, ha demostrado que el dominio de este tipo de tareas por parte de las máquinas está a la vuelta de la esquina.

Pero las máquinas ya no dependen únicamente de sus componentes individuales, sino que pueden acceder a redes de conocimiento como la base de datos llamada Rapyuta que permite a los robots acceder a ella para aprender de las experiencias del conjunto en una especie de red computacional exclusiva para robots. Esta red elimina en parte la cantidad de hardware que las máquinas necesitan, pues la mayoría del procesamiento se lleva a cabo en la nube, lo que abre un enorme mundo de posibilidades a la automatización de un sinfín de tareas.
Muchos podrían temer a este tipo de redes computacionales, pues la ciencia ficción se ha encargado de presentarnos a los autómatas como una raza que toma conciencia de sí misma por métodos desconocidos y misteriosos para dominar al mundo, pero olvidan que los robots son creados por nosotros como herramientas de trabajo y no como seres sapientes con consciencia del ser (por más romántica y atractiva que sea la idea).
En lo que todos podemos estar de acuerdo que tanto Internet, como los cajeros automáticos, la impresión 3D, el software en general, los autos inteligentes y la automatización, han sido, o serán inventos que enriquecen nuestras vidas, al delegar tareas repetitivas a las máquinas, así que podemos concluir que el problema no está en su utilización.
En esta gráfica, cortesía del sitio Business Insider, se puede apreciar la probabilidad de que diferentes tipos de empleos desaparezcan en 20 años.

El problema radica en que el desempleo tecnológico mediante el uso de nueva tecnología, irónicamente, equivale a una mayor productividad y mayores beneficios, lo que significa que el sistema actual de organización social está literalmente negándonos una abundancia de producción por el simple hecho de necesitar labor humana para su auto preservación. Esto, en un mundo en donde 1,000 millones de personas viven en condiciones de hambruna.
Lo que me lleva a la siguiente pregunta: ¿El enfoque de la sociedad debería ser crear y preservar empleos? o ¿maximizar la producción mediante el libre uso de la tecnología con el propósito de crear abundancia?
Por supuesto esta es una cuestión que no es sencilla de resolver, y requerirá de mucho esfuerzo y planeación, necesitamos una forma de organización social que no esté basada en dar valor absoluto a la escasez y permita la abundancia y no hay mejor tiempo para hacer eso que ahora.
Tenemos que ser honestos con nosotros mismos y pensar en si es que un sistema de crecimiento continuo basado en el consumo es infinitamente sustentable, y reflexionar si necesitamos un cambio de paradigma a un sistema que no requiera que la mayoría de la gente esté sujeta a un tipo de esclavitud pagada para obtener bienes y servicios, necesitamos un sistema que no detenga el progreso de la humanidad tan solo para auto preservarse y que beneficie a la mayoría.

La tecnología, las máquinas, el software, y los avances técnicos de la humanidad en general nos tienen en un lugar sin precedentes en la historia, un lugar en el que podemos usar nuestro conocimiento y aplicar el método científico como forma de organización social. Por primera vez tenemos la oportunidad de crear abundancia, de usar la tecnología para nuestro beneficio absoluto y dejar de vivir en un mundo en donde el sistema limite nuestro avance, sino que nuestro avance mismo sea el propósito del sistema.
Necesitamos empezar por crear nuevos modelos de negocios que no requieran el crecimiento desmedido e interminable de empresas, que se expanden por el simple hecho de crecer cada vez más, pues es el movimiento que nuestro sistema actual recompensa y es lo que socialmente consideramos como progreso. En la naturaleza este tipo de comportamiento se llama cáncer, todos sabemos que no es saludable y poco a poco hemos observado que tampoco es sano en nuestro medio ambiente.
El principal propósito de la tecnología es liberarnos de tareas mundanas, que parecen carecer de propósito, pues el ser humano busca naturalmente gastar su tiempo en actividades que lo hagan sentir de utilidad y bien consigo mismo y estoy seguro que este instinto natural nos hará aceptar cada vez más la automatización de nuestras vidas para perseguir metas más puras y gratificantes, mientras delegamos la labor repetitiva y rutinaria a las máquinas (según lo permita la tecnología), y creo firmemente que ningún sistema por más arraigado que esté puede detener nuestro espíritu de libertad y evolución.

El principal problema de este cambio de paradigma es que aquellos que toman ventaja del actual sistema lo defenderán con uñas y dientes, pues es la forma en la que se han manejado toda su vida, es su modus vivendi, lo que les da de comer, lo que les proporciona una ventaja competitiva y a lo que están acostumbrados. Pero por más que quieran aferrarse a modelos de negocios anticuados, el desempleo tecnológico llegará tarde o temprano y la insustentabilidad del sistema actual será en extremo aparente y será tiempo de un cambio.
Gates simplemente expresó lo que muchos analistas y economistas saben desde hace tiempo. Necesitamos plantear un fuerte cambio de paradigma y prepararnos para el inevitable arribo del desempleo por automatización, un cambio que nos lleve por el rumbo de una sociedad funcional, enfocada en la evolución y no uno que nos lleve al mundo de Mad Max.