
Lo anterior significa que si un turista decide fotografiar a su familia mientras visita el Puente de las Cadenas en Budapest, deberá preguntar a cada transeúnte, inclusive a los que apenas si figuran muy al fondo. El problema es que el gobierno húngaro no entra en detalles, así que es difícil saber si basta con obtener una aprobación hablada o es necesario un documento escrito. Más allá de la ironía, esa ambigüedad está generando malestar entre los fotógrafos independientes y las agencias noticiosas, quienes califican la regulación de arbitraria y obstructora.
En particular, Ákos Stiller, un periodista que ha trabajado para HVG, The New York Times y Bloomberg, dice que la nueva ley es una imposición que complicará el trabajo noticioso de manera arbitraria. De ejemplo explica que la policía podrá confiscar una cámara durante alguna protesta social o con tintes políticos, bajo el argumento de que se está violando el código civil. "Esta ley pone una gran distancia entre el estado y los ciudadanos. La encuentro visualmente repulsiva y como habitante de Hungría, me parece absurda." agregó Stiller, seguro de que a partir de esta regla se desatará una serie de demandas sin sentido, a causa de fotografías que supuestamente invaden la privacidad de la población.