
Pero la clave del éxito no estaba en cómo se veía, sino en lo simple de su concepto y lo mucho que podías hacer. Mientras que MySpace se saturaba de basura, Facebook era tierra fértil y fresca.

Sólo tuvieron que pasar 24 horas desde que Mark abrió el registro —en febrero de 2004— para que 1200 estudiantes de Harvard se metieran a curiosear y para octubre de 2005, ya era un fenómeno explosivo, al menos entre los universitarios de Estados Unidos, Canadá y varios países de Europa.

Obviamente en esa época no había un muro, tampoco botón de like y mucho menos un Messenger. La idea era mantenerte en contacto con tus amigos y conocidos, y sólo eso; lo de encapsular el mundo y dártelo en pedacitos, con una incesante avalancha de publicaciones, vino después, cuando se dieron cuenta del potencial de crear un Internet alternativo.

A pesar de que el Zuckerberg que mostraron en The Social Network es muy distinto del real, hay algo que comparten ambos, personaje ficticio y el genuino: la ambición de crear una red social para conectar al mundo. Esa misión no está lejos de cumplirse, pues ya hay 1.59 mil millones de personas activas en Facebook y si acaso el impedimento para que cada habitante del mundo tenga su perfil de FB es que no toda la gente tiene acceso a Internet, pero eso ya se está resolviendo.
