
Que Facebook haya cumplido su objetivo es cuestionable. En términos simples, el nuevo logo sí se ve más llamativo y agradable a la vista, pero a cambio perdió toda identidad; aunque claro, al final a la mayoría de la gente ni siquiera le importará la transformación o, simplemente, no se darán cuenta. Pero sería lamentable que el cambio pase desapercibido, porque representa una ideología a gran escala en la forma que Facebook está haciendo las cosas: simplificar la funcionalidad, hacer más accesible la interfaz y crear un entorno amigable desde cualquier perspectiva.

Lo anterior podría ser muy positivo, siempre y cuando tenga un fundamento bien enfocado —simplicidad para agilizar las cosas—. Por otro lado, también podría conducir a una nueva era de saturación publicitaria, más estilizada, pero también más persistente y molesta. No es un secreto que los algoritmos y servicios de Facebook desarrollados en fechas recientes están orientados para favorecer a los anunciantes y no tanto a los usuarios. ¿Qué piensas del nuevo logo de Facebook? ¿Crees que hará una diferencia?
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