✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un equipo del CONICET estudió un fósil de Chiniquodon theotonicus, de 236 millones de años, hallado en la Formación Chañares, en La Rioja, y encontró una marca microscópica en el fémur y la ulna que puede formarse al nacer o al eclosionar.
- El cinodonte habría pesado 1.68 kilogramos al nacer y 11.99 kilogramos al morir, una proporción de 14.04% de su masa máxima que lo agrupó con los mamíferos placentarios.
- El análisis incluyó 1,869 mamíferos, 2,619 reptiles no avianos y 782 aves actuales; tres de cuatro especialistas externos pidieron más evidencia antes de aceptar la viviparidad.
Un equipo del CONICET identificó en el fósil de Chiniquodon theotonicus, recuperado en la Formación Chañares de la provincia argentina de La Rioja, una línea ósea que aparece cuando termina la vida dentro del vientre o del huevo. El ejemplar tiene 236 millones de años y la proporción entre su masa al nacer y al morir sugiere que la viviparidad en el linaje que conduce a los mamíferos pudo aparecer entre 90 y 95 millones de años antes de lo que indicaba el registro. El límite es central: la histología no distingue si el animal nació o salió de un huevo.
El trabajo se publicó el 13 de agosto de 2026 en Frontiers in Mammal Science. La publicación usa la marca para reconstruir el peso de la cría y después compara esa proporción corporal con datos de mamíferos, reptiles y aves actuales.

La línea neonatal no separa parto y eclosión
Línea neonatal es una marca microscópica del hueso que registra un cambio brusco en la velocidad de depósito óseo cuando termina la etapa dentro del vientre o del huevo. No es un anillo de crecimiento anual: señala el salto que ocurre cuando el organismo sale de un espacio limitado y puede crecer más rápido.
Leandro Gaetano, primer autor del estudio, lo explicó a Live Science: “Dentro del huevo o del vientre hay poco espacio y el crecimiento es lento; al nacer o al eclosionar aparece espacio y el organismo crece muy rápido.”
Ahí aparece la objeción que condiciona todo el trabajo. La línea se forma igual en los dos casos, y el propio artículo admite que la histología no puede decidir si se trata de una línea neonatal o de una línea de eclosión. Por eso, la conclusión depende de la comparación entre masas corporales.
La preservación de la marca es excepcional. La cavidad medular suele expandirse poco después del nacimiento y reabsorbe el tejido embrionario, así que esa señal rara vez sobrevive en un adulto. En el ejemplar CRILAR-PV109, las cavidades medulares mantuvieron un diámetro muy pequeño y hubo poca remodelación secundaria.
Entre los sinápsidos no mamíferos, solo se había reportado tejido embrionario en Ophiacodon retroversus. Ninguna de las 25 especies de cinodontes no mamíferos estudiadas antes mediante histología había mostrado ese tejido.
El peso al nacer sostiene la interpretación
La línea neonatal conserva la circunferencia que tenía el hueso en ese momento. En el fémur de CRILAR-PV109 mide 17.3 milímetros, frente a 35.81 milímetros en la superficie externa.
El equipo convirtió esas dos cifras en estimaciones de peso mediante tres ecuaciones publicadas por Anyonge en 1993 y construidas a partir de carnívoros actuales. Usó una fórmula general, otra para félidos y una para cánidos.
La ecuación de cánidos devolvió un valor casi del doble para la cría. Los autores advierten que probablemente no funciona bien con individuos muy pequeños.
El método tiene límites que el estudio reconoce. Las proporciones de los carnívoros modernos pueden no ser un buen análogo para Chiniquodon, y no existen ecuaciones que relacionen la circunferencia del fémur con la masa durante el crecimiento. Las disponibles se construyeron con adultos.
Los investigadores sostienen que un sesgo de ese tipo afectaría por igual la masa al nacer y la masa al morir. Aunque los valores absolutos se movieran, argumentan, la proporción entre ambos podría mantenerse.
Con esa relación, el equipo comparó el fósil con 1,869 mamíferos, 2,619 reptiles no avianos y 782 aves actuales. Aplicó un análisis discriminante y una prueba de vecinos más cercanos. En ambos procedimientos, el ejemplar quedó agrupado con los mamíferos placentarios.
