Myrna Nilsson, la víctima, perdió su vida en septiembre de 2016 en su hogar de Adelaide, Australia, después de haber sufrido múltiples heridas contundentes: poco después del homicidio, Caroline Nilsson había comentado a la policía que un grupo de hombres habían atacado a su madre.

Sin embargo, un experto forense verificó la información del Apple Watch de Myrna, el cual mostró una cantidad de actividad impresionante, seguido después de la interrupción del monitor de ritmo cardíaco. Gracias a esta información, la fuerza policiaca pudo determinar la hora aproximada de muerte, lo cual no coincidió con el testimonio de Caroline.
Con la información del Watch, la policía pudo concluir que la historia de Caroline era falsa, por lo que, un año después del crimen, fue señalada como la principal sospechosa del mismo. Dentro de unos meses, Caroline testificará en corte y, de acuerdo a su abogado, negará los cargos: sin embargo, las autoridades aseguran que es culpable.

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