💡 Resumen (TL;DR):
- Fallece el destacado físico teórico el 8 de marzo de 2026 a los 87 años.
- Ganó el Premio Nobel en 2003 por explicar las fases superfluidas del isótopo helio-3.
- Sus investigaciones iniciales cimentaron la arquitectura de las actuales computadoras cuánticas.
El físico teórico británico-estadounidense Sir Anthony James Leggett falleció el 8 de marzo de 2026 a los 87 años. Leggett ganó el Premio Nobel de Física en 2003 por sus descubrimientos sobre la superfluidez, una serie de investigaciones que terminaron impulsando el desarrollo actual del hardware cuántico.
Leggett nació el 26 de marzo de 1938 en el sur de Londres y tuvo un inicio académico atípico. Consiguió una beca en la Universidad de Oxford para estudiar clásicos, filosofía y literatura antigua, pero cambió su enfoque a la física en 1958.
Esta base humanista marcó el resto de su carrera. Él mismo afirmaba que la filosofía moldeó “la manera en la que veo el mundo y, en particular, los problemas de la física”.
Tras terminar su doctorado en 1964 y realizar estancias posdoctorales en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign (UIUC) y la Universidad de Kioto, el investigador se unió a la Universidad de Sussex en 1967. Ahí desarrolló su trabajo cumbre.
El helio-3 es un isótopo raro que fluye sin fricción a temperaturas cercanas al cero absoluto. El científico demostró cómo los fermiones en este elemento forman pares, un proceso similar al emparejamiento de electrones en metales superconductores, lo que desentrañó el orden cuántico en sistemas de fuerte interacción.

Las bases del hardware cuántico
En 1983, Leggett regresó a la UIUC para ocupar la Cátedra MacArthur, puesto que mantuvo hasta su retiro en diciembre de 2019.
De acuerdo con Makoto Gonokami, presidente del instituto RIKEN, los primeros trabajos de Leggett proponían que las uniones de Josephson podían probar la mecánica cuántica a escala macroscópica. Este concepto sentó las bases de la computación cuántica superconductora moderna.
Leggett compartió el Premio Nobel de 2003 con los físicos rusos Alexei Abrikosov y Vitaly Ginzburg “por sus contribuciones pioneras a la teoría de superconductores y superfluidos”.
Su trayectoria también fue reconocida con el Premio Wolf de Física en 2002 y la Medalla Maxwell en 1975. Además, la corona británica lo nombró Caballero Comendador del Imperio Británico en 2004.
El físico de la Universidad de Toronto, Aephraim Steinberg, lo recuerda como un “teórico visionario de la materia condensada”. Steinberg señala que las presentaciones de Leggett eran “un modelo de pensamiento profundo y claridad”, y que hablaba sobre entrelazamiento macroscópico en la década de 1990 “cuando esto sonaba absolutamente descabellado”.
Al científico le sobreviven su esposa, Haruko Kinase, y su hija. El legado de Leggett se mantiene activo en cada avance logrado por la física de materia condensada y las tecnologías cuánticas actuales.