✨︎ Resumen (TL;DR):
- Beijing promulgó decretos para investigar, confiscar activos e interrogar a empresas extranjeras en su territorio.
- Estados Unidos avanzó más de 20 proyectos de ley para forzar bloqueos en la venta de hardware a China.
- China exige ahora a los fabricantes de chips usar al menos un 50% de equipo local para eliminar a los proveedores estadounidenses.
Mientras Washington y Beijing preparan una cumbre para mediados de mayo entre Donald Trump y Xi Jinping, el gobierno chino está construyendo un amplio arsenal de contramedidas económicas bajo la sombra de su actual tregua comercial. Tras el acuerdo firmado el pasado octubre en Busan, Corea del Sur, China comenzó a endurecer controles sobre minerales críticos, bloquear chips de IA extranjeros en centros de datos estatales y prohibir software de ciberseguridad estadounidense e israelí en sus empresas.
El primer ministro Li Qiang firmó en abril dos decretos del Consejo de Estado que materializan esta estrategia. El Decreto No. 834, vigente desde el 7 de abril, otorga a más de 15 agencias gubernamentales el poder de investigar a firmas extranjeras, gobiernos y personas acusadas de dañar las cadenas de suministro de China.
Menos de una semana después, el Decreto No. 835 entró en vigor con efecto inmediato para contrarrestar la jurisdicción extraterritorial extranjera. Según The New York Times, estas normativas permiten a los funcionarios interrogar personal, confiscar activos e impedir que individuos salgan de China si sospechan que reubican cadenas de suministro por presión externa.
Ante el panorama, la Cámara de Comercio Europea en China publicó un reporte en abril advirtiendo que el uso de controles de exportación extraterritoriales por parte de Beijing podría “interrumpir las cadenas de suministro globales en una escala sin precedentes”.

El contragolpe de Estados Unidos y la batalla por el hardware
El congreso estadounidense mantiene la ofensiva. El 22 de abril, el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes avanzó más de 20 proyectos de ley de control de exportaciones. La pieza central es la Ley MATCH, diseñada para obligar a Países Bajos y Japón a alinear sus restricciones de hardware con las reglas estadounidenses en un plazo máximo de 150 días.
Si no cumplen, Estados Unidos amenaza con aplicar medidas unilaterales para cortar las ventas de empresas como ASML hacia China y prohibir el mantenimiento de máquinas ya instaladas. El Ministerio de Comercio chino respondió el viernes a la iniciativa, advirtiendo que esta legislación “perturbaría gravemente el orden económico y comercial internacional y socavaría seriamente la estabilidad de la cadena de la industria mundial de semiconductores”.
La tregua comercial actual, que caduca en noviembre de 2026, surgió en gran parte por la amenaza de Beijing de restringir exportaciones de tierras raras el año pasado. Ese movimiento provocó escasez en las automotrices estadounidenses en cuestión de semanas y forzó las negociaciones. Donald Trump calificó esa reunión en Busan como “un 12 sobre 10”.
Sin embargo, las acciones recientes muestran una escalada silenciosa. Desde finales de 2025, China obliga a los fabricantes de semiconductores a utilizar al menos 50% de equipo nacional al expandir su capacidad, acelerando la expulsión de proveedores estadounidenses. Con la cumbre de mayo en el horizonte, ambas potencias continúan acumulando munición regulatoria, convirtiendo el tratado en una pausa operativa antes del próximo choque comercial.
