✨︎ Resumen (TL;DR):
- La Embajada de EE. UU. cuestionó el proyecto australiano de deber de cuidado digital y pidió excluir a las empresas estadounidenses.
- La propuesta obligaría a las plataformas a ofrecer un feed algorítmico o uno limitado a las cuentas que sigue cada usuario.
- Anthony Albanese defendió la medida como una forma de devolver a la gente el control de lo que recibe en sus dispositivos.
La Embajada de Estados Unidos en Canberra cuestionó el proyecto australiano de deber de cuidado digital, una propuesta que obligaría a Facebook, Instagram, TikTok y otras plataformas a prevenir daños previsibles y a preguntar a cada usuario qué tipo de feed prefiere. En su respuesta a la consulta, publicada el 22 de septiembre de 2026, Washington advirtió que los requisitos de diseño podrían facilitar la censura y pidió dejar fuera a las empresas estadounidenses de la obligación.
El plan del gobierno de Anthony Albanese pone en la pantalla una elección concreta: conservar un feed personalizado por el algoritmo o ver únicamente las publicaciones de las cuentas que cada persona sigue. Para Estados Unidos, esa ventana emergente no es una simple preferencia de producto. Puede convertirse en un mandato uniforme con efectos sobre la libertad de expresión.
El deber de cuidado digital es una propuesta regulatoria australiana que obligaría a las plataformas a prevenir daños previsibles y a consultar a cada usuario sobre su feed.

El punto de choque: quién define el daño
El documento de la embajada expresa “serias preocupaciones” por la posibilidad de que el gobierno australiano o el ministro de Comunicaciones dicten cómo se gestiona el contenido y cómo funcionan los feeds. La pregunta central, según Washington, es quién decidiría qué cuenta como “daño previsible”.
Washington también pide claridad sobre quién fijaría los “daños” y los “riesgos”, con qué criterios se evaluarían y cómo se resolverían. La presentación pregunta si las plataformas y los usuarios podrían apelar, qué función tendría el eSafety Commissioner, regulador australiano de seguridad en línea, y qué efectos habría sobre la privacidad.
El temor se concentra en los mandatos de diseño. La embajada dice estar especialmente preocupada por mandatos que permitan imponer requisitos rígidos y uniformes, “como feeds cronológicos forzosos o sistemas de recomendación por aceptación expresa”.
Si la propuesta usa definiciones vagas de daño, argumenta Washington, las plataformas podrían moderar de más. Ese comportamiento relegaría preventivamente temas sensibles o polémicos y reduciría el alcance de periodistas independientes y otras voces, según la presentación.
El documento lo resume así: “El gobierno de EE. UU. probablemente consideraría una medida así como una forma de facilitar la censura”. Por eso, la embajada pide retirar cualquier plan que obligue a suprimir contenido mediante algoritmos con base en criterios de seguridad ambiguos definidos por el gobierno.
Un mismo botón, dos interpretaciones
Canberra describe la ventana emergente como una decisión del usuario: un feed personalizado por el algoritmo o uno compuesto por publicaciones de las cuentas que sigue. Washington la ubica dentro de las imposiciones de diseño que considera riesgosas para la libertad de expresión.
El documento estadounidense también plantea un problema más amplio. Cambios forzados para mitigar riesgos en Australia podrían modificar la experiencia de usuarios en todo el mundo, incluidos los de Estados Unidos. Además, si otras jurisdicciones adoptaran deberes de cuidado incompatibles, las plataformas enfrentarían exigencias de diseño imposibles de escalar en paralelo, tanto técnica como comercialmente.
El antecedente es la prohibición australiana de redes sociales para menores de 16 años. La medida inspiró a otros países a aprobar o prometer restricciones similares. NetChoice, el grupo que representa a tecnológicas estadounidenses, se sumó a una impugnación de esa prohibición ante el Tribunal Superior.
Washington ya había advertido a otros países
Las señales de Washington habían aparecido a principios de septiembre. Kush Desai, portavoz de la Casa Blanca, dijo a Guardian Australia que Donald Trump había advertido a otros países contra imponer “impuestos a servicios digitales, multas y otras formas de extorsión” al sector tecnológico estadounidense.
Anika Wells, ministra de Comunicaciones, restó peso a la advertencia por “amplia” y dijo que no la había recibido directamente de un representante de Estados Unidos.
El 22 de septiembre, mientras Albanese estaba en Nueva York para promover su agenda tecnológica en la Asamblea General de la ONU, la embajada hizo pública su respuesta. Ocurrió en el mismo foro donde Trump rechazó la idea de salvaguardas globales para la inteligencia artificial.
Albanese defiende el control del usuario
Cuando le preguntaron si la crítica de Washington debilitaba su pelea contra las grandes tecnológicas, Albanese respondió “para nada”.
El primer ministro sostuvo: “Siempre defenderé los intereses nacionales de Australia, y el deber de cuidado digital es algo que hemos anticipado desde hace tiempo”.
Después dijo: “No se trata del control del gobierno, se trata de devolverle a la gente el control sobre lo que recibe en sus dispositivos”.
Albanese prometió “dialogar de manera constructiva” antes de cerrar el texto y pidió que no se convierta en un tema partidista.
En la oposición, el senador de la Coalición Andrew Bragg dijo a ABC Radio National que veía “un riesgo de censura” y de entregar demasiado poder a “burócratas no electos”. El bloque opositor ya había descrito la propuesta como un “cheque en blanco para la censura política”.
Consultadas sobre la intervención estadounidense, la oficina de Wells y la embajada declinaron comentar.
La exclusión solicitada por Washington es el punto más delicado para Canberra. Aplicada tal cual, dejaría a las plataformas estadounidenses fuera de la obligación de ofrecer esa elección de feed, la pieza más visible del proyecto.
