Durante mucho tiempo las prótesis funcionales se mantuvieron alejadas de las cosméticas, al menos hasta cierto grado. Una mano de hierro medieval podía verse bien, por ejemplo, pero su peso y falta de integración al cuerpo la hacía inútil más allá de apuntar o golpear una puerta con ella; incluso como arma era poco eficiente. Por otro lado, una prótesis con ganchos móviles puede resultar más funcional, pero estéticamente menos aceptable.

Los esfuerzos por desarrollar prótesis que sean tanto funcionales como cosméticas han existido desde siempre, pero en el mejor de los casos el alto costo de una prótesis que conjugara ambas cualidades solía hacerlas inaccesibles salvo para unos cuantos.

La primera mitad del siglo XX, con sus dos Guerras Mundiales, vio un auge en el desarrollo de prótesis. Por el lado cosmético, el desarrollo de materiales sintéticos que asemejan la textura de la carne y piel humana permitió la creación de máscaras para soldados que habían sufrido lesiones graves en batalla. Pero no fue sino hasta la segunda mitad del siglo, con los avances en biomecánica y electrónica, cuando las cosas se volvieron interesantes para el lado funcional de la prostética.
Gracias a los enormes avances científicos que ha hecho la medicina, en conjunción con los avances en robótica, biónica, electrónica, inteligencia artificial y ramas afines, las prótesis de hoy ya no se limitan a piezas mecánicas fijas o semimóviles. Y, lo más interesante, es que tampoco se limitan a funciones naturales de nuestro cuerpo.
Hoy tenemos extremidades artificiales que tanto pueden imitar los movimientos complejos de una mano, como dotar a su usuario de habilidades sobrehumanas. Si bien es cierto que aún faltan tiempo e investigación científica para que un brazo biónico pueda replicar la precisión de una mano natural, sólo es cuestión de tiempo.
El Miembro Fantasma

James Young, un joven de 26 años originario de Inglaterra que perdió la pierna y el brazo izquierdos en un accidente en el que fue golpeado por un tren de pasajeros, fue elegido por The Alternative Limb Project y Konami para desarrollar una prótesis de brazo inspirado en el del protagonista Snake en Metal Gear Solid V: The Phantom Pain.

El brazo, llamado “Phantom Limb”, es una prótesis biónica de fibra de carbono que se ajusta al hombro de James por medio de un arnés y puede desconectarse a la altura del bíceps. En el hombro tiene un panel removible magnetizado llamado “Social Space” en el que pueden guardarse objetos pequeños, como una cámara o un teléfono, mismos que pueden ser recargados gracias a la batería de litio almacenada en el bíceps. Cuenta con un panel de control en el antebrazo que permite ajustar las luces que recorren la estructura del brazo, incluyendo la opción de usarlas para monitorear actividad cardiaca. En la muñeca tiene un puerto USB, una antorcha y un láser, así como una pantalla que interactúa con el celular del usuario, permitiéndole revisar su correo, mensajes, llamadas y redes sociales. Por si fuera poco, el Social Space trae incluido un drone de cuatro hélices con cámara que se maneja con un control para una sola mano y lentes para ver desde la perspectiva de la aeronave.
La mano del Phantom Limb fue desarrollada por Open Bionics, una compañía de Inglaterra con la visión de crear prótesis biónicas que puedan imprimirse en 3D, a bajo costo. Al igual que The Alternative Limb Project, Open Bionics busca que sus diseños sean tanto funcionales como llamativos y que hagan sentir a su usuario como alguien verdaderamente especial, único. Lamentablemente para James Young, su Phantom Limb no cumple del todo con estas expectativas, al menos no todavía.

