Hace unos días, Michael Arrington, el fundador del sitio especializado TechCrunch, recibió un correo de un representante de Microsoft, con una invitación para formar parte del programa de evangelización de Internet Explorer. En el texto se detallan algunas de las cualidades del navegador web de la empresa, pero también se expresa plenamente que habrá una compensación para las personas que participen en apoyo a la campaña y, además, habrá oportunidad de recibir premios y sorpresas para los más elocuentes.

Arrington se limitó a responder: "¿Estás hablando en serio?". Al darse cuenta de su error y reconocer la relevancia del célebre periodista, el encargado de relaciones públicas que envió la carta finalizó: "No sé cómo se filtró tu nombre en nuestra lista. Me disculpo. ¡Arriba TechCrunch!".
Ahora bien, Microsoft publicó en su blog oficial, por medio de un vocero anónimo, que esta acción no corresponde con las filosofías de la empresa, sino que es parte de una estrategia comercial auspiciada por una de sus agencias externas. Aunque la culpa podría corresponder a dicha agencia o algún ejecutivo de Microsoft, lo cierto es que el error fue ser descubiertos por un reconocido líder de opinión de la industria tecnológica de Estados Unidos, de otro modo, sería una campaña más, como las que las empresas hacen todo el tiempo.