En el libro Cat Sense, el biólogo británico John Bradshaw expone los puntos que considera esenciales en la interacción entre gatos y humanos. El primer problema surge del estado semisalvaje de los felinos caseros. Debido a que los gatos nunca han sido criados para desempeñar un papel específico en las actividades humanas, su domesticación, según Bradshaw, es meramente parcial. Sus vidas aún tienen un gran componente indómito.
De acuerdo con el autor, algunas de sus conductas, ya sean adorables o problemáticas, son una manera de comprobar si somos un felino más o si representamos peligro. Por ejemplo, al frotarse en nuestras piernas con la cola alzada, evalúan esperanzadamente la posibilidad que tienen de convertirse en presa.
Esencialmente, Bradshaw opina que nuestra convivencia con los felinos no les permite distinguirnos como una especie más, sino como un ser reminiscente de su madre. La manera en que ellos nos tratan y nosotros respondemos, les indica que somos parecidos, sólo que menos peludos, un tanto más grandes, no hostiles y con inteligencia inferior.