Mucho se ha hablado de la utilidad de la impresión 3D en la ciencia médica, pero recientemente surgió un nuevo ejemplo de su uso. Diego Corredor, adolescente de 17 años, que nació sin brazo derecho, cumplió su sueño de tocar una guitarra gracias a esta tecnología.
La prótesis impresa en 3D de Diego fue construida en 6 horas y costó $300 USD, lo que marca un precedente en la trayectoria de este tipo de impresión, pues una pieza como ésta requiere alto grado de personalización y muchas horas para diseñarla debido a que debe ejecutar tareas muy complejas.
El proyecto para construir la prótesis pertenece a una organización llamada 3Dglück, creada por los hermanos Juan Carlos y Andrea Monroy, quienes pretenden promover la creación de prótesis impresas en 3D para tocar la guitarra, y acoplarlas a casos y necesidades específicas de habitantes de Iberoamérica. Todo parece indicar que la impresión 3D cada vez está más cerca de la vida cotidiana.