La razón es que al momento de alimentar a un drone con hidrocarburos (gasolina y similares) la combustión causa un zumbido. Esto se debe a la gran cantidad de energía que se acumula en un pequeño volumen. Tal es el caso del MQ-9 Reaper, vehículo aéreo no tripulado que, aunque logró volar 30 horas seguidas, era muy ruidoso. Otra de las opciones para eliminar el sonido de la combustión son los motores eléctricos, pero se ven limitados por la energía de la batería, lo que también disminuye el tiempo de vuelo a tan sólo unas cuantas horas.

La revolución del Ion Tiger Drone es que su poder de vuelo proviene de la combustión del hidrógeno líquido que se entrega como combustible criogénico diseñado por el Laboratorio de Investigación Naval de los Estados Unidos. Ion Tiger necesita sólo la mitad de hidrógeno líquido como combustible, ya que, gracias a una celda, éste se combina con el aire logrando un catalizador que crea electricidad lo que hace al drone más silencioso a la hora de volar y puede espiar sin ser escuchado desde un mínimo de 1000 pies (304 metros aproximadamente).

Los ingenieros revelaron que los drones silenciosos pueden ser de gran ayuda para las fuerzas militares.