Y justo eso es lo que pasó con Otis Johnson, un estadounidense que pasó 44 años en la cárcel, sin tener idea de lo que sucedía más allá de las paredes de su celda. No es un time traveller como tal, pero se acerca mucho, pues no es lo mismo que otro prisionero te describa las cosas de la modernidad, que experimentarlas en carne propia.
Otis dice que ha sido difícil adaptarse, porque se siente apegado a "las viejas tradiciones" y que lo más complicado es entender la tecnología, pues ve que la gente ya está fusionada con su teléfono, con "esa cosa que todos llaman iPhone".
"Ahora todos hablan consigo mismos, cuando tienen puestas esas cosas en los oídos. Y lo más sorprendente es que caminan sin fijarse hacia dónde van, siempre mirando su teléfono. Todavía estoy tratando de entender cómo le hacen."
Otra de las cosas que maravillaron a Otis fue encontrar una cantidad colosal de tipos de comida en los centros comerciales, pues en los 60s, cuando entró a la prisión, el estilo de vida era mucho más simple en todos los sentidos.
Habría que preguntarse qué veremos dentro de 40 años. Seguro aún estaremos sin autos voladores, pero las cosas serán muy diferentes en otros aspectos.