Esta semana, diversas movilizaciones en las que se exigía la disminución de los costos de transporte, así como elevar la calidad educativa en los diversos niveles escolares del país y se reclamaba el exceso de gastos en la organización de la próxima Copa Mundial, entre otras cosas, invadieron las calles de las principales ciudades de Brasil. Se dice que la preocupación de las autoridades llega incluso a considerar la cancelación de ciertos partidos de la Copa Confederaciones, que este año se lleva a cabo en esta nación latinoamericana, aunque la FIFA negó haber discutido esa posibilidad.

De acuerdo con varios medios de comunicación locales, la decisión fue tomada tras una crisis entre asesores civiles de la actual presidenta Dilma Rouseff y su Gabinete de Seguridad Institucional, ya que estos no alertaron a la presidenta ni al Congreso de las marchas. Según algunas publicaciones, uno de los grandes errores que cometió la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), fue el exceso de atención en la seguridad de la Copa Confederaciones, lo que dejó sin vigilancia otras áreas, entre ellas, las afectadas por las manifestaciones.
La marcha ¡Despieta Brasilia! consiguió la participación de cientos de miles de personas, por lo que la seguridad del Congreso Nacional fue reforzada, ya que en la protesta previa el recinto fue parcialmente tomado por los ciudadanos.
Participantes del movimiento ciudadano informaron que no pretenden incitar o apoyar la entrada de personas en la Cámara de Diputados o en el Senado de Brasil, ni provocar cualquier acto que supere el área externa o los jardines del Parlamento, para evitar enfrentamientos violentos con la policía.