A pesar de que los gadgets llegan a nosotros de manera muy directa, los procesos que implican que tengas un flamante iPhone en las manos implica que pase por distintas instituciones, desde las internas de la empresa hasta las que aprueban si el producto es apto para su uso en cada uno de los países en los que se lanza. Ya saben, toda esa cháchara legal que generalmente nos saltamos cuando abrimos la caja y tiramos todo lo que es de papel.
Sin embargo, en ocasiones estos pasos nos traen información que probablemente no iba a ser liberada. Y es que no siempre se firman acuerdos de confidencialidad o a veces no les ponemos la suficiente atención.
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Fue casi como estar con alguien que ha sido entrenado para hablar mucho y no decir nada
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George Gascón, fiscal de distrito en San Francisco, Estados Unidos, ha estado teniendo reuniones con distintos fabricantes de teléfonos celulares, con la inquietud de la implementación de algún tipo de tecnología que impida que, de ser asaltado, se pueda seguir usando el teléfono. Una especie de interruptor de la muerte, digamos.
Uno de los que se presentaron con el fiscal Gascón fue Michael Foulkes, enlace entre Apple y el gobierno estadounidense. De hecho, es de Foulkes de quien el fiscal tuvo más quejas. Gascón mencionó que la reunión “fue muy decepcionante”y que durante la hora en la que estuvieron juntos, “Él fue quien habló más. Fue increíble. Solo saltaba de un tema al siguiente. Fue difícil seguirlo (en la conversación). Fue casi como estar con alguien que ha sido entrenado para hablar mucho y no decir nada”.
El trozo de información que sí pudo extraer de Foulkes, fue que las siguientes dos generaciones de iPhone ya han sido diseñadas y que quien supervisó todo este proceso fue Steve Jobs.
Gascón señaló también que no es necesario que el interruptor de la muerte sea integrado en la siguiente versión de iPhone, sino que sería ideal saber, por lo menos, que está en planes de crearse.