
Dejando atrás el apodo Prime que tanto se rumoraba, este dispositivo recibe el poco atractivo nombre de Galaxy S5 LTE-A y haciendo honor a la denominación, cuenta con una antena LTE capaz de transferir información a una velocidad de 300 Mbps, claro, ventaja que está sujeta a la calidad del servicio de los proveedores de Internet. Por otra parte, al fin se hizo el salto a la más reciente generación de procesadores de Qualcomm, el Snapdragon 805, con el que no sólo habrá más eficiencia en las aplicaciones, sino que también se tendrá la opción de reproducir y grabar contenidos en resolución 4K.
Por último, en cuanto a diferencias respecto a la edición pasada, el Galaxy S5 LTE-A presenta un notable incremento de saturación de pixeles en la pantalla, de 576 puntos por pulgada, superior incluso al panel del G3 de LG. Lo anterior se traduce en una resolución de 2560 × 1440 pixeles dentro de un espacio de 5.1 pulgadas. Por lo demás, aún es el mismo dispositivo, con una cámara de 16 megapixeles, certificación IP67, cuerpo de policarbonato, 3 GB en RAM y lector de huella digital.
Por supuesto, a cambio de ese aumento de poder se exige un pago mayor, que en este caso es muy sustancial: alrededor de $919 USD. En comparación, el Galaxy S5 original cuesta 30% menos. De momento, la variante actualizada sólo está disponible en Corea del Sur, pero se espera que su lanzamiento no tarde en llegar a otras regiones del mundo. Ahora sólo queda imaginar qué innovaciones traerá el tan rumorado Galaxy F, más allá del supuesto armazón de aluminio.