En 2006, un estudio de la Universidad de Indiana encontró que los adolescentes que juegan videojuegos violentos sí muestran signos de excitación emocional, pero a cambio experimentaron menos actividad cerebral en las partes asociadas con la capacidad de planificar, controlar y dirigir los pensamientos y el comportamiento.

Por otra parte, ell psicólogo Patrick Markey de la Universidad de Villanova, Pennsylvania aseguró que "el 80% de los asesinos de masas no mostraron ningún interés en videojuegos de violencia". Solo el 20% muestran interés hacia este tipo de juegos, en comparación con el 70% de un jugador promedio. De hecho, las cosas van más allá. La investigación también sugirió que, de hecho, la violencia en general disminuye cuando un juego o película violenta son lanzados al mercado; probablemente porque la gente está demasiado ocupada entreteniéndose.
"Todas las pruebas sugieren que no hay relación entre los asesinos en serie y los videojuegos. O si la hubiere, sería inversa", finalizó el psicólogo.
Muchos estudios se han realizado a lo largo del tiempo en búsqueda de pruebas que demuestren que los videojuegos tienen un impacto negativo en el comportamiento humano. Pero, al menos hasta el momento, Trump tendrá que buscar otro chivo expiatorio.
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