En primer lugar necesitas una máquina con Windows 10 instalado —obvio—, así como una cuenta Gold de Xbox LIVE y que ambos equipos (consola y PC) estén en la misma red Wi-Fi. Una vez que tienes todo listo, basta con que actives la app de Windows 10 desde tu Xbox One y listo, podrás extender la interfaz a la computadora.

Ahora bien, hay interesantes ventajas al hacer el streaming, por ejemplo, que 2 personas puedan jugar cooperativo sin necesidad de dividir la pantalla. Uno utiliza la PC, mientras el otro se queda en Xbox One. El único inconveniente de esa modalidad es que no hay soporte para teclado y mouse, así que sigues amarrado al uso del control.
Game Streaming tiene sus limitantes, como el hecho de no permitir que transmitas contenido protegido por derechos de autor —videos, música, etcétera— diferente a juegos y tampoco podrás usar Twitch mientras haces streaming. A cambio, toda la librería de Xbox One es compatible aunque, claro, con excepción de los que requieren Kinect u otro tipo de hardware especializado.