
Este startup, compuesto por investigadores del programa de Innovación Alimenticia y Diseño de Productos de la universidad Lund, dice que costó mucha experimentación pero al fin se pudo llegar a un proceso barato y sencillo de replicar. El objetivo, antes que comercializar la comida en polvo, es contribuir con los esfuerzos para combatir el hambre en zonas de bajos recursos, así como ofrecer una alternativa alimenticia durante desastres naturales. Y es que FoPo —como fue bautizado el invento— retiene la mayoría de los beneficios nutricionales de la comida en su estado original; aunque pierde algunas vitaminas y un poco de densidad mineral, sigue teniendo fibra y nutrientes.
Lo prometedor del concepto ya hizo que las Naciones Unidas le pusieran atención y aunque las pláticas para distribuir FoPo apenas comienzan, la idea es convertirlo en uno de los productos básicos de los paquetes de ayuda, lo cual resulta una buena noticia para la gente beneficiada, pues cada sobre equivale a 250 gramos del alimento al que corresponde. Tal vez no contribuye para una dieta tan llenadora, pero al menos evitará que la gente padezca desnutrición en situaciones difíciles.