✨︎ Resumen (TL;DR):
- El conflicto armado entre Israel e Irán eliminó casi la quinta parte del suministro global de gas natural licuado.
- QatarEnergy sufrió ataques en su infraestructura, provocando un déficit de 150 millones de metros cúbicos diarios en el mercado.
- Ante la crisis, potencias asiáticas cancelaron vetos históricos y aceleran la construcción de plantas nucleares para garantizar su electricidad.
La guerra entre Israel e Irán sacudió los mercados energéticos globales al cortar casi una quinta parte del suministro mundial de gas natural licuado (GNL). Ante el cierre del Estrecho de Ormuz y el colapso de las cadenas de suministro, los países de Asia-Pacífico comenzaron a reactivar plantas y construir nuevos reactores, revirtiendo el freno a la energía atómica originado por el desastre de Fukushima en 2011.
Los daños en la instalación qatarí de Ras Laffan, el mayor complejo de GNL del mundo, restaron casi 35 millones de toneladas de suministro anual del mercado. QatarEnergy declaró fuerza mayor en sus contratos tras confirmar que los ataques con misiles causaron “daños extensos” en su infraestructura.
La firma S&P Global calculó una pérdida diaria de 150 millones de metros cúbicos de gas entregado solo entre marzo y abril. La región de Asia-Pacífico, dependiente de los volúmenes de Qatar y los Emiratos, recibió el golpe más duro.
El impacto de la escasez provocó medidas drásticas de contención. Corea del Sur y Japón eliminaron sus límites a la generación de energía mediante carbón. Tailandia impuso una semana laboral de cuatro días para sus burócratas, mientras que Samsung restringió el uso del automóvil entre sus empleados basándose en el número de matrícula para reducir el consumo de combustible.

El renacimiento del átomo en Asia
Taiwán protagonizó el cambio político más radical. El presidente Lai Ching-te abandonó una década del programa nacional libre de energía nuclear para encender nuevamente los reactores apagados de Guosheng y Ma-anshan. La paraestatal Taipower proyecta que ambas instalaciones operarán a máxima capacidad para 2029.
Japón, que recientemente reinició un reactor en la planta Kashiwazaki-Kariwa tras 15 años fuera de servicio, modificó sus objetivos para incrementar la participación nuclear en su red eléctrica del 8.5% actual hasta un 22% para 2030.
El efecto dominó aceleró inversiones a gran escala en todo el continente asiático:
- Corea del Sur: Confirmó la construcción de dos nuevos reactores gigantes para 2038 y amplió la vida útil de sus 26 unidades existentes (que ya aportan un tercio de la electricidad del país). Además, Seúl negocia invertir en un proyecto nuclear estadounidense dentro de un fondo de $350 mil millones de dólares.
- Vietnam: Firmó un acuerdo formal con Rusia el pasado 23 de marzo para edificar en la provincia de Ninh Thuan la primera instalación nuclear moderna del sudeste asiático.
- Expansión regional: Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia ya oficializaron sus planes para desarrollar infraestructura atómica.
A nivel global, casi 40 naciones firmaron un acuerdo coordinado por la World Nuclear Association para triplicar la capacidad instalada del planeta hacia el año 2050.
“Existe un nuevo y creciente impulso, mucho más serio, para el desarrollo de la energía nuclear en el sudeste asiático”, advirtió King Lee, directivo de la World Nuclear Association. La vulnerabilidad de los hidrocarburos frente a la guerra comprobó que los reactores ya no son una alternativa opcional, sino el único escudo de los gobiernos para mantener encendidas sus economías.
