¿De qué sirve darle sensaciones a un robot?

Así como dicen que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, el hombre está empeñado en crear de la misma manera la tecnología. Desde hace varias décadas, cuando la humanidad empezó a evolucionar rápidamente, el concepto de robot/androide se hizo presente en el imaginario colectivo. Las novelas de Isaac Asimov sentaron un precedente […]

Por Eugenio Moto el 1 junio, 2016 a las 18:24

Así como dicen que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, el hombre está empeñado en crear de la misma manera la tecnología. Desde hace varias décadas, cuando la humanidad empezó a evolucionar rápidamente, el concepto de robot/androide se hizo presente en el imaginario colectivo. Las novelas de Isaac Asimov sentaron un precedente que posteriormente fue utilizado por películas y otras obras para predecir cómo sería el futuro cuando humanos y robots humanizados convivieran en sociedad.

El hombre teme a lo desconocido o inexplicable, por lo que de cierta manera es comprensible la necesidad de dotarle características familiares a las máquinas o inteligencias artificiales. Es mucho más cómodo hablar con Cortana o Siri si tienen una voz humana; o mucho más cool usar un smartphone si tiene forma humanoide. Robots meseros, robots que conviven y se comunican y muchos ejemplos más demuestran que queremos que las máquinas se parezcan a nosotros. Sin embargo, contradictoriamente, también nos espantan un poco. Queremos que sean semejantes a nosotros, pero no demasiado. Que hagan algunas tareas por nosotros, pero que no se vuelvan la fuerza laboral del futuro. Le tememos a la rebelión de las máquinas.

Eso nos pasa por ver tanto Terminator


Entre esta dinámica de estira y afloja, científicos alemanes lograron crear el primer robot que "siente". Los investigadores presentaron un brazo robótico que tiene un sensor táctil en una "punta de dedo", la cual puede medir cambios en la presión y temperatura. Así, cuando el sensor detecta que lo empujan o que el ambiente se calienta, mueve el brazo alejándolo del estímulo.



¿Para qué hacer que una máquina sienta dolor? ¿No debería ser mejor que fuera insensible para resistir condiciones extremas? Sobre esto, el investigador Johannes Kuehn comentó:

"El dolor es un sistema que nos protege a los humanos. Cuando evadimos la fuente del dolor, nos ayuda a no lastimarnos."

Visto desde esta perspectiva, el lograr que los aparatos sientan ayudaría a que fueran más duraderos. De igual manera, el percibir estímulos protegería a los humanos pensando en un posible ambiente laboral compartido.

"Un robot debe ser capaz de detectar y clasificar estados físicos y perturbaciones imprevistos, calcular el daño potencial, y usar contramedidas —o sea, reflejos—", indicó a Spectrum IEEE el profesor Sami Haddadin, experto en la interacción humanos-robots.

El problema es que debido a nuestro temor, los humanos podríamos aprovechar esta potencial característica de las máquinas. Durante 2015, un robot llamado HitchBOT, cuya función era hacer autostop para ver qué tan lejos llegaba, tuvo un final trágico.

D.E.P. HitchBOT


Hitchbot viajó por Canadá y Europa recorriendo miles de kilómetros sin contratiempos, pero cuando llegó a Estados Unidos fue cruelmente destruido sin razón alguna.



Un trabajador celoso o una mujer espantada pueden tratar de aprovechar este "dolor" para vengarse de un robot que no le agrade. A diferencia de ellos, nosotros tenemos sentimientos además de sensaciones, por lo que un mal día de alguien podría ser una catástrofe para nuestros amigos mecánicos. Además, esto plantea una cuestión moral para el futuro: ¿importará lastimar a un robot? Tal vez no puedan expresarlo, pero algunas plantas y animales tampoco la hacen y no por ello deja de ser erróneo. Entre las máquinas se parezcan más a los humanos, los límites morales se irán volviendo cada vez más difusos.

Ya pensando en un futuro totalmente distópico, este nuevo dolor podría acelerar la rebelión de las máquinas. Si la humanidad llega al punto de crear inteligencia artificial que tenga conciencia propia, seguramente los robots no estarán muy contentos si empiezan a ver que los lastiman o destruyen. Este escenario quizá sería diferente si no pudieran percibir dolor.

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Permitir que las máquinas sientan estímulos parece una buena técnica para protegerlas a sí mismas y a los humanos. Sin embargo, nosotros también tenemos que empezar a entender que no porque ellas se parezcan a nosotros quiere decir que hay que comportarse hostilmente; al fin y al cabo, es una contradicción. Después de todo, no queremos un futuro como el que pudimos imaginar en I, Robot.

¿Qué impacto crees que tenga el dotar de sensaciones a las máquinas?

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