Más gatos por habitante se asocian con mayor felicidad

Más gatos por habitante se asocian con mayor felicidad

Un análisis de 93 países asocia una mayor densidad de gatos con más felicidad, pero no prueba causalidad.

Por Humberto Toledo el 6 de octubre del 2026 a las 1:32 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Un análisis de 93 países asoció una mayor cantidad de gatos por habitante con niveles nacionales más altos de felicidad.
  • El estudio calculó los gatos por cada 10,000 habitantes y usó promedios de felicidad de 2022 a 2024.
  • El resultado no demuestra que adoptar un gato cause felicidad; la exposición a Toxoplasma gondii se relacionó negativamente con la felicidad para IgM, pero no de forma estadísticamente significativa para IgG.

Un análisis de 93 países publicado en PLOS One encontró que los países con más gatos por cada 10,000 habitantes tendieron a registrar mayores niveles de felicidad. Javier I. Borráz-León, de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación de México, encabezó la investigación, que también detectó una asociación entre mayor exposición a Toxoplasma gondii y menor bienestar nacional. El resultado no demuestra que adoptar un gato haga más feliz a una persona.

La investigación fue revisada por pares y se publicó el 30 de septiembre de 2026. Borráz-León trabajó con colegas de otras instituciones.

Dos gatos acurrucándose en una conmovedora escena en blanco y negro.
Foto: Moussa Idrissi / Pexels

Cómo midió el estudio la relación entre gatos y felicidad

El equipo calculó el número de gatos por cada 10,000 habitantes. Las puntuaciones de felicidad correspondían a promedios de 2022 a 2024.

El recuento mezcló mascotas, gatos callejeros y poblaciones de gatos asilvestrados. Por tanto, la cifra no representa únicamente a los gatos de compañía.

Para aproximar la exposición al parásito en toda la población, el equipo utilizó datos de anticuerpos obtenidos de embarazadas. Ese indicador limita la interpretación de los resultados sobre la población completa.

El modelo final excluyó el PIB per cápita y el nivel de ingresos porque estaban muy relacionados entre sí. Conservó el gasto sanitario como indicador socioeconómico, y la asociación entre los gatos y la felicidad persistió con ese ajuste.

El vínculo con el parásito no fue igual en todos los datos

La relación negativa entre la exposición a Toxoplasma gondii y la felicidad se mantuvo para los anticuerpos IgM. En el caso de los IgG, la asociación no alcanzó significación estadística en ese modelo.

El trabajo compara poblaciones nacionales, no personas. Por eso, sus resultados no demuestran que adoptar un gato haga más feliz a una persona. El análisis tampoco separa por sí solo el efecto de convivir con animales de las condiciones que comparten los países.

Las condiciones de vida pueden explicar parte del patrón

En el comunicado sobre la investigación, los autores plantean que mayores ingresos y mejores condiciones de salud podrían favorecer la tenencia de animales y, al mismo tiempo, reducir la exposición a infecciones.

Con esa lectura, la densidad de gatos podría reflejar condiciones sociales relacionadas con el bienestar. El estudio deja abierta la contribución específica de la convivencia con los animales frente a esas condiciones compartidas.

Los investigadores también proponen una hipótesis ligada al cuidado de los felinos. En países más ricos, los gatos tendrían más probabilidades de vivir dentro de casa, comer alimento comercial y recibir atención veterinaria; esas prácticas podrían reducir sus oportunidades de infectarse.

Comprobar esa hipótesis exigiría estudiar cómo viven los gatos y qué contacto mantienen con las personas, además de comparar los totales nacionales.

El número de gatos no mide toda la exposición

Toxoplasma gondii es un parásito que puede infectar a los humanos.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos explican que una persona puede contraer la infección al consumir carne contaminada poco cocida, beber agua contaminada o ingerir accidentalmente el parásito procedente de heces de gatos infectados.

Los felinos pueden adquirirlo al comer roedores, aves u otros animales infectados. Después pueden eliminarlo en sus heces y contaminar tierra, agua o el arenero.

La transmisión humana ocurre al ingerir el parásito, por ejemplo, al llevarlo a la boca desde manos o alimentos contaminados. Estas vías ayudan a entender por qué el número de gatos ofrece una imagen incompleta de la exposición humana.

Una comparación entre países reúne la convivencia con animales y las diferencias en alimentación y condiciones del entorno. Por eso, la cifra de gatos no identifica por sí sola qué ruta de contagio explica la exposición.

Los autores proponen investigaciones que sigan estos vínculos a lo largo del tiempo y combinen perspectivas económicas y biológicas. Ese enfoque permitiría estudiar los procesos que conectan las relaciones con animales, la exposición a infecciones y el bienestar.

El análisis deja así una pregunta concreta: cuánto del patrón observado corresponde a la convivencia con gatos y cuánto a las condiciones de vida, el cuidado de los animales y las rutas de exposición. Por ahora, la evidencia describe una asociación entre países, no una causa individual.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5

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