Con 2 pequeños tubos en sus extremos laterales, la celda perfora el exoesqueleto de la cucaracha y forman un sistema de recirculación continua. La trehalosa, un disacárido presente en el fluido circulatorio de la mayoría de los insectos, se degrada a glucosa por enzimas contenidas en la celda, y ésta, a su vez, reacciona con oxígeno para generar corriente eléctrica. Cada vez que entra en funcionamiento, el dispositivo genera 50 mW, aproximadamente.
Al parecer, el experimento carece de utilidad alguna, sin embargo, el sistema habilita el control de las cucarachas mediante estimulación eléctrica en su sistema nervioso. De acuerdo con los investigadores que lo desarrollaron, los insectos podrían utilizarse para tareas de “rescate, monitoreo ambiental", o para trabajos en un "ambiente radioactivo”.
