La innovación que aporta este dispositivo es que en su realización se empleó membrana de corazón de vaca, para hacerlo más biocompatible. De acuerdo con la explicación del director médico Piet Jansen, este material se colocaría en las partes móviles del dispositivo que estarían en contacto con la sangre, de modo que sería más adecuado para las características biológicas del recpetor, en este caso, el cuerpo humano.

El sistema, desarrollado en colaboración con Sistemas Europeos Aeroespaciales y de Defensa, y el cirujano cardiólogo Alain Carpentier, también utiliza válvulas hechas del tejido de corazón del rumiante y sensores para detectar el aumento de la presión. La información relacionada con las necesidades cardiacas es enviada a un sistema de control externo que puede ajustar la velocidad de flujo de la sangre.
El corazón de Carmart sigue en fase de desarrollo pero con él se espera iniciar una nueva era en la tecnología de las prótesis internas, que reduzca los riesgos de fallo mecánico en corazones artificiales.