Y es que hace poco apareció en Twitter esta foto, acompañada del irresistible título "Margaritas mutantes por efecto de la radiación":
El fotógrafo (@san_kaido) dice que quiso aventurarse en los límites de Nasushiobara, a 100 kilómetros del complejo nuclear de Fukushima, para documentar los estragos de la radiación. Su descubrimiento causó revuelo en redes sociales y hasta hizo que muchas agencias mediáticas tomaran el hecho como evidencia de que algo terrible está pasando en la zona cercana del incidente.
[rightquote]La radiación global es de 0.2 μSv, así que 0.5 no debería ser suficiente para una mutación tan repentina[/rightquote]
Kaido asegura que los "altos" índices de radiación atmosférica del lugar en el que fue tomada la fotografía, de 0.5 microsieverts (μSv) por hora, podrían ser la razón para que el disco floral de 2 margaritas haya mutado hasta convertirse en un solo anillo. Aunque la ciencia nos obliga a considerar la posibilidad, la realidad es que ese tipo de floración puede presentarse de igual manera en un bosque jamás tocado por el hombre que en las inmediaciones de Chernobyl.

Dicha condición de algunas flores silvestres (las vasculares), llamada fasciación, hace que el crecimiento celular suceda de forma perpendicular, en lugar de concéntrico. No tiene que ver con malformaciones genéticas y, de hecho, ni siquiera es dañino para la planta. Los expertos de ScienceAlert, quienes acostumbran desmentir mitos relacionados con ciencia, explican que la radiación es uno de tantos factores que desencadena la fasciación, pero que también está la infección bacteriana, daños mecánicos —meristemáticos—, contaminación química, intervención de insectos y cambios climáticos; en fin, hay culpables de todo tipo.
Como siempre, hace falta una investigación formal para concluir si estas margaritas radioactivas son el inicio de una era de mutaciones genéticas en la región cercana a Fukushima o simplemente de una falsa alarma.