Durante su primer día como consultor tecnológico de Microsoft, Bill Gates designó su concentración y esfuerzos a instalar, infructíferamente, Windows 8.1, la versión más reciente del sistema operativo.
De acuerdo con fuentes internas de Microsoft, la computadora de Gates desplegó en numerosas ocasiones un cuadro de diálogo que notificaba un error irresoluble durante el proceso de instalación y que debía reiniciarse.
Transcurrida la hora del almuerzo, Gates llamó al nuevo CEO de Microsoft, Satya Nadella, y le solicitó su ayuda para instalar la actualización. Sin embargo, el trabajo conjunto de ambas personalidades de la informática, desempeñado incluso a puertas cerradas, no tuvo éxito.
“Bill es usualmente un tipo muy calmado, así que fue extraño escuchar algo de lenguaje [prosaico] provenir de su boca”, reportó una de las fuentes, quien también describió la situación como “tensa”.
Al respecto, un portavoz de Microsoft se limitó a decir que el primer día de vuelta a la oficina de Gates había sido “una experiencia de aprendizaje”, y que, por lo pronto, éste regresaría a Windows 7.