La comparación por grupos tomó, cuando existía el dato, animales con un peso adulto parecido al estimado para el cinodonte:
| Grupo | Peso adulto comparable | Cría al nacer o eclosionar |
|---|---|---|
| Chiniquodon theotonicus (estimado) | 11.99 kg | 14.04% de la masa adulta |
| Mamíferos placentarios | 8 a 15 kg | Algunas crías, cerca del 20% |
| Aves, como grullas y buitres | 8 a 21.5 kg | 1.3% a 4.5% |
| Reptiles no avianos | 8 a 14.5 kg | 0.1% a 0.6% |
| Marsupiales y monotremas | Sin acotar por peso | La mayoría, menos de 0.15% |
El 14.04% de Chiniquodon quedó cerca del rango observado en mamíferos placentarios y lejos de las proporciones de aves, reptiles, marsupiales y monotremas. Ese resultado apoya una interpretación de parto, pero sigue siendo una inferencia indirecta: la marca que permitió calcularla también puede aparecer después de la eclosión.
Dos cráneos diminutos podrían ser perinatos
El equipo cruzó el resultado con una segunda vía: calculó que la cría habría tenido un cráneo de entre 40 y 50 milímetros, una medida que coincide con los dos cráneos más pequeños conocidos de la especie, MCZ 4296 y PVL 4675.
El estudio propone ambos como perinatos, es decir, ejemplares de muy pocos días. Estimar el cuerpo entero de un animal extinto desde un solo hueso también tiene límites; el propio material advierte que ese procedimiento ya trajo problemas recientes en otra rama del árbol evolutivo.
Los especialistas piden más fósiles
Cuatro paleontólogos ajenos a la investigación fueron consultados por Science News y Live Science. Ninguno consideró resuelto el origen reproductivo de este cinodonte.
La objeción más contundente vino de Eva Hoffman, del Museo Americano de Historia Natural, quien estudia la evolución de los cinodontes: “Haría falta evidencia sólida para demostrar la viviparidad.”
Hoffman añadió que no ha visto esa evidencia en ningún cinodonte no terio. Su objeción pesa porque es autora del estudio publicado en Nature en 2018 que describió un adulto de Kayentatherium wellesi junto a 38 crías, un hallazgo que hasta entonces anclaba la discusión sobre cómo se reproducían estos animales.
Emily Rayfield, paleobióloga de la Universidad de Bristol, fue más receptiva, pero igual de cauta. Dijo que el hallazgo “no es la prueba definitiva”, aunque apunta a que daban a luz crías vivas. También señaló que, en su lectura, el parto apareció antes de lo que se creía y que todavía hace falta mucha más evidencia para asegurarlo.
Randall Irmis, de la Universidad de Utah, señaló que harán falta más fósiles para poner a prueba las dos hipótesis. Anne Weil, de la Universidad Estatal de Oklahoma, fue la única que no pidió pruebas adicionales. Dijo que el resultado no le sorprendía por la variedad de estrategias reproductivas que conviven hoy entre los vertebrados y apuntó una ventaja evolutiva: “un huevo no puede huir de un depredador y una cría sí.”
El propio Gaetano repitió ante ambos medios que esto podría ser evidencia de un cambio general del huevo al parto temprano en el linaje de los mamíferos, aunque hace falta más evidencia para sostenerlo.
El árbol evolutivo aún admite dos lecturas
Si Chiniquodon theotonicus fue vivíparo, el árbol evolutivo admite dos lecturas igual de parsimoniosas. El estudio no puede elegir entre ellas.
- Escenario tradicional: la puesta de huevos sería la condición ancestral de los mamíferos, y la viviparidad habría aparecido por separado dos veces, en este cinodonte y, mucho después, en los terios.
- Escenario alternativo: la viviparidad habría surgido una sola vez, temprano, entre los probainognatios del Triásico. Los monotremas actuales, como el ornitorrinco y los equidnas, representarían una reversión a la puesta de huevos.
El registro fósil aporta señales distintas para estas hipótesis. En 2026, PLOS ONE describió el primer embrión de un sinápsido no mamífero, un Lystrosaurus conservado dentro del huevo hace unos 250 millones de años, evidencia directa de oviparidad.
Por otro lado, las 38 crías de Kayentatherium wellesi, de hace 196 millones de años, dan una proporción de 0.01% respecto al adulto. La prueba de vecinos más cercanos las clasificó siempre como reptil no aviano.
Para resolver la discusión hacen falta más huesos de cinodontes con tejido embrionario preservado. Ese material no apareció en las 25 especies no mamíferas revisadas antes por histología.
Por ahora, la evidencia más concreta son los dos cráneos diminutos, MCZ 4296 y PVL 4675, guardados en Harvard y en el Instituto Miguel Lillo y propuestos como perinatos. La línea de CRILAR-PV109 mantiene abierta la diferencia entre nacimiento y eclosión; la fecha del primer parto sigue sin estar demostrada.