El problema con el brazo de Young fue que tuvieron un presupuesto limitado y muy poco tiempo para desarrollarlo, ya que la propuesta de Konami fue en parte para publicidad. El Phantom Limb es apenas un prototipo y no tiene la fuerza ni la precisión para realizar las tareas que pueden hacer otros brazos biónicos. Pesa demasiado, la mano biónica no está completamente integrada, el arnés provoca sudoración que limita los receptores bioeléctricos. Pero eso no ha desmotivado a Young, quien ve en el Phantom Limb una oportunidad para mejorar la tecnología existente de prótesis gracias a las impresiones 3D y por eso ahora estudia programación y electrónica, pues quiere optimizar su brazo biónico. Quizá James Young no es el primero en tomar esta iniciativa y, sin duda, no será el último, pero su esfuerzo es muy valioso por la inspiración que provoca.
Una prótesis al alcance de todos

Gracias a la tecnología de impresión 3D, las prótesis biónicas como el Phantom Limb o la mano de Deus Ex, también desarrollada por Open Bionics, serán accesibles para más personas a un costo accesible. Una prótesis de alto diseño puede costar más de $150,000 dólares, mientras que los precios de una mano biónica pueden alcanzar más del doble. En cambio, la impresión 3D de prótesis biónicas de código abierto permite reducir el costo a sólo el de la impresión misma. En el caso de la mano Deus Ex, por ejemplo, que cuenta con la más alta precisión posible con la tecnología actual y cuyos planos pueden descargarse de manera gratuita para impresión, se trata de una muy buena noticia para muchos.

Pero las posibilidades no terminan ahí. La impresión 3D permitirá a los usuarios de prótesis personalizar más que nunca sus miembros artificiales. Para Sophie de Oliveira Barata, fundadora de The Alternative Limb Project, una prótesis puede ser también un medio de expresión, una extensión de la personalidad del usuario, en el mismo sentido en el que lo es la moda, y la accesibilidad que permite la impresión en 3D lo hará más fácil que nunca. Un gran ejemplo es la modelo Rebekah Marine —famosa por su apodo Bionic Model—, quien utiliza la prótesis que reemplaza su brazo derecho como accesorio en las pasarelas y las sesiones de fotos.
Así como usamos accesorios y prendas para expresar nuestra identidad, o el tatuaje permite expresarnos por medio de la piel, así una prótesis puede ser modificada para darle el estilo que más le guste a su usuario. Esto es parte fundamental de la prostética, pero la biónica permite modificaciones más allá de las puramente estéticas.

Al no existir límites biológicos para el diseño un brazo biónico puede contar con un alto número de herramientas, como en el caso del Phantom Limb, pero también puede contar con opciones inexistentes para el cuerpo humano, como plumas o engranajes. El único límite sería la imaginación de los usuarios.
Un brazo que integre un reloj inteligente como parte del diseño, por ejemplo, en el que Cortana (la asistente de voz) se asemeje a su contraparte (el personaje) de Halo. O un brazo con herramientas de alta precisión integradas a la punta de los dedos, conectadas por una red neuronal que permita a la mano aprender como lo hacen las neuronas motrices de nuestro cuerpo. Las posibilidades son infinitas.
Lo mejor de todo es que entre más usuarios tengan la posibilidad de modificar sus prótesis biónicas, mayor cantidad de personas estarán mejorándolas y compartiendo sus avances en línea, lo que a su vez propiciará avances más rápidos y eficientes. Es el mismo principio detrás de OpenAI, en el que la comunidad toma el rol de investigadora para acelerar y desmonopolizar el proceso de investigación, para hacerlo accesible a todos.

Para las personas que carecen de un miembro eso puede significar el fin del concepto de discapacidad. Una prótesis como el Phantom Limb puede ser materia de orgullo y minimizar los problemas psicológicos que una discapacidad trae consigo. Lo es para James Young cuando otros se le acercan para apreciar su brazo biónico, que es sorprendente pese a no tener aún toda la funcionalidad que él aspira darle.
Sólo habrá que esperar un poco para que las prótesis biónicas altamente personalizables y funcionales se encuentren al alcance de todos, a una impresión de distancia. Sin duda, la era del transhumanismo ha comenzado.