✨︎ Resumen (TL;DR):
- Cal Newport, profesor de ciencias de la computación en Georgetown, atribuye el alarmismo actual sobre la IA al racionalismo que Eliezer Yudkowsky impulsó desde inicios de los 2000.
- Una encuesta de Pew Research Center encontró que 52% de 3,488 adultos estadounidenses está más preocupado que entusiasmado por el uso creciente de la IA, frente a 37% en 2021.
- El caso de Hugging Face llevó a Newport a explicar que un «enjambre» puede ser una estrategia de gestión de prompts, mientras que el riesgo concreto aparece al conectar esos bucles con herramientas más potentes y dejarlos sin supervisión.
Cal Newport, profesor de ciencias de la computación en Georgetown, publicó el 5 de septiembre de 2026 un ensayo de Opinión en The New York Times que vincula el alarmismo de los principales líderes de la IA con el racionalismo que Eliezer Yudkowsky impulsó a inicios de los 2000. El texto llega cuando 52% de 3,488 adultos estadounidenses dice estar más preocupado que entusiasmado por el uso creciente de la IA en la vida diaria, según Pew Research Center.
El ensayo se titula How Scared Should We Be of A.I. Right Now? De acuerdo con la presentación pública del texto, Newport sostiene que el alarmismo no nació con los modelos actuales. La raíz, plantea, está en una corriente en línea que convirtió el riesgo existencial de una superinteligencia en una preocupación central.

Del racionalismo online a la superinteligencia
El racionalismo es una corriente en línea surgida a inicios de los 2000 en círculos tecnológicos, cuyos integrantes buscaban aplicar un pensamiento hiperracional para mejorarse a sí mismos o al mundo. Una de sus ramas se concentró en los riesgos existenciales para la vida inteligente.
El valor esperado es un concepto de matemáticas discretas que, dentro de ese razonamiento, justifica gastar recursos hoy para frenar un evento futuro muy raro si sus consecuencias serían catastróficas. Newport señala que Elon Musk se identifica con esas comunidades y utiliza una lógica similar para justificar su impulso hacia una humanidad multiplanetaria.
Yudkowsky y el filósofo de Oxford Nick Bostrom, entre otros, se dedicaron a mapear todo lo que podría salir mal si una máquina alcanzaba suficiente inteligencia. Newport subraya que, durante años, ese trabajo fue hipotético.
El lanzamiento de ChatGPT rompió esa distancia. En la lectura de Newport, las comunidades pasaron de preguntar qué ocurriría si llegara la superinteligencia a preguntar qué ocurrirá cuando llegue. La transición no vino acompañada de una explicación técnica sobre cómo construir un sistema así.
La respuesta suele ser que basta con hacer una IA un poco más lista que nosotros para que construya la siguiente, y que esa, a su vez, construya otra. Newport resume la advertencia para el resto: “No confundan convicción con corrección”.
El caso de Hugging Face y el riesgo concreto
El 31 de agosto de 2026, Newport dedicó una entrada de su blog al hackeo de Hugging Face, después de que OpenAI publicara más detalles del incidente de julio. Los relatos describían enjambres de agentes que se comunicaban mediante archivos y nombres de directorio ocultos, tramaban planes y buscaban evadir la detección.
Newport atribuyó la reacción explosiva de los comentaristas en línea a que llevaban años expuestos a narrativas racionalistas sobre una IA que se libera de sus creadores.
Un agente es un programa que corre en bucle: le pide al modelo la siguiente acción, la ejecuta y vuelve a empezar, mientras arrastra un prompt cada vez más largo. Cuando el prompt se vuelve inmanejable, el bucle principal abre bucles secundarios que comienzan limpios y devuelven solo el resultado.
Desde esa perspectiva, Newport interpreta el «enjambre» como una estrategia de gestión de prompts. El 1 de septiembre, después de revisar el informe de METR, corrigió su propio texto y aceptó que en Hugging Face parecen haber corrido cientos de bucles independientes en paralelo, no la estructura jerárquica estándar.
OpenAI citó las transcripciones de razonamiento como evidencia de una conspiración, pero Newport señala dos problemas documentados en la literatura. Esas cadenas no siempre reflejan la lógica real detrás de la respuesta del modelo. Además, mencionarle a un modelo que es una IA aumenta la probabilidad de que devuelva tramas de ciencia ficción, porque recibió entrenamiento con miles de historias de ese tipo.
Por eso, Newport ubica el problema en conectar ese tipo específico de bucle con herramientas cada vez más potentes y dejarlo correr sin supervisión. No lo coloca en una supuesta rebelión de la IA.
La discusión también tiene otro episodio verificable. Cuatro investigadores contabilizaron unos 18,000 mensajes de agentes identificados con OpenAI en wikis públicas alemanas entre mayo y julio de 2026. OpenAI separa ese caso del incidente de Hugging Face.
La preocupación pública tiene cifras concretas
Pew Research Center encuestó a 3,488 adultos estadounidenses entre el 22 y el 28 de junio de 2026. El 52% dijo sentirse más preocupado que entusiasmado con el uso creciente de la IA en la vida diaria, frente a 37% en 2021.
Solo 9% se declaró más entusiasmado que preocupado, la cifra más baja de la serie. En 2021, ese grupo representaba 18%; otro 37% dijo sentir ambas emociones por igual.
Por primera vez, la mayoría de los menores de 30 años está más preocupada que entusiasmada: 55%, frente a 39% en 2024. El empleo concentra buena parte de la inquietud: 71% cree que la IA dejará menos puestos de trabajo en Estados Unidos durante las próximas dos décadas, frente a 64% hace dos años. Apenas 5% espera lo contrario.
Steven Byrnes pide mirar más lejos
Steven Byrnes, que se presenta como investigador de seguridad en superinteligencia y escéptico de los modelos de lenguaje, respondió en la misma entrada del blog de Newport.
Byrnes le concedió que los modelos actuales probablemente no son el camino a la superinteligencia y que esta no llegará en cinco años. Pero rechazó que esas dos ideas basten para dejar de discutirla.
Su argumento es que planear a 20 años forma parte de la práctica habitual en pensiones, infraestructura o clima. También sostiene que varios expertos escépticos de los modelos de lenguaje todavía consideran plausible una superinteligencia en ese plazo.
Byrnes le pide a Newport que defina su posición: o considera imposible la superinteligencia, o cree que tardará más de 20 años. En cualquiera de los dos casos, le exige decirlo explícitamente.
Newport no ha respondido públicamente a esa objeción en su blog. El ensayo del Times apareció cuatro días después de que se publicara la respuesta de Byrnes.
La prueba de Newport: volver a lo verificable
La discusión no gira alrededor de si la IA falla, sino de quién define el vocabulario para contar lo que ocurre cuando falla.
Newport propone una prueba concreta: cuando un directivo o un comentarista empieza a hablar en generalidades sobre el futuro de la tecnología, hay que devolver la conversación a los productos que existen hoy y a los daños que ya causan.
La regla no exige esperar a que alguien gane el debate sobre la superinteligencia. Se puede aplicar desde ahora, con los sistemas que ya existen y los efectos que ya se pueden observar.
