✨︎ Resumen (TL;DR):
- Más de 1.1 millones de libaneses, en su mayoría chiitas, enfrentan hostilidad extrema al buscar refugio.
- UNICEF reporta al menos 1,318 muertos, mientras que el 15% del territorio se encuentra bajo órdenes de evacuación.
- La tensión sectaria obliga a familias enteras a dormir en las calles ante el cobro de rentas abusivas y la paranoia de nuevos ataques.
La guerra entre Israel y Hezbolá ha desplazado a más de 1.1 millones de libaneses, desencadenando una severa crisis social y humanitaria. Desde el estallido del conflicto el 2 de marzo, los refugiados, mayoritariamente musulmanes chiitas, enfrentan fuerte discriminación al buscar asilo, obligándolos a dormir en tiendas de campaña y vehículos ante el rechazo de arrendadores en zonas sin conflicto.
La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios indica que las órdenes de evacuación de Israel ya cubren casi el 15% del territorio libanés. Por su parte, UNICEF confirmó que los combates dejaron al menos 1,318 personas muertas, entre ellas 125 niños.
Encontrar un lugar seguro se convirtió en un proceso lleno de abusos. En áreas de mayoría cristiana, los propietarios exigen depósitos financieros inalcanzables o revisiones de seguridad previas para descartar nexos con Hezbolá. Fatima Zahra, ciudadana de 42 años que huyó del sur de Beirut, relató a AP que vendió sus mejores joyas para cubrir un cargo inicial de $5,000 dólares por solo dos meses de renta.
Frente al maltrato, Hussein Shuman, un trabajador de 35 años que escapó con su esposa y dos hijos pequeños, prefirió instalar una tienda de campaña en el centro de Beirut. “Al quedarme aquí, tengo mi dignidad y respeto”, declaró. “No nos quedaremos en un lugar donde nos van a humillar”.

Paranoia y choques sectarios en las calles
Los bombardeos dirigidos por Israel contra funcionarios de Hezbolá y la Guardia Revolucionaria de Irán en comunidades cristianas, sunitas y drusas agravaron la tensión. A mediados de marzo, un ataque aéreo en Aramoun dejó tres muertos y provocó que los residentes exigieran la expulsión inmediata de los desplazados. Días después, un ataque en Bchamoun mató a tres personas más, incluida una niña de cuatro años.
En la región cristiana de Keserwan, al norte de Beirut, jóvenes locales atacaron a chiitas desplazados a finales de marzo tras la caída de escombros de misiles. El embajador de Estados Unidos en Líbano, Michel Issa, pidió públicamente a Israel proteger las aldeas cristianas, pero admitió que el gobierno israelí “no puede garantizar” la seguridad de estas zonas si hay miembros de Hezbolá infiltrados.
Para evitar que las tensiones escalen, el comandante del ejército, general Rudolphe Haikal, ordenó a las tropas mantenerse “firmes ante cualquier intento de socavar la estabilidad interna”. El gobierno desplegó a la policía y unidades tácticas en las intersecciones clave de la capital y habilitó escuelas separadas en ciudades sunitas como Naameh para evitar roces físicos entre los grupos.
“La campaña de ataques israelí ha creado mucha paranoia”, detalló Maha Yahya, directora del Carnegie Middle East Center. “Si ves a una persona desplazada, tal vez te preguntes: ‘¿Y si esta persona es un objetivo?'”.
El legislador druso Taymour Joumblatt advirtió que la división social es hoy la mayor amenaza interna del país. “Nuestros hermanos chiitas son parte de este país”, sentenció, “y nuestro deber humanitario es ayudarlos”.
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