✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un ensayo con 100 adultos comparó tres, dos, una o ninguna sesión semanal después de cuatro semanas de entrenamiento inicial.
- Tras ocho semanas, la presión sistólica había bajado 13,73 mmHg con tres sesiones, 6,95 mmHg con dos y 6,56 mmHg con una.
- El estudio no demuestra que empezar con una sola sesión semanal produzca el mismo efecto.
Investigadores evaluaron en 100 adultos si reducir la frecuencia de sentadillas isométricas contra la pared conservaba la reducción de la presión arterial sistólica. Una sesión semanal ayudó a mantener parte del descenso durante cuatro semanas, pero solo después de un mes con tres sesiones por semana; quienes mantuvieron tres registraron la mayor reducción. Publicado el 29 de septiembre en BMJ Open Sport & Exercise Medicine, el ensayo no demuestra que comenzar con una sesión semanal produzca el mismo efecto.

El ensayo comparó cuatro frecuencias
Los investigadores asignaron a los participantes a cinco grupos. Cuatro grupos realizaron inicialmente sentadillas en pared tres veces por semana durante cuatro semanas. El quinto funcionó como grupo de control y no siguió el entrenamiento. Antes de iniciar, los investigadores determinaron de forma individual la intensidad de los ejercicios.
El ejercicio isométrico es una actividad en la que los músculos se contraen mientras el cuerpo mantiene una posición fija. En este ensayo, cada sesión incluyó cuatro periodos de sentadilla, con descansos sentados entre ellos.
Durante las cuatro semanas siguientes, los grupos que habían entrenado siguieron con tres, dos, una o ninguna sesión semanal. Los investigadores midieron la presión arterial al inicio, a las cuatro semanas y al terminar la octava.
Tres sesiones conservaron el mayor descenso
Al finalizar el ensayo, el promedio de la presión sistólica había bajado desde el inicio:
- 13,73 mmHg en el grupo que continuó con tres sesiones semanales.
- 6,95 mmHg en el grupo que siguió con dos.
- 6,56 mmHg en el grupo que hizo una sesión semanal.
La presión sistólica es el primer número de una lectura y refleja la presión cuando el corazón se contrae.
Quienes dejaron de entrenar perdieron la reducción inicial. Al terminar el estudio, sus valores ya no mostraban una diferencia significativa frente al grupo de control. Además, solo el grupo de tres sesiones conservó mejoras en otras mediciones cardiovasculares.
Qué no demuestra el estudio
Los 100 participantes tenían una presión sistólica de entre 120 y 140 mmHg, realizaban poca actividad física y no tomaban ni habían tomado medicamentos para la presión arterial. Por eso, los resultados no se pueden trasladar directamente a personas que reciben tratamiento para la hipertensión ni a otros grupos que el ensayo no estudió.
La fase de mantenimiento duró solo cuatro semanas. Los participantes y el investigador que dirigió el ensayo conocían la asignación de los grupos. Hace falta investigación de mayor duración y con poblaciones más diversas para saber si los efectos se mantienen y a quiénes benefician.
El ejercicio no sustituye los medicamentos recetados. Quien tenga hipertensión, enfermedad cardiovascular u otra limitación puede consultar con un profesional de salud antes de comenzar o modificar una rutina. Cualquier cambio de tratamiento debe hacerse con su equipo médico.
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