💡 Resumen (TL;DR):
- Usuarios en Estados Unidos demandaron a Meta por publicidad engañosa y violaciones a la privacidad de sus gafas inteligentes.
- Una investigación descubrió que trabajadores de Kenia revisan audios y videos íntimos de los clientes para entrenar inteligencia artificial.
- Más de 7 millones de personas compraron el dispositivo en 2025 y sus datos se envían a los servidores sin opción de bloqueo.
Meta y Luxottica enfrentan una demanda en Estados Unidos tras revelarse que contratistas en Kenia revisan el contenido grabado por los usuarios de sus gafas inteligentes Ray-Ban. Los demandantes acusan a la compañía de publicidad engañosa al vender el hardware bajo la promesa de máxima privacidad, mientras un equipo humano analiza videos, audios y transcripciones para entrenar sus sistemas de inteligencia artificial.
La acción legal impulsada por el bufete Clarkson Law Firm representa a Gina Bartone de Nueva Jersey y Mateo Canu de California. Según el documento, Meta comercializó el dispositivo asegurando que estaba “diseñado para la privacidad, controlado por ti” y “construido para tu privacidad”, pero omitió advertir que el material terminaría en manos de trabajadores extranjeros.
El escándalo estalló el 27 de febrero con una investigación de los diarios suecos Svenska Dagbladet y Göteborgs-Posten. Los periodistas documentaron que la empresa Sama, un subcontratista de Meta en Nairobi, emplea anotadores de datos que etiquetan material capturado por los lentes.
Los trabajadores admitieron observar a personas usando el inodoro, desvistiéndose o teniendo relaciones sexuales. “Vemos todo, desde salas de estar hasta cuerpos desnudos”, confesó uno de los empleados a los medios europeos.

Fallas de IA y escrutinio internacional
Aunque la tecnológica utiliza un algoritmo diseñado para ocultar rostros automáticamente, un ex empleado de Meta confirmó que “no siempre funciona como se espera”. Esto deja expuestas identidades, datos de tarjetas bancarias y conversaciones sobre delitos ante los ojos de los revisores humanos.
La escala de la recolección es masiva. Más de 7 millones de personas compraron estas smart glasses en 2025, alimentando una base de datos que carece de una opción directa para evitar el envío de información (opt-out).
En respuesta a la controversia, Meta declaró a la BBC que cuando los usuarios interactúan con sus funciones inteligentes, la empresa “puede emplear contratistas para evaluar estos datos”. La corporación justificó la práctica asegurando que “estos datos se someten a un filtrado inicial para mantener la privacidad del usuario”.
Las autoridades ya tomaron cartas en el asunto. La Oficina del Comisionado de Información del Reino Unido (ICO) calificó la situación como preocupante y exigió a Meta explicar cómo cumple con las leyes británicas de protección de datos. A la par, reguladores europeos cuestionan si transferir información personal de ciudadanos de la Unión Europea a Kenia viola las normativas del GDPR.
Esta crisis de privacidad golpea la estrategia de hardware de Meta justo cuando grupos defensores de los derechos digitales, como el Electronic Privacy Information Center, presionan a la Comisión Federal de Comercio (FTC) para que bloquee los planes de integrar reconocimiento facial en los dispositivos de la marca.